4 septiembre 1933

Cuba: Manuel Céspedes es depuesto tras apenas una semana en el cargo y es reemplazado por un gobierno controlado por Fulgencio Batista

Hechos

  • El 4.09.1933 fue depuesto el Gobierno de Manuel Céspedes.
  • El 18.09.1933 formó Gobierno de Ramón Grau San Martín.

Lecturas

El 10 de septiembre se formó un nuevo Gobierno presidido por el profesor Ramón Grau San Martín, con el apoyo de la Unión Revolucionaria pro ley y justicia y el sector más radical del revolucionario ABC, que integraron con miembros del Directorio estudiantil universitario un movimiento que derrocó a Céspedes, el presidente que el Ejército llevó al poder como sucesor de Machado.

En realidad, el auténtico promotor del golpe que puso a Grau en el gobierno fue un oscuro sargento, Fulgencio Batista Zaldivar, que sublevó a los suboficiales contra sus mandos y se convirtió de hecho en jefe del Ejército que en la actualidad le convierte en el amo de la situación en Cuba.

Fulgencio Batista se convertirá en dictador de Cuba en 1952.

El Análisis

Cuba: el fin de la legalidad, el principio de otra incertidumbre

JF Lamata

La caída del gobierno provisional de Manuel Céspedes, apenas unas semanas después de su nombramiento, ha marcado un nuevo giro brusco en la ya convulsa política cubana. El presidente impuesto por el Ejército tras la huida de Gerardo Machado no ha sido capaz de sostener ni legitimidad ni estabilidad. Y ahora, el poder ha cambiado de manos de forma abrupta, no por la voluntad popular, ni por la acción de grandes fuerzas políticas, sino por la insólita sublevación de los suboficiales del Ejército liderados por un sargento hasta hace poco desconocido: Fulgencio Batista.

El nuevo gobierno presidido por el doctor Ramón Grau San Martín pretende ser el rostro civil y reformista de esta revolución imprevista. Cuenta con el respaldo del Directorio Estudiantil, sectores del ABC más radicalizados y de la llamada Unión Revolucionaria por la Ley y la Justicia. Pero la verdadera fuerza detrás del cambio no ha sido ni estudiantil ni ideológica: ha sido militar. En concreto, ha sido la tropa sublevada, los rangos bajos del Ejército que, humillados por la oficialidad vinculada al régimen anterior, se han rebelado en una maniobra inédita en la historia de las Américas. Batista, de sargento a árbitro de la política nacional, se ha erigido en poder real de la isla sin necesidad de disparar una sola bala.

Cuba ha salido del autoritarismo de Machado para entrar en la incertidumbre del populismo militar. El gobierno de Grau se presenta con promesas de justicia social y reformas, pero carece de la legitimidad institucional que garantice su permanencia o eficacia. Y mientras los estudiantes celebran y los partidos tradicionales callan o se reacomodan, Batista permanece en la sombra, omnipresente. De Céspedes a Grau no ha mediado una revolución de ideas, sino un vuelco de bayonetas. Y la gran pregunta es si esta nueva Cuba será más libre… o simplemente tendrá nuevos dueños.

J. F. Lamata