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Usando como argumento el nombramiento del cuñado de Manuel Fraga como director del ente público, el periodista enumeró varios cuñados célebres en la política española

Carlos Robles Piquer (RTVE) anuncia una demanda contra Justino Sinova (DIARIO16) por su artículo ‘el cuñadismo’

HECHOS

El Director General de RTVE, D. Carlos Robles Piquer, anunció por agencias que demandaría al periodista de DIARIO16, D. Justino Sinova, por su artículo ‘El Cuñadismo’

D. Justino Sinova habla con J. F. Lamata sobre su pleito con el Sr. Robles Piquer:

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El artículo que motivó el pleito:

EL CUÑADÍSMO

Justino Sinova, DIARIO16,  26-10-1981

Ya se encuentra instalado en la cúspide de Radio Televisión Española el diplomático Carlos Robles Piquer, quien, entre otros títulos de menor importancia tiene el ser cuñado de Manuel Fraga Iribarne, un político que debe pensar que se avecina la época de las vacas gordas, pues en menos de una semana ha conseguido ganar las elecciones en Galicia y colocar a su cuñado al frente del más importante aparato para actuar sobre las conciencias y los propósitos de las gentes.

Esa institución del cuñado como colaborador próximo y confidencial tiene raigambre en la política española. La inauguró el general Franco, de quien tanto aprendieron algunos de los que nos gobiernan y ciertos personajes que no se sienten satisfechos de su poder y quieren mandar más. Franco hizo de su cuñado Ramón Serrano Suñer, su mano derecha durante los primeros tiempos difíciles y fue tanta la identificación entre ambos que al segundo se le llamaba el ‘cuñadísimo’. Todavía hoy, Serrano Suñer es un defensor de los restos del franquismo, a pesar de algunas discrepancias en vida del general.

Carlos Arias Navarro añorante franquista donde los haya, tuvo un fiel valedor en su cuñado Antonio del Valle. Y el presidente del Gobierno que le sucedió Adolfo Suárez, siempre se llevó consigo a su cuñado Aurelio Delgado ‘Lito’ para los amigos, que lo mismo organiza una secretaría, que juzga una grabación televisiva del presidente que busca un despacho para que su jefe ejerza la abogacía y se forre a ganar dinero.

La institución del cuñadísimo ha sido una de las más sutiles armas para gobernar. Ahora, hasta hay un ministro que se ha llevado a su cuñado al Ministerio y es el que, desde hace dos meses, está poniendo un cierto orden en la casa. Desde que llevó a su cuñado a Obras Públicas como secretario particular, a Luis Ortiz le miran de otro modo. Es un hombre con suerte por tener cuñado.

Yerno pero no cuñado

Porque al presidente Leopoldo Calvo-Sotelo no se conoce esa virtud. De Calvo-Sotelo se sabe que es yerno de renombre, pero esa circunstancia familiar no ha producido, que se sepa, beneficios de relieve. Calvo-Sotelo se ha hecho a sí mismo y ha llegado a la Moncloa sin que nadie repare demasiado en el nombre de su suegro, José Ibañez Martín, que fue ministro de Franco durante doce años.

Tampoco era muy apreciado políticamente el dato de que el suegro del desaparecido Joaquín Garrigues se llamara José María de Areilza, conde de Motrico. Ni a Marcelino Oreja, delegado del Gobierno en el País Vasco, le ha valido de mucho públicamente estar casado con una hija de Manuel Arburúa, que también fue ministro del general. Y no digamos a Rafael Arias-Salgado, ex ministro a su corta edad, que es yerno de Joaquín Ruiz Giménez, ministro de Franco en una primera etapa y perseguido de los servicios de Franco después.

Lo que cuenta es el cuñadismo. Los cuñados en política son ya una isntitución. Si Fernando Castedo fuera cuñado de Calvo-Sotelo, ahora Televisión Española viviría tiempos de paz. Ni aquel habría presentado por fin su cese-dimisión como director general de RTVE, ni éste habría caído en el desamparo. Porque Calvo-Sotelo piensa que ahora RTVE es más suya, después de haberse desprendido de Castedo, que no sólo miraba hacia UCD, sino también hacia el PSOE, y, sin embargo, esa RTVE se le está escapando.

Calvo-Sotelo ha creído encontrar al hombre que ‘le’ domine la televisión en Carlos Robles Piquer y lo que ha hecho ha sido meter al enemigo en casa. Ha nombrado al cuñado de un hombre, Manuel Fraga, cuya ilusión en la vida es sentarse en el despacho presidencial de la Moncloa, para sentirse no sólo dueño de la calle, como cuando era ministro de la Gobernación, sino de todo España, que es lo que le va al cargo.

Dependiente

Robles Piquer, además, se presenta como independiente, que es un sutil modo de afirmar su dependencia de alguien que no está en el poder, del primero que le llevó hasta un cargo de cierto peso. Cuando Fraga fue nombrado ministro de Información y Turismo en los años sesenta, ejerció la práctica del cuñadismo y colocó a Carlos Robles Piquer al frente de la Dirección General de Información, luego de Prensa, donde actuó de mamporrero.

Fraga, que pretendía una apertura informativa de cuyo éxito ha estado viviendo durante bastante tiempo, necesita un cabo de varas que distribuyera coscorrones a quienes se desmandaran. Nada mejor que un cuñado. Desde la Dirección General, Robles Piquer ejerció esa ingrata función de vigilancia, como cuando abrió expediente a los De la Serna, que regían felizmente el diario INFORMACIONES por publicar un artículo de Ramón J. Sender, una primera figura de las letras españolas cuya condición de residente en el exilio no le agradó mucho al cuñado.

Así que la institución del cuñado es algo consustancial en la política española, una institución que habría merecido la atención del profesor Parkinson de haberse encontrado entre nosotros. Hasta Felipe González trata como un cuñado de Alfonso Guerra, su número dos, con la ventaja de que, al no existir ese lazo en la realidad, se evitará un conflicto de familia cuando se canse de sus excentricidades (que no sólo excesos) verbales y decida desprenderse de él.

Pero la gran novedad de estos días en el cuñadismo es que Fraga está ensayando el proceso inverso. Hasta ahora, el que mandaba se instalaba primero en el poder y luego pedía la colaboración del cuñado. Ahora, Fraga lo hace al revés. Ha colocado a su cuñado al frente de RTVE, que esa es la verdadera secretaria política de un presidente, y va a utilizarlo como pértiga para llegar al reino de sus sueños. La nueva versión del cuñadismo debería de hacer temblar a Calvo-Sotelo, quien, además no tiene cuñado (miento: si tiene cuñado, pero se llama Fernando Morán, es del PSOE y además del sector crítico. Así que ya verán). Lo que si tiene Calvo-Sotelo es un eficaz dominio sobre sus reacciones fisiológicas, pero eso no le basta después de entregar la infernal máquina de la televisión al cuñado de quien le ha dado un revolcón en las últimas elecciones. Así que si pierde su autocontrol y su temblequeos se hacen notorios, nadie se va a extreñar.

P. S. – Podría ocurrir, y esta es una aventura nada descartable, que la llegada de Robles Piquer a RTVE fuera consecuencia de un pacto. Sería el caso del cuñado compartido. En cuyo supuesto, que equivaldría a la definitiva ascensión de Fraga, no sólo debería temblar Calvo-Sotelo. Deberíamos temblar todos.

Justino Sinova

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