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El Subdirector de TRIUNFO, Eduardo Haro Tecglen, se reforzará mediáticamente como columnista diario en EL PAÍS el periódico más leído de España

Cierra por quiebra la revista TRIUNFO, el primera publicación que se atrevió a recoger posiciones comunista en pleno franquismo

HECHOS

El 30.06.1982 salió el último numero de la revista TRIUNFO correspondiente a los números junio-julio.

La histórica revista de izquierdas TRIUNFO desapareció definitivamente a principios de los ochenta. Pasar de semanal a diaria era un síntoma de la gran cantidad de deudas que iba acumulando. TRIUNFO, dirigida por el Sr. Ezcurra, había comenzado siendo una revista sobre cine, pero a partir de los sesenta (libre de la influencia de Movie Record) se volvió de información general, aunque hablaba más de elementos internacionales que de nacionales, sus posiciones eran claramente críticas a las dictaduras y al totalitarismo y en algún caso hasta con cierta simpatía por el comunismo, lo que le valió varias sanciones y secuestros. Al llegar la democracia, TRIUNFO sufrió un gran golpe con la decisión del que fuera su jefe de redacción, don César Alonso de los Ríos (del PCE), de fundar su propia revista: LA CALLE. “Yo quería hacer una revista más cercana, para los problemas que ya estaban allí” – dijo el Sr. Alonso de los Ríos en una entrevista con el Sr. Recarte – “Ezcurra y Haro preferían mantenerse en la estratosfera”. El principal apoyo de LA CALLE fue la propia ejecutiva del PCE a partir de la dirigente doña Pilar Bravo, entonces de máxima confianza del Sr. Carrillo, el accionista mayoritario fue don Teodulfo Lagunero, también militante del PCE. Desgraciadamente para ellos, el hundimiento del comunismo a nivel de sociedad en el periodo 1981-1982 hundiría tanto a LA CALLE como a TRIUNFO.

Una de las paradojas de la redacción de TRIUNFO es la evolución que adoptaron algunos de sus miembros. Su subdirector y principal figura, don Eduardo Haro Tecglen, se había destacado como afín al franquismo en el INFORMACIONES de los cuarenta pasó a adoptar posiciones aperturistas a partir de los años sesenta hasta acabar en posiciones de extrema izquierda llegada la democracia.

En el lado antagónico, el redactor jefe de INFORMACIONES don César Alonso de los Ríos, tras militar en el “Felipe” (Frente de Liberación Nacional Popular, asociación intelectual antifranquista), y ser miembro del PCE, se pasó al PSOE y ocupar cargos en el Gobierno socialista y, algo más tarde, evolucionar hasta la derecha liberal radical y erigirse defensor de la unidad de España.

El 30 de junio de 1982 salió el último ejemplar de la revista TRIUNFO. El diario EL PAÍS fue el que más se solidarizó con ella:

TRIUNFO se emparentó siempre, política e ideológicamente, con esa izquierda democrática que hoy ocupa un lugar importante en la vida institucional. Resulta lamentable que los partidos y sindicatos de la izquierda parlamentaria no hayan dado un solo paso para impedir la eutanasia de esa revista. (EL PAÍS, 30-6-1982)

Aquel fin permitiría a EL PAÍS presentarse como heredero de esa “izquierda democrática”. Y no lo digo yo, eso es lo que opina el que fue director de TRIUNFO, don José Ángel Ezcurra en Olivar (1-2000): “Se ha dicho que, en el prolongado declive que sufrió TRIUNFO hasta su fin, algo influyó la disidencia de un grupo de redactores y colaboradores que, por obvias razones políticas, abandonaron nuestra páginas para fundar otro semanario: LA CALLE. Más influyó, a mi modo de ver, la irrupción arrolladora de EL PAÍS, que fue nuestro heredero”. Y, para corroborarlo, el alma de TRIUNFO, Sr. Haro Tecglen, se convertiría en el único articulista diario de EL PAÍS. En 1992, al cumplirse los 10 años de la desaparición de la revista, los miembros de aquella redacción decidieron celebrar el público homenaje que merecía y no había tenido. Ahí estuvieron el Sr. Haro Tecglen, el Sr. Ezcurra y el Sr. Vázquez Montalbán, pero no acudió el Sr. Alonso de los Ríos que, según EL PAÍS, rechazó asistir “debido a su incompatibilidad con los otros participantes”.

30 Junio 1982

El último número

José Ángel Ezcurra

TRIUNFO Ha llegado al final de un largo camino. Estas líneas pretenden hacer escuetas la despedida que debemos a nuestros lectores, el adiós que corresponde a esta Improrrogable situación.

En el número inicial de la más reciente etapa de TRIUNFO describíamos su cambio de periodicidad como ‘una salida de urgencia para una situación agónica’. La esperanza en esta ‘salida’ descansaba en el argumento de que, atemperando con una periodicidad más dilatada las muy graves dificultades económicas que comportaba la aparición semanal de la revista, ampliábamos su permanencia en el tiempo y añadíamos probabilidades a favor de una posterior solución. Solución que, para nosotros, no podía ser otra que el regreso a la específica vocación profesional de la revista que había sido: un semanario de opinión, de inequívoca significación democrática, cuya voz independiente debía seguir contribuyendo a favor de la libertad en esta lenta y difícil transición en que todavía estamos.

No es fácil, y es triste confesar que no hemos conseguido nuestros propósitos. Las previsiones se nos quedaron demasiado cortas. Y las circunstancias adversas – disminución paulatina de difusión, aumento acelerado de costes, descenso en picado de los mínimos ingresos publicitarios programados – crecieron con desmesura y, en los últimos meses, de forma galopante. En definitiva, nos ha desbordado una realidad que, aunque no nos parezca razonable, posee la razón histórica. No es útil revolverse contra ella y considerarla culpable de todos nuestros males. Probablemente, además de inútil es injusto. Lo que, en cambio, sí es cierto es que no hemos logrado alcanzar la cuota con la que aspirábamos a contribuir a la transformación de esa realidad desapacible y versátil.

Aplicando un criterio darwinista a la cuestión, quizá cabría sugerir que la implacable selección natural – y esa desapacible y versátil realidad como su agente – ha eliminado a TRIUNFO de la evolución de esta especie comunicacional. Entre otras causas, por no haber sabido – o no haberlo querido por no considerarlo coherente con la propia trayectoria – adaptarse a un medio en el que, por ahora, se elude o se pospone el ejercicio de la reflexión y del libre examen.

TRIUNFO ha llegado, pues, al final de un largo camino. A una situación irreversible, sin más allá, sin otra esperanza ya que el recuerdo positivo que pueda suscitar ese largo camino, honesta y libremente recorrido.

José Ángel Ezcurra

30 Junio 1982

El último número de TRIUNFO

EL PAÍS (Director Juan Luis Cebrián)

La revista TRIUNFO  sale por última vez a los quioscos con un número extraordinario que anuncia en portada, por ironía o casualidad, un artículo sobre El fin de la escritura. Un artículo firmado por José Angel Ezcurra explica los motivos de esa decisión. El aumento de los costes, la disminución de la difusión y la caída de los ingresos publicitarios hacían imposible la supervivencia de la publicación. Mientras el mensual CUADERNOS PARA EL DIÁLOGO  intentó bordear la crisis -sin conseguirlo- mediante su transformación en semanario, TRIUNFO ensayó el camino inverso sin que tampoco la fortuna le acompañara en su segunda salida. De esta forma, dos publicaciones periódicas que tan decisivamente contribuyeron, en el parlamento de papel de la última etapa del franquismo, a difundir los valores democráticos, los principios de la libertad y el compromiso con los derechos humanos, no han podido mantenerse en esa España constitucional por cuyo advenimiento combatieron durante los tiempos difíciles.En cualquier caso, José Angel Ezcurra puede tener la certeza de que en las hemerotecas y en la memoria de miles de españoles quedará para siempre «el recuerdo positivo» del «largo camino, honesta y libremente recorrido» por «un semanario de opinión, de inequívoca significación democrática» que defendió, desde posiciones independientes, la modernización de nuestro país. TRIUNFO enseñó a la izquierda española a sustituir las imprecaciones por los análisis, los insultos por los argumentos y el radicalismo verbal por el rigor de los diagnósticos. También contribuyó a que la cultura, el arte y el pensamiento no rompieran sus puentes con la militancia.

El editorial del último número de TRIUNFO indica que la revista quedó desbordada «por una realidad que, aunque no nos parezca razonable, posee la razón histórica» y que sería inútil e injusto atribuir las culpas de su desaparición a ese medio «desapacible y versátil». De esta farma, «aplicando un criterio darwinista a la cuestion», la «implacable selección natural» habría eliminado a esta publicación periódica de la evolución de las especies comunicacionales. Resulta difícil admitir esta generosa autoinculpación. En determinadas circunstancias, los mecanismos de la llamada selección natural, aplicados ala vida social, han producido incluso la supervivencia de los menos aptos para elevar los niveles morales y materiales de la humanidad.José Angel Ezcurra señala como una de las causas posibles de la desaparición de Triunfo la incapacidad o la falta de voluntad de su equipo de dirección para adaptarse a un medio «en el que, por ahora, se elude o se pospone el ejercicio de la reflexión y del libre examen». Sin embargo, la situación general, acertadamente descrita en esa frase, no debe hacer recaer sobre la revista la responsabilidad de su clausura sino que exige del Estado y de la opinión pública una reflexión acerca del porvenir de los medios de comunicación de planteamientos minoritarios. Porque es una paradoja que algunas de las publicaciones que anticiparon en sus columnas durante los años del franquismo, con riesgo para las empresas y amenazas de multas y de cárcel a sus redactores, los principios y valores que hoy figuran en la Constitución, descubran que la sociedad por la que lucharon les niega la posibilidad de seguir subsistiendo.

Algo funciona mal, o no funciona en absoluto, en la política de ayudas a la Prensa si revistas como TRIUNFO, y antes CUADERNOS PARA EL DIÁLOGO, son inviables en la Monarquía parlamentaria. Es urgente que las Cortes establezcan un marco legal de ayudas financieras a la Prensa mucho más estricto, objetivo y preciso en su articulado, que elimine las tentaciones de favoritismo o arbitrariedad del Poder Ejecutivo a la hora de aplicar los créditos votados por el Parlamento con este propósito. Dentro de esa normativa hoy ausente debe tener cabida una política de ayuda, específicamente orientada a publicaciones minoritarias que hayan demostrado su independencia 3, para las que los beneficios empresariales sean simple mente una condición para la supervivencia. El mercado es un indicador de necesidades también en el mundo de! la comunicación pero no hay razón alguna para que sea. el único criterio a tener en cuenta. Sucede que mientras una Caja de Ahorros puede ser forzada por un ministro para que suscriba cientos de millones en una fracasada emisión de obligaciones destinada a apoyar a un órgano de la derecha autoritaria, las voces de las minorías pueden quedar ahogadas por las cifras rojas de la cuenta de resultados. De proseguir esta tendencia, que la derecha reaccionaría se empeña en empujar hasta en los límites más inimaginables, la Prensa española llegará a convertirse en un páramo donde sólo resuenen las opiniones de los poderosos y las consignas de los beneficiados por el nepotismo gubernamental.

TRIUNFO se emparentó siempre, política e ideológicamente, con esa izquierda democrática que hoy ocupa un lugar importante en la vida institucional de nuestro país. Resulta lamentable que los partidos y sindicatos de la izquierda parlamentaria no hayan dado un solo paso para impedir la eutanasia de esa revista, que dio hospitalidad en la época de la censura y la represión a sus pensamientos y análisis. El hecho es tanto más sorprendente si se recuerdan los fracasos de la izquierda para conseguir una Prensa propia con difusión aceptable. TRIUNFO  ha pagado cara su independencia. El lema ilustrado de atrévete a pensar sigue siendo una práctica nefanda que los administradores de consignas difícilmente perdonan.

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