31 marzo 1976

El popular periodista argentino cuestiona si la democracia es un lujo que no siempre se puede permitir

Bernardo Neustadt apoya el Golpe de Estado en Argentina en una entrevista a Pedro J. Ramírez: «Los militares no buscaron el Poder; fue el vacío de poder quien buscó a los militares»

Hechos

  • El periodista argentino Bernardo Neusdtadt, concedió una entrevista el 31.03.1976 al periodista español Pedro J. Ramírez  en la que justificaba el golpe.

Lecturas

En marzo de 1976 se produjo el golpe de Estado en Argentina. 

Bernardo Neustadt está en este año 1976 uno de los periodistas de mayor prestigio en Argentina. Dirigía dos revistas políticas y su programa de televisión ‘Tiempo Nuevo’ fue – hasta su cancelación por la presidenta ‘Isabel Perón’ – estaba considerado un modelo de rigor informativo. En la entrevista para el periodista español D. Pedro J. Ramírez publicada en el diario ABC asegura que su contacto con los tres jefes militares, Videla, Massera y Agosti, durante los meses anteriores al golpe ‘fue habitual e íntimo’.

  • -Pedro J. Ramírez- Perfilemos primeramente la base de nuestra conversación, señor Neustadt. ¿Por qué cayó el régimen de María Estela? ¿Por qué sobrevino el golpe militar?
  • -Neustadt- Le daré cinco razones: 1. Murió Perón, 2. la herencia era confusa y la heredera inexperta: poseía más obstinación y ambición que capacidad. 3. Se desembocó en un estado de vacío de poder, anarquía y caos: los asesinatos diarios, dos puntos de inflación, cinco ministros de Economía en 600 días. 4. Pese al apremio de los militares  las instituciones no fueron capaces de aportar ninguna solución. La presidente no admitió su incapacidad, ni renunció, ni pidió ‘licencia’. El Congreso ni logró destituirla, ni intentó el juicio político. Entre mil quinientos guerrilleros llevados a juicio, los Tribunales sólo llegaron a fallar en cinco ocasiones. Los partidos de la oposición llegaron a confesar su impotencia a través de la televisión. Por fin el peronismo, partido en mil pedazos, se dio cuenta entonces de que había muerto Perón y sólo supo buscar refugio en su apellido. 5. El alto grado de corrupción. Corrupción económica, corrupción mental. Ministros prófugos, ex ministros en las cárceles etcétera. Total que la democracia se murió, no la mataron. Los militares no buscaron el Poder; fue el vacío de poder quien buscó a los militares.
  • -Pedro J. Ramírez– El pasado lunes el general Jorge Videla juró su cargo como nuevo Presidente de la República. Hábleme de su personalidad.
  • -Neustadt- Videla es un militar en estado puro. Un profesional de raza. Digno, severo, pero no encerrado en si mismo. Si me pide una comparación, le diría que es un Onganía aperturista, un Onganía sin miedo a la política. Es moral como Onganía, pero mucho más pragmático. No tiene vocación de poder, pero es consciente de cuales son sus responsabilidades. Puede convertirse en una especie de líder aséptico, en un caudillo sin balcón, quiero decir. (…)
  • Pedro J. Ramírez– ¿Logrará el Gobierno erradicar del país la guerrilla en sus modalidades rural y urbana?
  • -Neustadt- La honestidad y dignidad del poder quita banderas a la guerrilla. En los pasados años Argentina fue refugio de todos los terroristas del continente expulsados de los demás países. No son, en el fondo, sino adoradores de la muerte amparados en cualquier coartada ideológica. Estoy seguro que en adelante dejarán de contar con la complicidad de la población y tendrán que vérselas con el Ejército cara a cara, sin intermediario alguno.
  • -Pedro J. Ramírez– Una última pregunta de tipo más general. Ochenta y cinco de cada cien sudamericanos viven bajo regímenes militares. ¿Acaso es imposible la democracia constitucional en esa parte de la Tierra?
  • -Neustadt- En general, y considerando las convulsiones por las que hubo de atravesar Europa en su día. Yo le respondo con otra pregunta: ¿no será que la democracia es un lujo que sólo se adquiere con el tiempo?

En mayo de 1977 Clarín y La Nación obtendrán la autorización de la dictadura para comprar Papel Prensa. 

El Análisis

Los apoyos mediáticos al golpe

JF Lamata
El golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, que instaló la Junta Militar de Jorge Rafael Videla, Emilio Massera y Orlando Agosti, no solo contó con tanques y fusiles; tuvo también el respaldo de un coro de voces influyentes: periodistas, figuras públicas y medios que, en un Argentina al borde del abismo, aplaudieron o justificaron la intervención militar. Nombres como Mirtha Legrand, Bernardo Neustadt, Chiche Gelblung, Mariano Grondona, Susana Giménez, Joaquín Morales Solá y los diarios Clarín y La Nación, junto a figuras políticas como el líder radical Ricardo Balbín, vieron en los militares una tabla de salvación frente al caos desatado por las guerrillas y la debacle económica. Pero este apoyo, nacido de la desesperación o el pragmatismo, podría convertirse en una carga pesada cuando la represión brutal de la Junta revele su verdadero rostro. En una dictadura donde disentir es arriesgar la vida, callar o aplaudir no solo refleja miedo, sino también intereses: mantener programas en el aire, proteger imperios mediáticos o simplemente sobrevivir.
El contexto que llevó a Argentina a este punto es una tormenta perfecta. El gobierno de Isabel Perón, tras la muerte de Juan Domingo Perón en 1974, se desmoronó en una espiral de caos: inflación galopante, desabastecimiento y una guerra sucia entre las guerrillas de izquierda, como el ERP y Montoneros, y los escuadrones de la muerte de derecha, como la Triple A de José López Rega. Atentados como el asesinato de Humberto Viola, donde murió su hija de tres años, conmocionaron a la sociedad y al ejército, alimentando la percepción de que solo los militares podían restaurar el orden. Balbín, líder de la Unión Cívica Radical, expresó lo que muchos sentían: el gobierno era insostenible, y las Fuerzas Armadas parecían la única fuerza capaz de frenar la anarquía. En este clima, figuras como Neustadt y Grondona, desde sus tribunas en radio y televisión, y medios como Clarín y La Nación, con el peso de sus editoriales, respaldaron el golpe, presentándolo como un mal necesario para salvar al país de la “subversión” marxista.
Sin embargo, este apoyo no es solo un reflejo del miedo al caos; también responde a un cálculo frío. En una dictadura, donde la censura y la represión silencian cualquier crítica, la disyuntiva es clara: apoyar o callar. Para figuras como Mirtha Legrand, Susana Giménez o Neustadt, elogiar al régimen garantiza que sus programas sigan en el aire, mientras que para Clarín y La Nación, alinearse con la Junta asegura favores, como el acceso a papel prensa en un mercado controlado por el Estado. Bartolomé Mitre, director de La Nación, y los dueños de Clarín saben que su supervivencia económica depende de no desafiar al poder. Pero este pragmatismo tiene un costo. La Junta no se limita a combatir guerrillas; su “Proceso de Reorganización Nacional” desata una maquinaria de desapariciones, torturas y asesinatos que ya empieza a horrorizar. Voces como las de Morales Solá o Gelblung, que hoy justifican el “orden”, podrían quedar marcadas cuando la verdad de los campos de detención salga a la lu
Argentina, en este marzo de 1976, respira alivio ante el fin del caos, pero el precio de este “orden” será devastador. Los que hoy aplauden a Videla y Massera—por convicción, miedo o conveniencia—pueden encontrarse mañana en el banquillo de la historia. Mientras las Madres de Plaza de Mayo empiezan a reunirse y el mundo comienza a sospechar la magnitud del horror, estas voces mediáticas y políticas tendrán que responder por su silencio o su complicidad. ¿Podrán justificar su apoyo cuando las fosas comunes hablen más alto que sus titulares? Argentina, bajo la bota militar, no solo pierde su democracia; pierde también la inocencia de quienes creyeron que el fin justificaba los medios.
J. F. Lamata