19 mayo 1972
El crimen ha sido reivindicado por Acción Bandera Roja (RAF) conocido como la organización terrorista Baader Meinhov
Atentado terrorista en la República Federal de Alemania contra la sede del grupo mediático Springer (BILD)
Hechos
El 19 de mayo estallaron dos bombas en el edificio central de la editorial Axel Springer, alcanzando a 15 personas.
Lecturas
Springer fundó la revista BILD en 1952.
El 19 de mayo de 1972 estallan dos bombas en el edificio central de la editorial Axel Springer hiriendo a más de 20 personas. El atentado es obra de la Facción del Ejército Rojo, más conocido como banda Baader Meinhof, por los líderes de la organización Andreas Baader y Ulrike Meinhof.
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BAADER MEINHOF
El Análisis
El 19 de mayo de 1972 la República Federal de Alemania volvió a estremecerse: dos potentes explosiones sacudieron el edificio central de Axel Springer en Hamburgo, dejando más de veinte heridos. El atentado, reivindicado por la Facción del Ejército Rojo —la llamada banda Baader-Meinhof—, no fue un ataque más: fue uno de los golpes más graves perpetrados contra un medio de comunicación en la historia reciente del país. La acción pretendía castigar al mayor grupo editorial de Alemania Occidental, símbolo del capitalismo, del “imperialismo norteamericano” y de lo que la organización terrorista consideraba una prensa que manipulaba y criminalizaba a la izquierda radical.
La Baader-Meinhof no era un movimiento estudiantil, ni siquiera un grupo contestatario como los que llenaron las calles en 1968: era una organización armada, estructurada y clandestina, que buscaba subvertir el Estado por medio del terror. Su odio hacia Springer, y especialmente hacia Bild Zeitung, tenía raíces claras: la línea editorial ferozmente anticomunista, la demonización de los movimientos estudiantiles y la identificación automática de cualquier disidencia con la traición. Pero con las bombas, la organización cruzó un límite fatal: golpeó no ya al poder político o económico, sino a trabajadores y periodistas que nada tenían que ver con la lucha ideológica que decían librar.
Aquel 19 de mayo marcó un punto de inflexión. La simpatía difusa que algunos sectores juveniles podían sentir hacia los “rebeldes” Baader y Meinhof se desplomó. La violencia ciega dejó en evidencia que lo suyo no era resistencia, sino terrorismo. El atentado contra Springer no debilitó al grupo editorial ni al “sistema”, sino que reforzó el consenso democrático contra la violencia armada. Axel Springer, pese a sus polémicas y su estilo sensacionalista, salió fortalecido como víctima. La RAF, en cambio, empezó a cavar su propia tumba en la opinión pública alemana: al poner bombas contra periodistas, dejó de ser la voz de la protesta y se convirtió en el eco sangriento de su propia autodestrucción.
J. F. Lamata