5 noviembre 1996
Benazir Bhutto vuelve a ser destituida como primera ministra de Pakistán, esta vez por el Jefe de Estado Farooq Leghari
Hechos
El 5 de noviembre de 1996 Benazir Bhutto cesa como primera ministra de Pakistán.
Lecturas
El Análisis
La historia parece repetirse en Pakistán. Tres años después de regresar al poder con el entusiasmo de quienes creían en una segunda oportunidad, Benazir Bhutto ha sido destituida nuevamente, en esta ocasión por decisión del presidente Farooq Leghari, que invocó corrupción, abuso de poder y el deterioro de la ley y el orden como razones de su caída. Como en 1990, la hija de Zulfikar Ali Bhutto deja el cargo bajo una nube de acusaciones que dañan tanto su figura personal como la credibilidad de un sistema democrático incapaz de consolidarse. El ciclo de esperanza y desencanto vuelve a girar, dejando tras de sí un país más dividido y desconfiado.
El segundo mandato de Bhutto (1993–1996) estuvo marcado por la violencia sectaria en Karachi, los escándalos financieros que rodearon a su esposo, Asif Ali Zardari, y una economía incapaz de remontar vuelo. Aunque intentó presentarse como símbolo de modernidad frente al islamismo radical y buscó mantener a raya la injerencia del ejército, sus promesas se desmoronaron ante la percepción de corrupción endémica y de un gobierno que no cumplía. Leghari, que había sido aliado suyo, terminó dándole la espalda en un gesto que recuerda la fragilidad de las alianzas en el tablero político pakistaní.
El futuro inmediato está marcado por la incertidumbre. Nawaz Sharif, líder de la Liga Musulmana, se perfila como el gran beneficiado de la crisis, con la posibilidad de volver a gobernar tras las elecciones anticipadas. Pakistán se enfrenta así a un escenario de alternancia desgastada, donde los dos grandes partidos parecen más ocupados en derribar al rival que en ofrecer soluciones duraderas a los males estructurales del país. La destitución de Bhutto por segunda vez deja claro que la democracia pakistaní sigue siendo rehén de sus propias debilidades: líderes personalistas, partidos poco institucionalizados y un poder presidencial y militar siempre dispuesto a intervenir cuando la política civil se hunde en el descrédito.
J. F. Lamata