15 septiembre 1963
Ahmed Ben Bella se convierte en el dictador de Argelia, consolidando el dominio del izquierdista FLN
Hechos
- El 15 de septiembre de 1963 Ahmed Ben Bella era elegido presidente de la República con casi seis millones de votos. Dos días antes, el 8 de septiembre de 1963, se había aprobado en referéndum la Constitución que instauraba un régimen de partido único.
Lecturas
Argelia es independiente desde 1962.
Tras el referéndum popular de hace una semana y en el que los argelinos aprobaron con el 97,84% la nueva constitución, el líder nacionalista Ahmed Ben Bella acaba de lograr un aplstante triunfo en las elecciones presidenciales como candidato único.
De los 5.570.001 votos escrutados, Ben Bella obtuvo 5.548.704 votos.
A pesar de este espectacular resultado, las elecciones parecen haber agravado el clima de tensión en el nuevo Estado que será gobernado por un partido único, el Frente de Liberación Nacional (FLN), pero dentro del cuál habrá varias tendencias.
El Análisis
El 15 de septiembre de 1963, Ahmed Ben Bella fue elegido presidente de la flamante República Argelina con casi seis millones de votos. Apenas dos días antes, un referéndum aprobaba la nueva Constitución que, sin rubor, instauraba un régimen de partido único bajo el paraguas del Frente de Liberación Nacional (FLN). El país que conquistó su independencia a golpe de guerra contra Francia, ahora da sus primeros pasos… pero en dirección a una democracia de cartón piedra.
Ben Bella, héroe de la independencia y símbolo de la lucha anticolonial, presenta su liderazgo como el garante de la unidad nacional. Pero esa unidad tiene un precio: la desaparición de toda oposición organizada. El FLN, que ayer fue el estandarte de la libertad, hoy se convierte en el filtro único de la vida política. La independencia se ha traducido en soberanía frente a París, pero no en pluralismo interno: la única papeleta posible es la oficial, y la única voz autorizada es la del presidente.
Argelia es, desde hoy, formalmente libre, pero sus libertades están tuteladas. El discurso es de justicia social, antiimperialismo y socialismo, pero la práctica es la concentración del poder en manos de un solo hombre y su partido. El peligro es evidente: el país ha cambiado de bandera, pero no ha roto con la tentación autoritaria. Ben Bella no necesita colonos franceses para imponer su voluntad; le basta con su mayoría absoluta permanente y una oposición que no existe… porque la ley dice que no puede existir.
J. F. Lamata