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EL HERALDO DE MADRID da por muerto a EL DEBATE después del incidente

Agresión entre periodistas: el director de EL DEBATE, padre Basilio Álvarez, abofetea al redactor de ESPAÑA NUEVA, Serrano Anguita

HECHOS

El 31.05.1911 se hizo pública una agresión en el congreso de los Diputados del director del periódico EL DEBATE, D. Basilio Álvarez al redactor del periódico ESPAÑA NUEVA D. Francisco Serrano Anguita.

EL AGREDIDO

 El periodista D. Francisco Serrano Anguita fue agredido por el director de EL DEBATE, que se consideró injuriado e insultado por los artículos de este en el diario ESPAÑA NUEVA.

EL HERALDO DE MADRID DA POR MUERTO A EL DEBATE

 El periódico EL HERALDO DE MADRID, propiedad de la Sociedad Editorial (‘El Trust’) y dirigido por D. José Rocamora, publicó el 1 de junio una breve nota en la que aseguraban que el periódico EL DEBATE había muerto, y señalando como ‘asesino’ del mismo al padre D. Basilio Álvarez. (El periódico no había sacado edición el día 1, lo que disparó los rumores sobre un posible fin del periódico en un momento en el que se negociaba un cambio de propiedad).

Cristianos sí, pero cobardes no

EL DEBATE (Director: Basilio Álvarez)

2-06-1911

Anoche han tenido para nosotros las circunstancias, una gran perfidia. Pocas voces se han visto nuestras almas de católicos, de periodistas, de hombres en trance tan cruel.

Pesaba sobre nosotros la situación de un querido y respetado compañero, que urgía poner en claro. Pesaban las viles acusaciones de una Prensa deslenguada y embustera, que se había entretenido en calumniar a un sacerdote, empleando contra su dignísima persona toda suerte de inconcebibles groserías. Teníamos muchas cosas que decir. Nuestras plumas, inflamadas por una indignaci´n justa y violenta, rasgaba el papel con esa celeridad viril que va impulsada por el ultraje recibido. Y de pronto inopinadamente, con la frialdad de lo que no tiene remedio, nos avisan que la avería de una máquina impide en absoluto la salida del periódico.

Pero no es mucho haber perdido veinticuatro horas si al fin las plumas han de correr libremente. Vayan nuestras razones de hoy, acaso más serenas, más definitivas por las razones de ayer.

Vivos, enteros, como siempre, salgamos al paso de los acontecimientos y pongamos las cosas tan diáfanas y terminantes como han de menester.

Dos cosas nos interesa mucho tratar. Una, es Basilio Álvarez; otra, la Prensa enemiga y especialmente la Prensa radical.

Es cierto, Basilio Álvarez, nuestro querido compañero, sacerdote ejemplar, escritor ilustre, inteligencia luminosa, corazón ardientísimo, que late siempre al ritmo de las buenas y nobles cosas, le ha pegado en los pasillos del Congreso a un escritorcete audaz que, desde cierto periódico republicano, le había dirigido insultos inaguantables.

No queremos repetir estos instintos, porque sería otorgarle demasiada trascendencia periodística a la baba de un renacuajo. Pero sí debemos consignar que los insultos fueron violentísimos, inopinados, y por lo mismo que iban dirigidos a un sacerdote, cobardes. Seguramente, quien tal intrepidez se permitió, contaba con la impunidad. Ese mocoso, que había ofendido recientemente a una mujer, creyó que al injuriar a un sacerdotes lo expondría la vergüenza, pensando que los curas, por llevar faldas como las mujeres, no ponen las muelas en grave riesgo.

Fue víctima de una equivocación seria del estado en que se hallan sus maníbulas, nadie mejor que el aludido joven podrá testificar; de que los puñetazos fueron contundentes, ha salido fiadora toda la Prensa de Madrid

¿Hizo bien nuestro entrañable compañero? No, indudablemente. Basilio Álvarez, que ante todo es sacerdote, y sacerdote muy celoso en el cumplimiento de sus altos deberes, ha sido el primero en lamentar lo sucedido. Fue un momento de cólera, que, aunque muy justa, muy humana, ha tenido que producir en su ánimo cierta melancolía inevitable. Sépase, pues, que el sacerdote no intervino para nada en el suceso. Fue simplemente el hombre, el hombre, que al fin lo compuso Dios de barro, y que cuando lo injurian brutalmente, deja que sus manos se las lleve el viento hacia la boca que agravió.

Nosotros respetamos la tristura del sacerdote, pero aplaudimos la decisión del hombre. Hay una razón de corporalidad de materia que así lo reclama. Y hay, sobre todo una razón suprema que lo exige.

Es preciso defenderse. En estos días en que la turba republicana, la turba tal vez sin nombre, pero unida por su ausencia de Dios, de orden social, enemiga del régimen, acaparadora del insulto y sobre todo de la ofensiva; en estos días de verdadera crisis, en que todo aparece amenazado entregarse a la violencia de tales cínicos, soportar pacientemente sus ataques resignarse a vivir con vilipendio, es disminuirse, extinguirese, anularse… Por mucha razón que tenga un hombre a quien están abofeteando, caerá desfallecido muerto, si el bárbaro golpeador puede seguir a su antojo la obra homicida.

Es preciso defenderse. En estos días en que arrecian, cada vez con mayor versania los ataques contra lo nuestro, contra la Religión, contra sus ministros y seguidores, contra el orden social, ¿nos cruzaremos de brazos, impotentes, cuando se nos rala el alma y hasta la carne? Sería resignarse a morir. Y como no queremos perecer ni dejar perecer todo lo que constituye nuestro ideal, encontramos la defensa, llámese puñetazo, mamporro, puntapié, bofetada, perfectamente lógica, perfectamente necesaria.

Y ahora digamos algunas verdades a la Prensa que calumnió a nuestro compañero.

Basilio Álvarez no ha promovido jamás ningún altercado en parte alguna. Es hombre prudente, cortés, afectuoso, incapaz de atropellar a nada ni a nadie. Jamás ampoco ha sido echado de parte alguna. Es incapaz de haber dado motivo para ello, como somos nosotros incapaces de tolerar que sin razón se nos arroje de lugar ninguno. Nuestro compañero no atacó a su víctima por la espalda, sino que le previno a la defensa, sin que con esto queramos decir que se midieran pasos ni se hicieran esas cosas que se hacen en los duelos de cámara. Lo que ocurrió es que el periodistilla radical, que por algo injuria a las señoras, se acoquinó, rompiendo a llorar modestamente.

Esta es, monda y lironda, la verdad de los hechos. Queden, pues, contestadas las miserables calumnias de esa Prensa contra el digno y valiente sacerdote.

Y ahora, para terminar, un ligero resumen.

Estamos aquí para defender a Dios, a la Iglesia, al orden. Odiamos como personas cristianas e inteligentes, la zalagarda y sobre todo la riña. Pero si el cumplimiento de nuestro deber marca un camino, por áspero que sea delante de nuestro espíritu sabemos acudir a todo, a todo, a todo.

A propósito de una agresión

ESPAÑA NUEVA (Director: Rodrigo Soriano)

2-06-1911

EL DEBATE que ha vuelto a publicarse hoy, dedica su artículo de fondo a relatar de una manera absurda la canallesca agresión de que fue objeto nuestro compañroo de redacción Francisco Serrano Anguita por parte de un sacerdote llamado Basilio Álvarez.

ESPAÑA NUEVA no quiere descender a discutir con la gente de EL DEBATE. Sería hacerles un honor demasiado grande. Baste saber que toda la Prensa, salvo escasas y muy justificadas excepciones ha referido la agresión por la espalda a nuestro redactor de la misma forma que lo hicimos nosotros.

Casi pudiéramos decir que nos alegramos del cobarde ataque porque, con motivo de él, ha recibido ‘Tartarín’ innumerables demostraciones de afecto por parte de compañeros queridísimos, así monárquicos como republicanos como carlistas. Porque no hay criterios políticos que separen al os hombres cuando éstos tratan de reprobar una agresión indigna de quien se titula caballero.

No nos sorprende lo que dice hoy EL DEBATE. Contra sus palabras están las de cuantos declararon ante el conde de Romanones relatando la forma villana en que se atacó a nuestro entrañable compañero. Lo que sí nos extraña es que algunos periódicos acojan la versión del suceso dada por los clericales, admitiendo que ‘Tartarín’ injurió al llamado Basilio, cosa totalmente inexacta. Podemos reproducir lo que aquel escribió. Sostenemos, además, que ca cierto lo dicho por Serrano de que ese Álvarez ha ido al Congreso en traje de seglar, acompañado del Sr. Antón del Olmet, la noche que se dio por terminado el debate Ferrer. ¿Es o no verdad? ¿Jura por Dios el Sr Basilio que mentimos al decir esto? Tenemos testigos que sostendrán los que afirmamos.

Esos periódicos que acogen la suposición de que ‘Tartarín’ injurió a Álvarez ¿por qué no han protestado de las groserías que se han dicho en EL DEBATE contra Soriano y otras personas decentes, de las calumnias y de las injurias que han asomatado sobre él unos cuantos sujetos llenos de bilis? ¿O es que a los clericales puede admitírseles todo género de insultos sin que les sea permitidos a los insultados devolvérselos?

Esto es lo que preguntamos y a esto quisiéramos que se nos contestase.

A nuestros abonados

EL DEBATE (Director: Basilio Álvarez)

2-06-1911

Una pequeña avería en las máquinas momentos antes de tirar EL DEBATE fue causa de que este no saliera ayer.

Rectificado de momento y felizmente el daño, hoy salimos a la calle contentos y dispuestos a seguir trabajando por nuestras ideas católicas con más fe que nunca.

El HERALDO DE MADRID dice que EL DEBATE murió a consecuencia de los palos que D. Basilio le atizó al redactor de ESPAÑA NUEVA. Pero ¿tanto estorbamos a los periódicos del ‘trust’ que ya se alegran de nuestra muerte?

¡Oh, dulce compañerismo! Pero, no; por ahora no morimos. Los muertos que EL HERALDO mata gozan de buena salud. Mejor que la de Serrano, el redactor radical que insultó a nuestro compañero.

Los curas que pegan

HERALDO DE MADRID (Director: José Rocamora)

31-05-1911

Un sacerdote ha agredido en el Congreso al Sr. Serrano Anguita. En un caso de acción intermental, como diría Tarde.

Puesto que se habla en el salón de sesiones de golpes y de tiros y han dado ejemplo los jaimistas catalanes de que no son mancos, ¿por qué no acogotar al prójimo? Se ha dicho el director de EL DEBATE y con su ropa talar ha descargado es un pasillo de la Cámara baja puñetazos sin cuento sobre la cabeza de turco de malhadado poeta.

¡Válanos Dios! No tiene el cura D. Basilio la humildad del santo su homónimo honor y lustre de la Iglesia católica. Pero no merece la pena que le han impuesto sus censores. ¿Qué mayor castigo para un clérigo que el sonrojo que ha de causarle su conducta cuando piense a solas que ha obrado sin caridad, sin dignidad y sin prudencia?

La ropa talar debe tener la virtud os hacer cuerdos a los locos, sensatos a los imprudentes, pacíficos a los coléricos, sanos de corazón a los que se dejan arrebatar por las pasiones.

Un cura de manos sueltas y de lenguas libre es una aberración. Si manos blanca no ofenden, tampoco pueden ofender menos que bendijeron.

Al gran Lope lo desafió un temerario y el Fenix de los ingenios de España echó a andar como si aceptase la provocación pero fue a decir misa.

No se dirá de este buen sacerdote que golpea e injuria lo que Góngora escribió del autor de La Dorotea:

“Dichome han por una carta que es tu cómica persona entre los manteles mona y entre las sábanas, Marta”

Pero ¿no parece falta de sentido y alocamiento juvenil indisculpable la agresión sacerdotal que se ceba en un mozo de pocos años porque escribe con áspera pluma.

Repugnante tipo el del cura matón. Tan repgunante como el de ‘la que con vidrio y pez se rapa el bozo’ y se las echa de valiente con el sexto contrario, porque esas dos raras especies zoológicas obran sobre seguro y cuentan con la impunidad.

¿Quién devuelve el golpe a un cura? ¿Quién no repite a una agresora temeraria las palabras de Calomarde?

Pero las cosas, naturalmente, tienen un límite y si los que llevan ropa usque astatus dan en la flor de golpear, ‘habrá mientas como puños y habrá puños como mientes’ en cuanto los tonsurados levanten la voz contra los intonsos y sin aplechs jaimistas van a encontrarse muchos con las hormas de sus zapatos.

Moderen su s ímpetus los curas escritores. Los que faltan al respeto que a sí mismos se deben por su representación social, pierden el derecho a ser respetados.

El que pega dimite de la razón. Lengucorta y manos largas no convienen nunca al orden del sacerdote.

Para obrar como D. Basilio hay que dejar que pueble el pelo el occipucio y desceñirse la sotana. Sólo de esa suerte se derriba con gesto de gallardo talance el obstáculo que encuentra el agredido entre su persona y la del que lo ataca.

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