19 agosto 1954
Muere Alcide de Gasperi: Padre de la Italia post-fascista y fundador de la Democracia Cristiana italiana
Hechos
El 19 de agosto de 1954 falleció Alcide de Gasperi.
Lecturas
De Gasperi era el ‘hombre fuerte’ de Italia desde 1945.
Alcide de Gasperi, uno de los más importantes artífices de la actual República de Italia, ha muerto en Sella de Valsugana.
Nacido en Pieve Tresino, Trentino-Alto Adigio, el 3 de abril de 1881, desde muy joven se sintió atraido por la política, militando en Acción Católico y dirigiendo el diario IL NUOVO TRENTINO.
En 1911 fue elegido diputado en el parlamento austriaco, como representante del irredentismo.
Cuando, tras la Primera Guerra Mundial, Trieste y Trento pasaron a la dominación italiana, fundó, con Don Sturzo, el Partido Popular Italiano, de ideología demócrata cristiana.
Diputado del parlamento italiano en 1921, algunos años después (1926) fue condenado a prisión por su antifascismo, si bien puesto en libertad gracias a la intercesión de la Iglesia.
Tras la Segunda Guerra Mundial ocupó cargos de relevancia política y consolidó su liderazgo en la Democracia Cristiana.
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Aldo Moro asumirá el mando de la Democracia Cristiana de Italia en 1959.
El Análisis
El 19 de agosto de 1954 ha fallecido Alcide De Gasperi, figura central en la reconstrucción de Italia tras la caída del fascismo. Su vida política estuvo marcada por contrastes: fue diputado del Partido Popular de Luigi Sturzo en los años veinte, sufrió persecución bajo el régimen de Mussolini y sobrevivió trabajando en la Biblioteca Vaticana, en una convivencia forzada con el fascismo que nunca le apartó de sus convicciones democráticas. Con la derrota del Eje y el nacimiento de la República, De Gasperi resurgió como fundador y principal dirigente de la Democracia Cristiana, el partido que ha marcado la vida italiana en la última década.
En el poder, De Gasperi se convirtió en el verdadero “hombre fuerte” de la Italia de posguerra. Encabezó ocho gobiernos entre 1945 y 1953, guiando la reconstrucción económica, el alineamiento con Occidente en el marco de la Guerra Fría y la consolidación de un sistema parlamentario que dejaba atrás las tentaciones totalitarias. Sus aliados fueron las democracias europeas, Estados Unidos —clave en el Plan Marshall— y, dentro del país, el propio Vaticano, que con Pío XII respaldó sin reservas la hegemonía democristiana. No faltaron tentaciones de alianzas con los neofascistas del Movimiento Social Italiano, en busca de estabilidad parlamentaria; incluso el Papa pareció no ver con malos ojos esa posibilidad. Pero De Gasperi, consciente del daño político y moral de tal pacto, lo evitó, inclinándose hacia fórmulas de centro y satisfacción de voces más moderadas en la Iglesia como la de Giovanni Battista Montini.
Su muerte deja una incógnita sobre el futuro político de Italia. ¿Quién ocupará el vacío del estadista trentino? La Democracia Cristiana, que él construyó como fuerza hegemónica, afronta la sucesión con nuevas figuras que ganan peso, como Aldo Moro, cofundador del partido, o Giulio Andreotti, hábil en los equilibrios de poder. La Italia que De Gasperi ayudó a levantar es una nación más libre, próspera y abierta al mundo. Su legado, sin embargo, no será solo el de la reconstrucción material, sino el de haber marcado una línea moral clara: la democracia cristiana debía ser un muro contra el fascismo y el comunismo por igual, y un puente hacia una Italia reconciliada con Europa y consigo misma.
J. F. Lamata