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Uno de los hijos de la presidenta, Benigno 'Ninoy' Aquino, fue herido durante la intentona, pero sobrevivió

Cuarto intento de Golpe de Estado en Filipinas contra la presidenta Cory Aquino ocupando instalaciones de televisión

HECHOS

El 27.08.1987 la presidenta de Filipinas, Cory Aquino, compareció ante la televisión para asegurar que su Gobierno mantenía el control de su país tras un intento de Golpe de Estado.

LOS CABECILLAS DE LA INTENTONA GOLPISTA

GringoHonasan El Coronel Gregorio ‘Gringo’ Honasan, el ‘rambo filipino’ fue el encargado de encabezar aquel intento de Golpe de Estado contra la presidenta de Filipinas, Cori Aquino, que logró huir tras fracasar la intentona.

Ponce_Enrile_1 El ex ministro de Defensa Juan Ponce Enrile, considerado el mentor de Gringo Honasan, fue señalado como auténtico ‘cerebro en la sombra’ del intento de Golpe de Estado.

29 Agosto 1987

Golpe en Manila

EL PAÍS (Director: Juan Luis Cebrián)

EL GOLPE militar (que se produjo anteayer en Filipinas todavía no ha sido totalmente derrotado por las fuerzas leales al Gobierno de Corazón Aquino. Si en Manila la situación parece controlada, son peligrosas las ramificaciones en otros lugares, como Cebú.En este momento el primer deber de España, que el Gobierno ha sabido interpretar con acierto, es afirmar nuestra completa solidaridad con la democracia filipina, y, concretamente con la presidenta, Corazón Aquino, que en tres ocasiones ha obtenido el apoyo en las urnas de la inmensa mayoría de los filipinos. Los sacrificios que ha sufrido en sus familiares más próximos, con el asesinato de su marido en 1983, ayer con las graves heridas que ha recibido su hijo durante el asalto rebelde al palacio presidencial, realzan el simbolismo de su personalidad como la representación más alta de la lucha por la libertad y la democracia.

Mucha gente se pregunta con razón cómo es posible que Filipinas haya llegado a la dramática situación presente. Es preciso reconocer que las raíces de la democracia en Filipinas son muy débiles, y la situación en los días que precedieron el golpe militar lo pone de relieve. Este golpe, mucho más grave que todos los anteriores, se ha producido en un momento en que el descontento de las masas populares se manifestaba en acciones de protesta y en huelgas.

La realidad es que el encuentro entre el poder y el pueblo, que se materializó con un empuje extraordinario en las gigantescas acciones de masas de febrero de 1986, decisivas para la caída de la dictadura de Marcos, no se ha plasmado luego en el terreno de la legalidad democrática. La palabra democracia, para una gran parte de esas masas, condenadas a la miseria, estaba asociada con un mínimo de mejoras de tipo social. Pero Aquino no ha podido llevar a la práctica los cambios sociales que el pueblo esperaba.

Este problema ha sido más grave aún en el campo.

Poner fin a las guerrillas comunistas, que se mantienen desde hace 18 años con influencia en extensas zonas rurales, suponía como primera condición una re forma agraria efectiva. La presidenta Aquino logró imponer las negociaciones con la guerrilla, a pesar de fuertes resistencias en su Gobierno. Se estableció un año el fuego de dos meses, importante para el éxito del referéndum constitucional. Pero se cortaron luego. La corriente que entre los comunistas defendió el paso a la lucha legal ha quedado marginada por los partidarios de la línea armada. Su principal representante, Rolando Olalia, presidente del Partido del Pueblo y del sindicato Primero de Mayo, fue asesinado por la ultraderecha en noviembre pasado, con complicidades nunca descubiertas. La guerrilla comunista, como en tiempos de Marcos, sigue apoyándose en el descontento de las zonas rurales y su existencia debilita gravemente la democracia. Si Aquino no ha podido abrir la democracia hacia las amplias capas populares condenadas a condiciones sociales de miseria, ha sido sobre todo a causa de la hipoteca de los militares sobre el poder. Hipoteca que arranca del momento mismo de la caída de Marcos, cuando fue posible el paso del poder a Corazón Aquino, gracias al abandono del dictador por el ministro de defensa, Ponce Enrile, de otros jefes, como el general Fidel Ramos, y de oficiales de los Ram-boys, entre los que se encontraba el coronel Honasan -jefe del último golpe-. Los diversos golpes militares, lejos de llevar a un reforzamiento del poder civil, han tenido un efecto contrario. Desde la salida del Gobierno de Ponce Enrile a finales de 1986, el verdadero poder está en manos del general Ramos.

A ello ha ayudado la política de EE UU, Temeroso de que Aquino pudiese inclinarse hacia el ala progresista entre sus partidarios, Washington ha puesto su máxima confianza en el general Ramos. El apoyo de EE UU a la democracia filipina es decisivo para ésta. Pero a la vez es un apoyo que entraña servidumbres penosas. Por otro lado, Filipinas ha sido el país de la impunidad para las rebeliones y para los terroristas de la extrema derecha. No han sido juzgados los responsables de los intentos de golpes. No se conocen los culpables del asesinato de Benigno Aquino. Igual ocurre con el del líder Rolando Olalia. Y, en términos más generales, la consecuencia más grave de la hipoteca militar ha sido que en el Ejército han seguido ocupando mandos importantes los peores enemigos de la democracia, como lo ha confirmado este golpe.

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