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Depuraciones tras derrota electoral: El PSOE expulsa a Joaquín Leguina Herrán y a Nicolás Redondo Terreros por considerar que favorecen al PP

HECHOS

El 7.05.2021 el PSOE anunció que abriría expediente de expulsión a D. Joaquín Leguina Herrán y a D. Nicolás Redondo Terreros.

08 Mayo 2021

Carta abierta a Pedro Sánchez

Joaquín Leguina

Pedro: Me entero a través de los medios de comunicación de que quieres abrir contra Nicolás Redondo y contra mí un expediente con la intención de expulsarnos del PSOE. Por lo visto, somos responsables de la mayor derrota sufrida por el socialismo en Madrid. Pues bien, el mayor responsable de haber llevado al socialismo madrileño al agujero no es otro que tú, que has dirigido con mano de hierro este partido, convirtiendo a José Manuel Franco y a Ángel Gabilondo en marionetas a tu servicio y haciéndolos dimitir inmediatamente -como si fueran los responsables de la debacle- y, mientras, tú te quitas de en medio.

La campaña electoral fue, en verdad, un disparate, consistente en combatir a un imaginario fascismo que os ha llevado a veros superados por un partido nuevo como Más Madrid, con muy escaso arraigo social. ¿Cómo es posible que eso haya ocurrido? Sois vosotros quienes deberíais contestar a esa pregunta.

Pero más allá de la desastrosa campaña, la causa es la política que has llevado a cabo desde que metiste en el Gobierno a Pablo Iglesias (de quien dijiste unos días antes que no podrías dormir con él en el Gobierno), quien desde el cargo de vicepresidente no hizo más que enredar y descalificar, desde los jueces hasta el Rey, pasando por varios notables periodistas.

Pero lo más grave, a mi juicio, es tu continuo tacto de codos con los separatistas catalanes y vascos, que son, sin duda, enemigos de España y de nuestra Constitución.

Como parece que se te han olvidado algunos artículos de esa Constitución, me tomo la libertad de recordártelos, empezando por el 1.3:

1.3. La forma política del Estado español es la monarquía parlamentaria.

Este artículo 1, junto con el 2, del Título Preliminar, es la base de la democracia, que nació con la Constitución en 1978. Su enunciado es muy breve y no deja lugar a interpretaciones. Pero es uno de los artículos que Podemos tiene en el punto de mira. Para atacarlo, cualquier pretexto es válido. El partido liderado por el vicepresidente segundo de tu Gobierno se empleó a fondo para proyectar su trasnochado republicanismo. Pero sigamos.

Artículo 2. La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas.

En el artículo 1.1 queda establecido que el sujeto de la soberanía nacional es el pueblo español, integrante de una nación «indivisible». Pero Podemos os ha impuesto el concepto de plurinacionalidad junto con el derecho de autodeterminación. Naciones Unidas solo reconoce el principio de autodeterminación para los territorios sujetos a colonización y ninguno de los países europeos lo contemplan en sus Constituciones. Tan solo lo propugnan los partidos secesionistas, aliados de tu Gobierno, por intercesión de Pablo Iglesias, quien se jacta de haberlos instalado en la «dirección del Estado». Una afirmación perturbadora, si pensamos que su objetivo es acabar con la unidad de España.

Artículo 3.1. El castellano es la lengua española oficial del Estado. Todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla.

Todos los proyectos de inmersión en las lenguas cooficiales en contra de la enseñanza y del uso del español han sido aceptados por tu Gobierno sin mayor resistencia, como parte de las cesiones para lograr el apoyo de los separatistas, y así está recogido en la ley educativa de Celaá. Malos tiempos, pues, para el artículo 3.1. de la Constitución.

Estáis acercando a los asesinos de ETA al País Vasco para que luego el gobierno vasco los saque a las calles y, mientras, los sediciosos catalanes esperan de tu magnanimidad un indulto o lo que sea que les saque de la cárcel, para ponerse a repetir la jugada (así lo han dicho ellos).

A todos estos desvaríos se debe el rechazo que has recibido de los madrileños el pasado 4 de mayo. A estos hechos y a otros movimientos políticos no menos preocupantes, como la tentativa de invasión de la Judicatura. Has intentado -y a veces lo has conseguido- saltarte la opinión de todas las instituciones que ejercen de contrapesos, tan necesarios en cualquier democracia, como el Consejo de Estado o el Comité de Bioética (cuya opinión es imprescindible en una ley como la de eutanasia).

Os habéis dejado invadir por movimientos particularistas, identitarios y supremacistas. Así, cuando habláis de inclusión, lo que estáis demandando es la exclusión del otro; o cuando os reclamáis del pluralismo, lo que buscáis es eliminar lo que es común a los españoles. Cuando dices, por ejemplo, a propósito de otorgar indultos a los separatistas catalanes, que hay que «aliviar tensiones» mientes, pues las leyes empujadas desde el Gobierno (la de educación o la de eutanasia) no buscaban otra cosa que el enfrentamiento.

Estas invasiones no solo han ocultado a la opinión pública los más graves problemas que soporta la sociedad española (antes y durante la pandemia), como son la mala distribución de la renta, el paro insoportable o los pésimos niveles que registran los índices educativos internacionales. O cosas tan elementales como que mientras que el peso de los salarios en el PIB no alcanza el 45 por ciento, a la hora de pagar el IRPF son las rentas salariales las que aportan el 90 por ciento de la recaudación.

Un concepto como el ‘heteropatriarcado’ ocupa en los discursos del Gobierno mucho más espacio mediático que el mal reparto de la riqueza y de las rentas, cuando en realidad ese invento del heteropatriarcado (usado sin medida ni clemencia por el feminismo ‘moderno’), con el cual se pretende explicar la compleja relación entre hombres y mujeres, no explica nada.

En fin, habéis impuesto una ley de educación sin escuchar ni a los profesores ni a los padres de los alumnos, y la habéis sacado adelante sin admitir una sola enmienda.

Son esas políticas y no Nicolás Redondo o yo las que han hecho que una inmensa mayoría de los madrileños, antiguos votantes del PSOE, te hayan abandonado, y ni Redondo ni yo tenemos absolutamente ninguna responsabilidad en lo ocurrido.

Joaquín Leguina, expresidente de la Comunidad de Madrid.

11 Mayo 2021

En defensa propia

Nicolás Redondo Terreros

¿CÓMO se contestan preguntas que no se han hecho? ¿Cómo se establece una defensa eficaz ante un procedimiento anunciado en la prensa, pero del que no se tiene notificación alguna pasados cinco días? ¿Cómo se defiende una persona de expedientes disciplinarios fantasmagóricos? Sólo se puede contraponer a la noticia, tuviera o no razón para ser, la verdad. No es posible ningún procedimiento contra mi persona por haber pedido el voto para la candidata del PP porque nunca pedí el voto para Isabel Díaz Ayuso en la Fundación Alma Tecnológica. A la fundación, que presido con mucho orgullo, no sólo se invitó a la candidata del PP, fueron invitados los candidatos de otros partidos y habría sido una descortesía, una demasía, pedir el voto para uno de los invitados. La inexistencia de grabaciones de esa «llamada al voto» para los populares sería prueba suficiente. Consta ante los órganos competentes del PSOE una nota manuscrita en la que pido a un periodista que retire una información publicada en ese sentido. Es comprobable mi posición porque, al día siguiente, aparece una entrevista en La Razón en la que queda clara mi posición ante la pregunta de si había pedido el voto para la candidata del PP: «Yo soy afiliado del PSOE, te recuerdo además que yo no voto en Madrid …yo no pedí el voto para nadie». En respuesta a otra pregunta intento ser contemporizador con los socialistas: «El PSOE podría situarse en el centroizquierda para obtener apoyos electorales que en otras ocasiones no los ha tenido… parece que lo está intentando». ¿Alguien puede imaginar un análisis más benévolo cuando el día anterior Gabilondo recordaba a Pablo Iglesias que les quedaban 12 días para ponerse de acuerdo? Dos días después, en El Confidencial aparece un largo reportaje sobre los cambios en la izquierda española y en él quedan claras mis diferencias con una de las personas que más estimo y admiro, Fernando Savater, que había dejado claro su apoyo a Isabel Díaz Ayuso. Todavía, pasados unos días, abría mi colaboración en EL MUNDO, titulada genéricamente Desde Mallona, diciendo que nunca había faltado al núcleo moral del compromiso que supone la afiliación a un partido político.

No hay motivos, no puede haber confusiones. Solo los nervios, la angustia por el resultado electoral del PSM (PSOE) o una falta espectacular de información pudo dar lugar al mal entendido. Si, después de tantas aclaraciones públicas, no se enteraron, sólo puedo pensar que ni siquiera leen los periódicos y así me explico algunas decisiones incomprensibles de los últimos tiempos, que algunos achacaban a genios mefistofélicos, siendo sólo las que producen la desinformación, la soberbia o el despecho.

Ya va para 20 años que dejé todas mis responsabilidades políticas. En aquellos años, ETA asesinaba con una frecuencia insoportable y había dirigido su siniestro objetivo a los cargos públicos del PP y del PSE. El PNV de Arzalluz hacía exuberantes y nauseabundas declaraciones, atenuando la importancia de lo que sucedía o, directamente, comprendiendo a «los chicos de ETA». Quedan como recuerdo, tristemente imborrable, el sabotaje nacionalista a la manifestación en repulsa por el asesinato de Fernando Buesa y la contramanifestación en Portugalete cuando nos movilizamos por el asesinato del policía autonómico Iñaki Totorica; de aquel terrible boicot a los pacíficos manifestantes, que nos obligó a socialistas y populares a buscar refugio en el ayuntamiento ante la furia descontrolada de los manifestantes nacionalistas, fue testigo sorprendido el ex presidente Rajoy. Pero también deberíamos recordar la frialdad, el cinismo, la socarronería, a la vez campechana y despectiva, de algunos máximos dirigentes del PNV con las víctimas del PP. En aquel tiempo, compadreaban envalentonados en el País Vasco la ignominia y el asesinato; la una siempre comprendida por una parte de la clase política española, que veía al PNV como la llave de la paz, cuando en realidad era la cerradura que obstaculizaba cualquier solución; el otro, el asesinato, convertido por su trágica repetición en costumbre.

En ese marco hice lo que tenía que hacer: no quedarme quieto ante el terrorismo etarra y contestar a quienes, de una forma artera, les justificaban o callaban a la espera de algún beneficio político. Por aquellas fechas hice la propuesta de un pacto antiterrorista entre el partido que gobernaba, en aquellos momentos era el PP, y la única formación política que le podía sustituir, el PSOE. La idea central era enviar a ETA un mensaje claro, diáfano y radical: gobernara quien gobernara, en España la política antiterrorista no cambiaría. Así desaparecería la esperanza etarra de negociar con unos o con otros según les conviniera, además de dividirnos y debilitarnos, al convertir el terrorismo en una cuestión de política partidaria. Trabajé paralelamente para sustituir al PNV en el Gobierno vasco. Con el PP coincidíamos en la defensa de la paz, la lucha por la libertad; también coincidíamos en ser objetivo de ETA, y en el apoyo a la Constitución del 78, que nos permitió ser ciudadanos en la nación española por primera vez después de 40 años de dictadura. Con el PNV nos unía una posición antifranquista en el pasado y unos intereses más o menos vagos en la política española. Era muy descompensado el balance para dudar. Era muy dramática la situación para no decidir por conveniencias tácticas. Era mucho lo que nos jugábamos para olvidarlo por un compañerismo nostálgico y enaltecido por el paso del tiempo.

Como sabía, sin embargo, que jugaba contra corriente en la vida orgánica del PSOE, basé toda mi argumentación en una premisa simple, sencilla, cierta, democrática y con solvencia moral: antes que afiliados a unas siglas, por muy honorables que fueran, somos ciudadanos; es más, la afiliación libre, sin necesidad de heroísmos, se puede realizar justamente porque antes somos ciudadanos. Y nuestra obligación ciudadana era enfrentarnos a ETA y oponernos a los que a la espera de algún beneficio contemporizaban con los entornos de los terroristas. Creo que, en aquel momento, empezamos a luchar más por la libertad que por la paz. La primera se conquista, al fin y al cabo; la segunda se podía y se suele negociar. Eso hicimos con desigual éxito político, pero absolutamente seguros de estar haciendo lo que teníamos que hacer, por encima de conveniencias partidarias o de intereses coyunturales.

Perdimos y preferí irme a que me echaran o, lo que es peor, que me hicieran comulgar con ruedas de molino contrarias a lo que pensaba y representaba. Algunos pueden cambiar sus principios, yo tengo pocos, pero me es imposible sustituirlos. Desde entonces, sin cargos orgánicos ni políticos, recuperada mi libertad, he venido defendiendo unas cuantas cuestiones básicas: en España, por nuestras características históricas, es imprescindible el pacto de los grandes partidos en un número importante de cuestiones políticas que afectan a las bases de nuestra convivencia. La política debe ser moderada y reformista. Los nacionalismos no deben ser determinantes en la política nacional. También que la política buena es la que no depende de los extremos. Todo esto lo he hecho siempre con respeto máximo a las personas, más si éstas son dirigentes del PSOE.

ESTO LO defendí con Zapatero, lo hice también con Rubalcaba y lo he hecho con Sánchez, al que apoyé con entusiasmo mientras se negó a ser abrazado por Podemos. Esta posición no obedece a la búsqueda de un ajuste de cuentas con nadie, ni siquiera contra los que en su momento orquestaron campañas de aislamiento y/o difamatorias; menos lo es con Sánchez, que por su edad no fue protagonista de aquella etapa. Tampoco es por mi parte un conflicto generacional. Es la expresión en todo tiempo y lugar de mis opiniones, posibilidad que me ofrece ser ciudadano de un país democrático y que no impide el hecho de estar afiliado a un partido.

No he pedido el voto para otro partido. He expresado mi oposición al Gobierno del PSOE con Podemos. He hecho público mi rechazo a que el Gobierno de España dependa de un partido que decide su estrategia en la cárcel, por estar sus dirigentes presos por delito de rebelión. He mostrado mi resistencia a que los Presupuestos del Gobierno de España se apoyen en un partido como HB-Bildu. ¡Sí! Estoy en contra de esa política que divide a la sociedad y que nos devuelve al pasado. Hasta ahora, hacer esta defensa de mi idea de la política de progreso era compatible con mi afiliación. Pero si me veo obligado a elegir entre la consigna y la razón, entre la libertad y la arbitrariedad, entre la afiliación y la ciudadanía, saben ustedes de sobra dónde estaré.

Nicolás Redondo Terreros fue secretario general del PSE.

08 Mayo 2021

En defensa de Leguina y Redondo

Tomás Gómez

A ambos les echan por tener opinión propia, no por no ser socialistas sino por no ser sanchistas.

El título de esta tribuna, en realidad, es inapropiado porque estos dos veteranos, mentores de muchos socialistas, se defienden solos mucho mejor de lo podamos hacerlo cualquiera de nosotros.

Sin embargo, creo que es necesario escribirla y hacer explícito lo que pensamos muchos en el PSOE porque, precisamente, el problema del partido es el silencio. Pedro Sánchez intenta acabar con la libertad para opinar, criticar o apoyar algo que no sea su propia persona eliminando a los que quieren pensar por sí mismos.

Si no rectifica, y decide que el expediente termine en una expulsión, sería una infamia y un tramo más de esa espiral de corte dictatorial en que se ha instalado Sánchez.

Nombra y cesa responsables orgánicos a su antojo, ha eliminado órganos de debate interno en los que se pueda ejercer el derecho constitucional a militar activamente y participar de las decisiones del Partido Socialista y a quien se le ocurra contravenir su venerada persona, será cesado, expulsado y, muy probablemente, activará todas sus influencias mediáticas para desacreditarlo públicamente.

A continuación será eliminado de la historia del PSOE, desaparecerá hasta de las fotografías oficiales. No es algo genuino, como nada en Sánchez, es una invención de Stalin.

Conocí a Nicolas Redondo en la campaña electoral vasca del año 2001. Algunos socialistas madrileños fuimos a apoyar su candidatura y a dar cobertura a los territorios vascos.

En ese tiempo, muchos compañeros, concejales, diputados o militantes de base estaban amenazados por ETA, a los alcaldes socialistas, que habían sido elegidos por mayorías holgadas, sus vecinos no les saludaban en la calle para no comprometerse, incluso recuerdo que conocí a uno de ellos cuya hija estaba embarazada y el feto estaba amenazado por la banda terrorista.

Personas como Nicolás defendían nuestros principios exponiéndose a un tiro en la nuca.

Joaquín ha sido el único socialista que ha presidido la Comunidad de Madrid. Cambió la región poniendo en marcha el Consorcio de Transportes, el ingreso madrileño de integración o dio, junto a Tierno, alas a la movida madrileña. Con él, a Madrid solo le faltaba playa, llegaron a cantar los rockeros.

No les echan por una foto con Ayuso, les echan por tener opinión propia, no por no ser socialistas sino por no ser sanchistas. En su despotismo sin ilustrar, ha apartado a hombres y mujeres solventes y con bagaje incorporando en su lugar a mercenarios a sueldo como Iván Redondo que estando a sueldo del PP extremeño persiguió política y personalmente a Fernandez Vara o Irene Lozano, que debe una petición de perdón por los insultos a los socialistas cuando era la dama de compañía de Rosa Díez.

Es necesario defender públicamente a Redondo y Leguina porque, no hacerlo es colaborar con una organización en la que el silencio y la paz interna se consiguen a través de la amenaza y del miedo a la destitución o a la expulsión.

El PSOE ha sido secuestrado por un grupo de mediocres que campan a sus anchas con sus intelectos menudos y destornilladores en mano para abrir cerraduras y hacer genuflexiones ante el amo.

Si Redondo y Leguina son apartados, algunos nos iremos con ellos.

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