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El último propietario del periódico, el ex ministro José Antonio Girón, hizo un llamamiento al presidente Felipe González, para que pusiera fin al boicot publicitario

Cierra definitivamente el periódico EL ALCÁZAR, después de que el Estado le retirara toda la publicidad institucional

HECHOS

En noviembre de 1987 cerró definitivamente el diario EL ALCÁZAR, que trató – sin éxito – de subsistir como semanario.

El periódico de DYRSA ya tuvo que afrontar una primera desaparición en la semana santa de 1987 en la que publicó un primer editorial de despedida:

A nuestros lectores (15-04-1987)

La tradicional dispersión de los españoles en estos días de Semana Santa, transcurridos para la mayoría de ellos en vacaciones apacibles, unido a las excepcionales circunstancias que rodean actualmente la normal publicación de EL ALCÁZAR, nos recomiendan interrumpir nuestra publicación, a partir de este número hasta el próximo martes, como ha sucedido en otras ocasiones.

En ese día reanudaremos el contacto con nuestros lectores.

También queremos expresarles hoy nuestro profundo agradecimiento a todos aquellos que han seguido con fidelidad, a través de llamadas telefónicas procedentes de todos los puntos  de España interesándose cordialmente, el esfuerzo que hemos venido realizando para atenderles en sus peticiones de ejemplares, en la medida de nuestras posibilidades. Sus palabras de aliento nos han confortado y estimulado en las horas de trabajo. El calor de sus frases nos ha confirmado una vez más sobre todo lo que EL ALCÁZAR representa para infinidad de españoles de buena voluntad.

Así pues, hasta el martes, Dios mediante, y feliz Pascua de Resurrección.

Tras una reaparición por unos meses, el periódico cerró definitivamente en noviembre.

18 Diciembre 1984

Dos árboles y un periódico

Rafael García Serrano

EL ALCAZAR, si ustedes me lo permiten, es un poco como el árbol de la ciencia del bien y del mal que estaba en el paraíso junto al árbol de la vida, situado precisamente en el centro de aquel hermoso y feliz lugar. La metáfora falla en e un pequeño detalle, y es que cuanto rodea a EL ALCÁZAR y a la tierra que lo sustenta, esto es, la española no parece que tenga suficiente producción de felicidad, bienestar y facilidades de vida como para ser comparada a un paraíso. Antes bien, mejor se la podría presentar como un infierno. Naturalmente esta es una opinión particular en la que por unas u otras causas sospecho que me acompañan la mayoría de mis compatriotas. Los que no me acompañan o son de la nomenklatura o hacen cola para inscribir sus nombres en tan larga ,munificada y variada lista.

Sucede que cuando se inició este paraíso democrático, sus primeros gerentes comenzaron por decirle a la compañía Iberia: si pruebas el fruto del árbol de EL ALCÁZAR, perecerás. Y la compañía no quiso perecer y hasta evitó desde entonces que sus pasajeros perecieran a un tiempo de modo que la primera señal de la libertad fue la de prohibir que Iberia adquiriese este periódico, igual que hace con otros, y de paso evitar que los inocentes pasajeros pudieran padecer graves males o simplemente morir por morder la pequeña, bonita y limpia manzana de EL ALCÁZAR. Hay, sin embargo, sujetos tan propensos al mal, tan desobedientes a los dioses de la democracia española, que osan entrar en los aparatos de Iberia con nuestro periódico en la mano, leerlo durante el vuelo y si da tiempo prestárselo a otros pasajeros, y hasta muchos lo dejan en los asientos, singularmente en el puente aéreo y en otros servicios de ida y vuelta muy semejantes, por si alguien que tome ese mismo avión gusta, como Eva, de ser tentados por la serpiente y morder la fruta prohibida.

Las empresas que pagamos todos los españoles, incluso aquellas a los que se nos sitúa extramuros, fuerapuertas de la ciudadela constitucional, o sea los bárbaros, cualquiera que sea su signo, se anuncian en todos los periódicos que yo suelo leer, menos en EL ALCÁZAR. Porque no es conveniente que tan florecientes empresas puedan arruinarse súbitamente, en medio de la general prosperidad, al estampar su nombre en nuestras páginas. Se prohíbe la entrada de nuestro periódico en determinados centros públicos, sin duda por la misma razón, posiblemente anticonstitucional, que va a prohibid a los militares ‘expresar públicamente opiniones que supongan infracción del deber de neutralidad con opción política o sindical’ y otras cosas según el nuevo régimen disciplinario militar que al parecer ya hay quien llama ‘reglamento Batet’ en recuerdo de aquel general que ordenó ser ‘sordos, ciegos y mudos’ (Sobre este tema ya ha escrito ocn precisión y delicadeza Antonio Izquierdo). Para expresarse deberán recurrir los oficiales a aquella sutil respuesta con que, en un régimen también liberal y democrático, utilizó un camarada suyo para contestarle a don Alfonso XII, y que constituye un modelo de táctica dialéctica porsiacasita, porque todo español sabe que no hay posiblemente mayor dictadura en España que la encubierta bajo la capa de la libertad. El hijo de Isabel II preguntó:

  • ¿Estáis contentos con vuestra paga?
  • Majestad – repuso el oficial – el sueldo no es corto, lo que pasa es que los meses son muy largos.

Estábamos en que EL ALCÁZAR está prohibido en ruedas de prensa oficiales u oficiosas al as que no es invitado (el racismo se expresa de muy diversos modos) en otro tipo de actos, en la Renfe, que tampoco lo distribuye entre su clientela, y claro, finalmente, sus redactores no han conseguido el acceso al congreso socialista. Esto a mí no me ha extrañado. Los congresos socialistas siempre han mostrado cierta fobia a los periodistas nacionales españoles, de modo que yo tengo la experiencia de haber sido vetado, como todos los corresponsales compatriotas destacados en Roma, a un famoso congreso del partido socialista italiano, durante el cual, me parece, se tiraron los tratos a la cabeza el difunto señor Nenni, socio de la Gran Peña de Madrid, incautada por los jóvenes socialistas durante nuestra guerra, y el señor Saragat, que creo que vive. No estoy seguro. Ni tampoco de si fue en aquel congreso en el que se escindió el socialismo italiano. Tendría que repasarme mis crónicas romanas para asegurarlo y me da pereza.

Solamente Alberto Lavedán, que venía de Grecia, dónde había guerra civil, y a favor de no sé qué amistad, bajo no sé qué nombre, ni camuflado de qué, pudo entrar en aquellas sesiones prohibidas, y hasta nos informó de algunos detalles a Alberto Crespo y a mí, los dos pertenecientes, como Lavedán, a la plantilla de corresponsales de la Prensa del Movimiento. Si ahora viviera Alberto Lavedán, que firmaba en este periódico como Jaime de Llansá, tampoco podría entrar al congreso socialista. Creo que Alberto y Jaime firmaban a veces como Alberto Lázaro Parra, pero en este momento no sabría decir sobre seguro cuál era su nombre verdadero.

Es muy posible que en los capítulos iniciales de la actual biblia democrática esté designado EL ALCÁZAR como el árbol del bien y del mal y quien lo pruebe será expulsado del sagrado reciente o de la sagrada nómina. Funcionarios públicos (por oposición) conozco yo que leen nuestro periódico en sus oficinas poco menos que como se escuchaba a Queipo de Llano en zona roja.

Somos los apestados del a democracia. La casta inferior, los parias. Pero tenemos buen humor y aguante. Tan cerca estaba en el paraíso el árbol del bien y del mal del de la vida, que es muy posible que hubieran podido ser confundidos. A lo mejor resulta que el árbol de la vida española está más próximo a nuestras páginas de lo que pudieran creer en el olimpo de la democracia, lo mismo los de la extinta Ucedé, primeros en nuestra persecución, que quienes les siguieron en las faenas de gobierno. A la Ucedé le echamos el mal de ojo y reventó en la sombra del manzanillo que ella misma plantó. Pero nadie aprende de la experiencia.

Rafael García Serrano

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