Search

Conflicto entre Sean Hannity (Fox News) y la empresa Keurig: boicot a los boicoteadores

HECHOS

Fue noticia en noviembre de 2017.

La petición de boicot a las empresas que se anuncian en los programas de televisión pro-Trump causa un efecto boomerang por la decisión de la compañía de cafeteras Keurig de retirar la publicidad del programa de Sean Hannity de la Fox News por su línea pro-Donald Trump. Sectores derechistas desatan una campaña de boicots contra la marca Keurig y muchas cafeteras son destruidas públicamente hasta el punto de que el propio Hannity recomendó entre risas a sus seguidores que dejaran de romper cafeteras Keurig. La compañía reculó y pidió disculpas por haber participado en el boicot contra el programa de Hannity.

16 Noviembre 2017

El boicot al boicot, la derrota de los anunciantes ante el público más radical

Javier Ansorena

El pasado fin de semana, las redes sociales se llenaron en EE.UU. de gente que destrozaba máquinas de café. Usuarios indignados colgaban vídeos en los que pulverizaban los aparatos con un palo de golf, a martillazos, lanzando pastillas de hockey sobre hielo o con un modesto ladrillo. Otros tiraban las máquinas por las ventanas, las aplastaban con su coche o les pegaban fuego. Todas eran Keurig, una marca envuelta en el último rifirrafe político que mezcla medios de comunicación, compañías y consumidores.

Todo comenzó el pasado jueves, con unas afirmaciones polémicas de Sean Hannity, un presentador de Fox News de corte conservador y con mucho seguimiento entre la base electoral de Donald Trump. En su programa de radio, Hannity deslizó que los encuentro sexuales a finales de los 70 entre Roy Moore –el nominado republicano en Alabama para pelear por un escaño en el Senado el año que viene– y varias chicas menores fueron «consensuados».

Poco después, dijo que se había «expresado mal», pero apuntó a que las víctimas podrían haber hecho ahora las denuncias por dinero o para dañar políticamente a los republicanos.

El llamamiento al boicot a los programas de Hannity no tardó en llegar. Media Matters, una organización de izquierdas que rastrea lo que se dice en los medios, elaboró una lista de anunciantes de sus programas e invitó a que sus consumidores les exigieran que cortaran la publicidad.

Keurig, una compañía popular de máquinas y pastillas de café, comunicó por Twitter que dejaría de anunciarse con Hannity. «Hemos hablado con nuestra agencia de medios y les hemos pedido que cesen los anuncios», escribió la cuenta de Volvo, otro anunciante. Media docena más de compañías tomaron la misma decisión.

Fue entonces cuando llegó el boicot al boicot, que tuvo especial saña con las cafeteras. Tras un fin de semana de vídeos e imágenes de máquinas hechas añicos, acompañados con mensajes como #BoicotKeurig o #DestrozaTuKeurig, la compañía dio marcha atrás y borró sus tuits al respecto. Bob Gamgort, el consejero delegado de Keurig, justificó que no se habían seguido los protocolos a la hora de tomar la decisión y pidió disculpas a sus empleados por las consecuencias negativas de «haber tomado partido». Algo similar hicieron otros anunciantes: Volvo también eliminó su mensaje y otras compañías aseguraron que hacía meses que no aparecían en el programa.

El esperpento llegó al punto de que esta semana Hannity pidió a sus seguidores en su programa que dejaran de romper cafeteras, tratando de contener la risa. Incluso dijo que regalaría 500 máquinas de café de Keurig entre su audiencia y que aceptaba las disculpas de Keurig (aunque no fueron dirigidas a él).

El episodio es una muestra más del terreno pantanoso en el que se ha convertido el consumismo político para las marcas. Desde el ascenso político de Donald Trump, ha habido múltiples llamamientos al boicot de compañías, lo que coloca a estas entre la espada y la pared: o indignan a parte de sus consumidores o enfurecen a otros.

25 Abril 2018

Sean Hannity, el espejo radical de Trump en Fox News

Joan Faus

La estrella televisiva, que comparte abogado con el presidente, se ha convertido en su gurú en la sombra

En ocasiones es difícil saber dónde empieza Donald Trump y termina Sean Hannity. Hay una profunda simbiosis entre el presidente estadounidense y el presentador estrella de Fox News. Ambos neoyorquinos se consideran outsiders que viven de la agitación permanente. Les apasiona provocar y el foco mediático. Tergiversan la realidad a su favor. Recelan del establishment y aspiran, con su lenguaje hiperbólico pero llano, a conectar con el conservador corriente. Hay una conspiración del “Estado profundo” contra Trump, la inmigración irregular es el demonio, la investigación de la trama rusa es una farsa… Lo repiten el presidente y la celebridad televisiva.

Los paralelismos entre ambos se han afianzado después de que la semana pasada se revelara que Hannity también es cliente de Michael Cohen, el abogado personal de Trump desde hace tiempo. Cohen es objeto de una investigación del FBI por pagar, poco antes de las elecciones presidenciales de 2016, 130.000 dólares a Stormy Daniels para que la actriz porno no contara su historia sobre su presunta aventura sexual con Trump en 2006, cuando el ahora mandatario llevaba pocos meses casado con su esposa Melania.

Hannity ha minimizado con rapidez su relación con Cohen pese a que lo ha entrevistado varias veces en el pasado en su programa. El presentador de la mayor cadena de televisión conservadora ha alegado que el abogado “nunca” le ha representado y que solo ha hablado con él ocasionalmente sobre asuntos inmobiliarios. Está, sin embargo, en una situación incómoda. Cuando el FBI registró la oficina de Cohen el 9 de abril, Hannity criticó con dureza la operación en su programa en Fox. Pero la semana pasada alegó que, cuando hizo ese comentario, se «había olvidado completamente» que Cohen era su abogado y que, de haberse acordado, no hubiera dicho eso en antena.

Siguiendo el manual trumpiano, la reacción del presentador a esa crisis ha sido lanzar un contraataque feroz. “Hannity responde a la histeria de los medios”, era el título de arranque de su programa tras destaparse en los tribunales su relación con Cohen. Ha acusado a los periodistas “progresistas” y de “noticias falsas” de exagerar. Son palabras casi calcadas a las que emplea Trump en su cruzada contra los medios, de la que siempre excluye a Fox.

Tal es la cercanía entre Hannity, de 56 años, y Trump, de 71, que algunos trabajadores de la Casa Blanca, según el diario The Washington Post, bautizan a la estrella de Fox como “el jefe de gabinete no oficial” del presidente. Ambos hablan con frecuencia por teléfono y se reúnen en Washington o en la mansión de Trump en Florida.

No es ningún secreto su afinidad. Hannity, que en ocasiones ha negado ser un periodista y en otras se ha descrito como uno de “opinión”, fue un asesor informal del republicano durante la campaña electoral. Hay quienes dicen que su lealtad a Trump en los peores momentos blindó su relación con el mandatario, que se siente constantemente asediado y ansia por saber qué piensa su base de votantes más fieles. Hannity le ofrece una enorme audiencia: más de tres millones de personas miran cada noche su programa en Fox, el más visto de la franja nocturna de las cadenas informativas, además de las 13,5 millones de personas que escuchan cada semana su programa de radio.

Hannity acompañó a Trump en varios actos de campaña. En el segundo debate televisivo contra la demócrata Hillary Clinton, cuando Trump estaba en la cuerda floja tras difundirse un vídeo en que despreciaba a las mujeres, el presentador de Fox lo defendió activamente frente a los políticos conservadores que le urgían a abandonar la carrera electoral. “Ha pedido perdón”, dijo entonces Hannity en declaraciones a EL PAÍS. “¿Cuándo va a disculparse [Bill] Clinton a esa gente?”, agregó en referencia a las acusaciones de abusos sexuales al expresidente.

La conexión entre ambos se había fraguado antes de la campaña. En 2011, Hannity le abrió las puertas a Trump en sus programas de radio y televisión para que difundiera su teoría falsa sobre que el expresidente Barack Obama podría no haber nacido en EE UU. Trump descubrió entonces que el lenguaje conspirativo y populista podía conectar con el segmento conservador más radical. Cinco años después, lo explotó en los comicios.

En sus 22 años en Fox, desde el nacimiento de la cadena en 1996, Hannity se ha convertido en una referencia en el universo conservador. Su influencia es enorme, pero su tergiversación informativa (por ejemplo, dando pábulo a conspiraciones no demostradas) también juega en su contra. Hay quienes sostienen que la asociación de Hannity con un presidente impopular y polémico como Trump se le puede girar en contra. Pero también hay personas cercanas a ambos que han asegurado que es Trump quien se ha aproximado al pensamiento de Hannity y no al contrario.

by BeHappy Co.