2 agosto 1911

Luis Antón del Olmet será el nuevo director del periódico católico

Dimite el director de EL DEBATE, padre Basilio Álvarez Rodríguez, tras la prohibición del propietario Cristobal Mataix Soler, de que acepte duelos

Hechos

El 2.08.1911 se hizo pública la dimisión de D. Basilio Álvarez como director del diario EL DEBATE.

Lecturas

D. Basilio Álvarez Rodríguez dimite como director de El Debate por denegarle su empresa que pueda aceptar lances. Con él abandonan el periódico D. Alfonso Alcalá, José Casado y D. Venancio Meruéndano.

D. Basilio Álvarez ha estado un año al frente de El Debate marcado, en su etapa final, por su pelea física con el Sr. Serrano Anguita.

CARTA DE DESPEDIDA

Muy señor y distinguido compañero:

Al Sr. Mataix (D. Cristobal) propietario de EL DEBATE, pero que es menos entendido que el sereno de mi barco en rudimentos de Doctrina Cristiana, se le había metido en la cabeza, que yo, director del referido diario, tenía que hacer la vista gorda en cosas de duelos. Sé positivamente que el humilde funcionario que me abre la puerta tiene una vaga idea del Padre Astete.

Pensaba el muy culto propietario que tal publicación podía llevar el hermoso apelativo de católico con la correspondiente censura eclesiástica, y todo, sin perjuicio de que sus redactores se batiesen cuando lo tuvieran por conveniente.

Y naturalmente, si eso ha de ser, será desde luego, con la renuncia de mi cargo que acabo de presentar con carácter irrevocable, y que quiero hacer de una manera pública para que las gentes que no me conocen y vienen leyendo EL DEBATE no se puedan llevar a engaño.

Tranquilo llegue a EL DEBATE y tranquilo vuelvo a mi casa. En esa hoja diaria queda bien acusada mi modesta personalidad. Por el ar´ticulo de fondo que escribí desde el primer día de su existencia hasta hoy, con escasas excepciones, pues, no llegaron a doce los días que dejo de hacerlo durante los diez meses que cuenta de vida, pasó un sacerdote católico, y est, lo digo con orgullo, es el único timbre que entiendo puede envanecerme.

Esas farándulas de lances, sobre estar condenadas por la Iglesia, repugnan por ridículas a mi seriedad. Y si además, la farándula se repite como ahora, con recalcitrante contumacia – adrede empleo el pleonasmo – sería cosa de estar loco, para continuar.

Que aprendan los amigos del bailoteo, los impúdicos que tienen las bravas despachaderos de pedir perdón hoy, para reincidir mañana, la lección que les da el socialista García Cortés, negándose a la perpetración de tal farsa por no menoscabar sus ideales.

Ellos, los duelistas pueden ser amigos de su romancero y del lustre caballeresco que unos cursis elevaron al rango de tópico. Eso será respetable, yo entiendo que no, pero para los católicos lo es indudablemente más el Romancero de la Biblia trazado por el dedo divino. Y sobre todo a lo que no hay jamás derecho es a traicionar a los lectores, rompiendo el contrato estableciendo al pisotear la bandera católica.

Y eso no sé hacerlo yo. Ni sé que ello sea necesario para ser periodista, pero si ello fuera, conste que ante que periodista a precio tan vil, nunca como hoy puedo sentirme tan enorgullecido al dar estruendo a esta confesión de católico a macho y mártir, porque si de aquella manera sucediese, mi mayor baldón consistiría en haber sido un sólo día periodista.

Muchas gracias por esta molestia que le irrogo, señor director, y crea firmemente en la gratitud de su afectísimo seguro servidor q. l. b. l. m.

Basilio Álvarez

Con D. Basilio Álvarez han salido de EL DEBATE los redactores D. Alfonso Alcalá, D. José Casado y D. Venancio Meruéndano.

El Debate iniciaría una nueva etapa en noviembre con un nuevo propietario. 

El Análisis

Un sacerdote y el honor en juego

JF Lamata

La carta de dimisión del padre Basilio Álvarez como director de El Debate revela un conflicto profundo entre los ideales cristianos y las prácticas tradicionales de honor. Álvarez, con su característico fervor, se enfrenta a la idea de si un periódico católico debe permitir a sus redactores batirse en duelo, una práctica contraria a la doctrina cristiana. «Esas farándulas de lances, sobre estar condenadas por la Iglesia, repugnan por ridículas a mi seriedad», escribe Álvarez, evidenciando la controversia.

Este episodio resalta una contradicción sorprendente: un sacerdote, líder espiritual y moral, se encuentra en la absurda situación de le supongo quebranto no poder participar en duelos. Reconociendo que el verdadero honor debería residir en mantenerse fiel a sus convicciones religiosas y no en someterse a códigos de conducta arcaicos que no se alinean con su fe. Su renuncia subraya un punto crucial: ser periodista y católico no debe implicar comprometer principios éticos fundamentales. Ante un contexto mediático que aún no comprendía estos rudimentos de la doctrina cristiana, la salida de Álvarez y su equipo es un firme recordatorio de que la integridad y la coherencia moral deberían ser más valiosas que cualquier posición editorial.

J. F. Lamata