23 septiembre 2015
Alsina respaldó la posición independentista de asegurar que se puede ser independiente de España, pero conservar su nacionalidad y, por tanto, mantener los privilegios del español dado que este país no puede 'expulsárseles'
El separatismo catalán aplaude a Carlos Alsina por dejar en evidencia a Mariano Rajoy por su inseguridad sobre la legalidad ante los catalanes: «¿Y la europea?»
Hechos
El 22.09.2015 D. Mariano Rajoy presidente del Gobierno fue entrevistado por D. Carlos Alsina en el programa ‘Más de Uno’ de ONDA CERO.
Lecturas
Las dudas del Sr. Rajoy fueron comentadas en multitud de programas.
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CARLOS ALSINA INTENTA ASEGURAR QUE NO QUERÍA ALINEARSE CON EL INDEPENDENTISMO CATALÁN
D. Arcadi Espada riñó a D. Carlos Alsina por la formulación de la pregunta, este trató de insistir ante su audiencia de que no quería apoyar la tesis del independentismo catalán de que se puede ser independiente del estado español y a la vez conservar la nacionalidad española (y por tanto la europea). La web de ONDA CERO se apresuró a subir la discusión entre los Sres. Alsina y Espada para dejar claro que el Sr. Alsina no era independentista catalán, aunque no cabe duda de que el independentismo agradeció mucho su pregunta, que fue inmediatamente amplificada desde TV3 y la prensa pro-independencia.
24 Septiembre 2015
Ah, no lo sé
La posibilidad de que los catalanes conservaran la nacionalidad española en una Cataluña independizada es un viejo mantra del secesionismo. Algunas, pocas, mentiras secesionistas necesitan algo de tiempo y algunos datos para ser desenmascaradas, pero esta pertenece al grupo más usual: burdas y pueriles mentiras que solo pueden ser creídas por menores de edad. La independencia de Cataluña es una obscena ficción para adultos, pero también las ficciones exigen una lógica y una verosimilitud interna. Es obvio que los independizados lo serían de la Constitución española y por lo tanto no se ve cómo podrían beneficiarse de lo que dispondría esa Constitución arrasada. El mantra, pues, es tan veraz como el que dijera que los portugueses conservaron la nacionalidad española después de Aljubarrota. Y su único objetivo, aparte del de intentar consolar con mentirijillas a aquellos pobres españolitos catalanes que aún no han entendido cuánto los desprecian los catalanes catalanes, es el de convencer a los pobres catalanitos xenófobos que, aun por la despreciable vía española, podrían seguir cobijados en los lujos y seguridades que ofrece la Unión Europea.
La vida de un mantra, como la de cualquier animalito, depende de los alimentos que reciba. Y no hay duda de que la paparrucha de la nacionalidad recibió un apreciable crédito cuando el periodista Carlos Alsina la utilizó el martes en conversación radiofónica con el presidente Rajoy. No parece legítimo que un periodista utilice mentiras sandias en su trabajo y mucho menos sin citar su denominación de origen. No obstante, desde McGinniss y Janet Malcolm sabemos sobre los problemas de uso de las mentiras: «Todo periodista que no sea lo bastante estúpido o engreído como para no ver lo que tiene delante de las narices sabe que lo que hace es moralmente insostenible», dice la célebre primera frase de El periodista y el asesino, y esta frase se funda sobre todo en la mentira. La mentira puede ser inmoral, pero también eficaz. Así volvió a probarse en esa entrevista cuando al grotesco planteamiento de una nacionalidad española que acoge a sus hijos desnaturalizados, el presidente respondió con mil balbuceos y un extraordinario y definitivo «Ah, no lo sé». Yo comprendo la torpeza del presidente. Es desmoralizador replicar a la ciencia del tarot. Pero una de las tareas irredimibles que le enconmiendan los ciudadanos a la política (y al periodismo) es encararse por delegación ante la estupidez. Y deben cumplirla con brío y diligencia.
27 Septiembre 2015
Este es el nivel
Éste es el nivel. Un presidente del Gobierno que pretende dar lecciones descubriéndonos que un vaso es un vaso y un plato es un plato. Coño ahora lo veo, gracias presi. Los platos tienen fondo y los vasos culo. Y en el fondo, es justo por ahí por donde nos viene dando desde que ganó las elecciones, o mejor dicho, desde que el otro las perdió. Un presidente tautológico que a duras penas daría la talla como guionista de la primera temporada de ‘Barrio Sésamo’. Un presidente que por no saberse, no se sabe ni la ley del país que gobierna. Y lo que es peor, que cuando alguien se la recuerda, entra en bucle y sólo se le ocurre preguntar estupideces. «¿Y la europea?».
Éste es el nivel. Un portavoz de ERC que cuelga por sorpresa una banderita independentista en el balcón del Ayuntamiento de Barcelona durante la celebración de la fiesta mayor de todos los barceloneses. Su homólogo del PP que se pelea con él por colgar una banderita española. Y todo un ministro del Interior a quien no se le ocurre otra cosa que sacar la banderita de ETA a pasear. Iba a decir que me resultaba pornográfico, pero al menos la pornografía consigue excitarme. En este caso, lo único que siento es una profunda vergüenza propia y ajena.
Este es el nivel
Éste es el nivel. Que ya no es que haya corrupción, es que empiezo a pensar que nos la hemos ganado. Aún hay poca para la que debería haber. Poco nos pasa, que decía aquél. Antes de que existiera la corrupción, al corrupto le dimos el poder para serlo. Lo elegimos todos nosotros. Así que cuando siento vergüenza, la siento sobre todo por mí. Esto es lo que voté. Esto es lo que votamos todos. Aquí y allá. Nadie les exigió nada más. Y así nos luce el pelo.
Ya basta. A mí me han convencido. Si éste es el nivel, voto independencia. Ojo, y no porque me crea que vayan a ser más competentes. Ni mucho menos. Ni menos corruptos. Qué va. Ni siquiera porque crea que vayamos a estar mejor. Pero si no hay más que verles, hombre.
Primero, es por un tema de masa crítica. En caso de independencia, habrá menos como ellos tocando nuestro dinero. El de Catalunya y el de España. Y eso ya me está bien. Si se me va a caer la cara de vergüenza, al menos que lo haga por menos casos, ya ni siquiera pido que lo sea en proporción. Si me van a robar la cartera, que sea como mínimo en menor cantidad.
Segundo, porque si la banca no quiere la independencia y trata de disuadirnos, eso es que algo bueno debe de tener para nosotros. Como siempre, ellos saben algo que nosotros descubriremos de aquí unos años. La banca siempre gana. Mira Rato.
Tercero, también estoy harto de que no pase nada. Estos comicios no son unas autonómicas contra unas plebiscitarias, son los del inmovilismo contra la chapuza. Y entre quedarse quieto y cagarla, yo siempre he sido de los que prefieren pedir perdón. No te negaré que además me apetece liarla parda. Mi vena anarquista nihilista a veces se me pone al volante, qué le vamos a hacer. Y qué me dices de darle a todos estos el poder. Pasar de colgar banderitas en el ayuntamiento a colgarle al cuello todo un país. Hala, ahí la llevas.
Pero sobre todo, porque la torpe campaña del miedo jamás vencerá a cualquier ilusión, por ilusa que ésta sea. Y nadie, insisto, nadie, en estos más de diez años ha sido capaz de venderle a los catalanes un proyecto ilusionante o una simple actualización de la relación Catalunya-España. Ha llegado el momento de reventarlo todo. Volvamos a empezar, con lo que me gusta a mí una patada al tablero. Aunque el nuevo juego sea una mierda, dudo que sea peor que éste.
Ah, el argumento definitivo. No habría que volverse a encontrar con el Celta de Vigo en competición oficial.
Al carajo la jornada de reflexión. Yo ya he reflexionado. Ya, ya sé que mi decisión sólo cuenta un voto. Y también sé que no puedo obligar a nadie a seguir mis pasos. Dios me libre. Pero prefiero usar mi voto para quitarme de encima a Rajoy que seguir dándole excusas a la Generalitat. Y si al final encima no se consigue la independencia, poder dedicar el resto de mi vida a reprochárselo a Romeva, a Junqueras y sobre todo a Mas.
Si éste es el nivel, apártense que la liamos.
Si éste es el nivel, apártense que me voto encima.