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El locutor de la COPE carga contra el periodista argentino calificándole de 'zote' y 'bobo austral'

Ekaizer (PRISA) desvela que el Rey y Esperanza Aguirre Gil de Biedma discutieron por el locutor Jiménez Losantos (COPE), amigo de la política

HECHOS

El 21.10.2007 el diario EL PAÍS aseguró que la presidenta de Madrid, Dña. Esperanza Aguirre había pedido al Rey D. Juan Carlos I, que le diera un trato más humano al Sr. Jiménez Losantos.

Entre los que el comentarista de la COPE, D. Federico Jiménez Losantos, consideraba sus enemigos se encontraba ni más ni menos que el propio rey de España, don Juan Carlos I al que acusaba de no impedir que “Zapatero se cargara España”. Según el comentarista, si el Rey no era capaz de impedir el ascenso del nacionalismo y del indepentismo debía abdicar así lo pidió ante sus micrófonos en un momento en el que los independentistas catalanes de extrema izquierda salían a las calles de Gerona a quemar las fotos del Rey. En su tarea de cuestionar al monarca ayudó don Luis Herrero, que publicó un libro atribuyendo maldades del monarca contra el Duque de Suárez.

¿Y qué opinaba el Rey? Pues el periodista del Grupo PRISA, don Ernesto Ekaizer, hizo público el 21 de octubre de 2007 en EL PAÍS – el día en que el periódico estrenaba un nuevo formato – una supuesta conversación mantenida por S. M. con la presidenta de Madrid, doña Esperanza Aguirre, el 11 de octubre en una cena en presencia del Sr. Rodríguez Zapatero. “No os va a gustar lo que os voy a plantear, pero creo que hay que darle un trato humano a Jiménez Losantos”, comentario que inquietó al Rey “¿Cómo? ¿Más trato humano que el que doy a todos?”, la presidente regional insistió, “La Casa Real y La Moncloa deben darle un trato mejor, no discriminarle”, “Es a mí a quién tiene que dar un trato humano ¿pero esto que es? ¡Es intolerable! Que  Rouco  rece menos por  mí y  se ocupe más  de  la  Conferencia  Episcopal  que  controla  la COPE”.  El   objetivo  del  artículo  de EL PAÍS no  era  ni el  Rey  ni  el comentarista sino doña Esperanza Aguirre, que quedaba representada como la protectora política de la Cadena de Ondas Populares.

JIMÉNEZ LOSANTOS DESDE LA COPE: «¡EKAIZER ES UN BOBO ARGENTINO, VUÉLVETE A TU PAÍS!»

losantos_COPE El Sr. Jiménez Losantos arremetió contra el periodista del Grupo PRISA Sr. Ekaizer por aquella publicación desde su programa ‘La Mañana’ de la COPE la mañana del 22.10.200 aludiendo a su origen argentino: «eres un bobo austral que no distingues el tuteo, del voseo y el ustedeo. Eres un zote, un zopenco, que lo mejor que puedes hacer es volverte a Argentina ¿lo entendes vos?». No era la primera vez que el Sr. Ekaizer era blanco de críticas por su nacionalidad, cuando en 1997 acusó de prevaricación al juez Coronado, este tras declarar cargó contra el periodista al que definió como “sudaca de mierda”. Al día siguiente, el editorial de EL PAÍS se titulo “Todos somos sudacas”.

LA TV DEL GRUPO PRISA ARREMETE CONTRA LOS DUEÑOS DE LA COPE POR PERMITIR LOS EXCESOS DE LOSANTOS

 zap_iñaki_gabilondo_noticias_cuatro El 22.10.2007, en el informativo de las 21.00 del canal de televisión del Grupo PRISA, el canal CUATRO, D. Iñaki Gabilondo, arremetió contra la Conferencia Episcopal, grupo propietario de la mayoría accionarial de la Cadena COPE por permitir los excesos del Sr. Jiménez Losantos. «Que s observe su gigantesca hipocresía, piden concordia y paz, y lo que hacen es vender veneno y discordia y lucrarse con ello». El Sr. Gabilondo, sin citarle, criticó al Sr. Jiménez Losantos definiéndole como un ‘gracioso de casino’ que se burla de todos y de todo con un complejo de superioridad que sólo se tiene cuando se huye de un complejo en sentido contrario.

ERNESTO EKAIZER EN ‘LA NORIA’: «JIMÉNEZ LOSANTOS FUE UN GRAN ADMIRADOR MÍO»

noria_losantos05 En el programa ‘La Noria’ de TELECINCO (propiedad de Mediaset) del 27.10.2007 se analizó el conflicto, del Sr. Jiménez Losantos con el Rey y entre los tertulianos presentes estaba D. Ernesto Ekaizer, que, al ser preguntado sobre los insultos del Sr. Jiménez Losantos, aseguró que «no le interesaba» polemizar con el Sr. Jiménez Losantos, aunque sí dijo que el locutor de la COPE «había sido un gran admirador suyo» y que nunca olvidaría los grandes elogios que le lanzó desde ANTENA 3 tanto a él como a su gramática.

25 Octubre 2007

Jiménez Losantos

Martín Prieto

Lo más llamativo del nuevo maquillaje de El País es la transmutación de Ernesto Ekaizer en cronista de almuerzos reales con Jiménez Losantos como piedra de escándalo. Es muy saludable que el Rey se cabree mientras no lleve a los hechos sus palabras. El Rey representa El Rey que rabió. Losantos no se desayuna cada mañana pidiendo la abdicación del Monarca; lo ha hecho unas pocas veces, en años y con algún circunloquio. No invita a sus oyentes a tomar la Bastilla, pero como siempre dice lo que piensa a veces no piensa lo que dice, porque para la abdicación no es el tiempo, ni hay ganas, ni sería el Príncipe la mejor solución para los problemas que nos afligen. Empero cualquier ciudadano está en su derecho de pedir la abdicación de Don Juan Carlos y hasta de fundar un partido abdicatorio con ese único fin.

La Cope no molestaba cuando sus emisoras desconexionadas rezaban el Ave María o daban charlas pías. La actual Cope es la segunda cadena de radio pese a sus mermados medios de transmisión, y sus enemigos la comparan con la hiperpolitizada Radio María, bastión de la derecha polaca. Las jaurías que persiguen a Losantos no van por sus huesos informativos sino por la Conferencia Episcopal. Expulsado Losantos a las tinieblas exteriores le seguirían Ignacio Villa, jefe de los Informativos, y César Vidal, conductor de La Linterna. Tres patas del mismo banco cuya ausencia dejaría la Cope gravemente quebrantada. Si tales sucesos se produjeran, tras el almuerzo real, bien podría repetirse aquello de que el impulso fue soberano. Si el Rey cree en la libertad de expresión no debe usar un almuerzo institucional para borbonear a nadie.

Empezamos por el lavado de fachada de El País que ve cómo le roen los calcañares. En sus tiempos fundacionales había un subdirector que lo primero que leía era la mancheta, por si había mudado su posición en la empresa. Hoy la mancheta ha adelgazado tanto, ha quedado tan jerarquizada, que no merece la pena consultarla. Tras mucho esperar a Forges le llegó su hora en la página noble, y el gran Máximo está ausente en las manos de Dios. El diseño original era del alemán Reinhard Gad con muchas barbas, muy serio, sin concesiones, casi prusiano. El blanco y negro era una opción, no una necesidad. La tilde de país se suprimió para dar limpieza a la cabecera y ahora aparece en azul manchando demasiado.

El subtítulo Diario independiente de la mañana, que tantas bromas produjo, cambia por El periódico global en español sin que se sepa bien si alude a la globalización o al globo terráqueo. El auténtico «cambio» del periódico lo simbolizó Jesús de Polanco en su última comparecencia pública anunciando el despido de Hermann Tertsch por su antizapaterismo. La alegre «independencia» del diario duró los tres primeros años, los suficientes para que empezara a ganar dinero y Polanco a urdir negocios fraternales con el partido socialista.

22 Octubre 2007

El Rey, la presidenta y el periodista impertinente

EL MUNDO (Director: Pedro J. Ramírez)

El pasado 11 de octubre, víspera de una Fiesta Nacional rodeada de serios motivos de preocupación y debate, tuvo lugar un almuerzo institucional del que sólo se ha hecho trascender una polémica lateral que nos distrae de los grandes asuntos en juego. Delante de testigos tan cualificados -y a lo que se ve indiscretos- como el propio presidente del Gobierno, el Rey Juan Carlos expresó al parecer algunas quejas sobre el director del programa La mañana, Federico Jiménez Losantos, sugirió que la Conferencia Episcopal, propietaria de la Cope, debería estar más pendiente de sus opiniones y criticó que Telemadrid le hubiera entrevistado.

Así como EL MUNDO se limitó ayer a recoger el sentido general de las palabras del Rey, otro diario nacional ofreció una supuesta transcripción literal de las mismas, lo cual fue acogido con «sorpresa y asombro» por la Casa Real, toda vez que no había «ni micrófonos ni grabadoras». Bien porque se diera por aludida por lo de Telemadrid, bien porque sintiera que se ponían a prueba sus convicciones liberales y monárquicas, la presidenta de Madrid Esperanza Aguirre, intervino en defensa del aludido y comentó que «lo peor es quitarle el micrófono a un periodista».

Si algo ha caracterizado su reinado, ha sido el compromiso de Don Juan Carlos con la defensa de las libertades y muy concretamente con la de expresión. El Rey ha estado próximo a los periodistas y los periodistas siempre se han sentido tutelados por el Rey. El «Rey de todos los españoles» ha sido, en la práctica, el «Rey de todas las opiniones». Sólo la mezcla de su tantas veces elogiada espontaneidad y el caldo de cultivo que algunos cortesanos gubernamentales fomentan en su entorno, explican el cambio de registro, en este caso.

Es cierto que Jiménez Losantos, columnista también de este periódico y uno de los comunicadores más brillantes y con mejor base cultural de su generación, ha formulado críticas contra el jefe del Estado que en la mayoría de los casos nos han parecido francamente exageradas. No existe ninguna base sólida para pedir la abdicación del Rey; y hacerlo, además, cuando se defiende con vehemencia la unidad de España, es tirar piedras contra el propio tejado. De hecho en un reciente programa Jiménez Losantos, sensible al criterio de gran parte de su audiencia y colaboradores, vino a rectificar ese postulado y hoy mismo lo tilda de «error» en su columna.

Pero todo esto es la letra pequeña del asunto. Si una institución debe mostrar capacidad de encaje ante las críticas es la Corona, en la medida en que representa y aúna el pluralismo de la sociedad. Sólo cuando se traspasan los límites del Codigo Penal, en el que el Rey y su familia cuentan con una lógica protección especial, debe cualquiera sufrir las consecuencias. Pero es obvio que pedir que corra el turno en la línea sucesoria podrá ser un error, una frivolidad o un disparate, pero no un delito.

Tampoco es cuestión de dramatizar porque si el Rey hubiera querido de verdad maniobrar contra el periodista, no lo habría hecho con testigos delante de un mantel. En todo caso son las voces incómodas las que ponen a prueba la tolerancia de los hombres públicos. La reacción de Esperanza Aguirre le honra, pues estamos seguros de que habría actuado igual si la sombra de la censura se cerniera sobre las múltiples voces que todos los días la critican en lo personal y en lo político. El principio volteriano del «no estoy en absoluto de acuerdo con usted, pero daría mi vida para que pudiera seguir expresando esas opiniones» prima sobre cualquier otro en el ánimo de un demócrata.

Para los poderosos Jiménez Losantos es, como suele decirse, un «impertinente». Sus opiniones, tan rotundas como políticamente incorrectas, siempre en el filo de la navaja, no dejan a nadie indiferente. Para su nutrida audiencia, es un comunicador valiente que pone los puntos sobre las íes y llama a las cosas por su nombre. Para sus enconados detractores, es un irresponsable, un profesional del insulto y una fuente permanente de crispación. Lo que nadie puede negar es que frente al sectarismo de medios como la Ser, su programa supone un elemento de equilibrio y contraste dentro del pluralismo informativo.

Detrás de las presiones a la Conferencia Episcopal para que acalle su voz late, de hecho, el interesado propósito del grupo Prisa por erigirse en intérprete monopolístico de la opinión pública democrática. Son los mismos que acabaron con Antena 3 de Radio y los mismos que abogan públicamente por el cierre de EL MUNDO. No hay que olvidar que la Iglesia está, en definitiva, garantizando la libertad en un medio como la radio, al que sólo tienen acceso los bendecidos por las licencias que conceden los gobiernos.

Estamos seguros de que la Corona no cometería el error de asociarse al empeño de acallar a este «periodista impertinente». En primer lugar porque consolidaría la impresión expresada por Aguirre -«si le hubiera criticado Gabilondo, seguro que le habría invitado a comer»- de que la Monarquía trata mejor a las izquierdas que a las derechas, a los republicanos que a los monárquicos, a los que se esmeran en destruir la unidad de la Nación que a los que la defienden todos los días. Esa sensación se abrió camino a propósito de la carta en la que Rosa Díez se quejaba de los gestos especialmente afectuosos de Don Juan Carlos hacia Ibarretxe.

Pero sobre todo porque tal error situaría a la Monarquía no en el ámbito del respeto sino en el del tabú, incompatible con la propia esencia de la democracia. «Si hubiera que elegir entre un Gobierno sin periódicos y unos periódicos sin Gobierno, yo personalmente preferiría seguir leyendo mi diario con el desayuno», advirtió Thomas Jefferson. Sería estúpido que en la España actual alguien tratara de mezclar a la Corona en un dilema parecido. Máxime cuando el Rey ha conseguido que durante tres décadas la Monarquía constitucional sea la mayor garantía de que cada ciudadano pueda decidir libremente con qué periódico o periodista desayuna.

24 Octubre 2007

Mala defensa

Mariano Ferrer

No sé si estarán contentos en El País al comprobar que lo que ha dado que hablar su primer número de la nueva era no ha sido su renovado diseño, ni los reportajes «en profundidad», sino algo tan ligado al viejo periodismo como la filtración interesada de una conversación por parte de alguien tan distinguido (para estar invitado al almuerzo en la Casa Real), como indiscreto (para contar lo que allí se dijo). Estén o no contentos en Prisa, el «sucedido», da juego.

Lo primero es constatar una diferencia en el relato de los hechos, fundamental a la hora de entender tanto la osadía de Aguirre como la irritación real. Según El País, fue Esperanza Aguirre quien se adelantó a interpelar al Rey por su trato discriminatorio hacia Jiménez Losantos. Según El Mundo, Aguirre defendió a Losantos después de haberle reprochado el monarca a ella el espacio concedido en Telemadrid al locutor que, en vísperas de la fiesta nacional española, había dicho que el Rey debería abdicar para salvar la institución monárquica.

Si es verdad, como cuenta El País, que Aguirre quiere «rehabilitar» al locutor y sacarlo de la Cope para llevarlo a Telemadrid, es lógico que ante la crítica real saliera a defenderle. Si fue Aguirre quien se adelantó a insinuar cómo debería comportarse el Rey para no tener problemas con el periodista, es lógico que se irritara el monarca.

Nuestro editorial de ayer considera que la reacción de Esperanza le honra. No entraré en si hizo bien en defender a Jiménez Losantos, ni en si su verdadera intención al defenderle era rescatar al periodista o a una derecha mal ubicada en el frente antimonárquico.Sí creo que no le defendió bien.

En primer lugar no resulta muy creíble oír que «lo peor es quitar el micrófono a un periodista» en labios de quien hace unos meses echó, o permitió que se echara, de Telemadrid por discrepancias políticas al director de Diario de noche, Germán Yanke.

En segundo lugar, aunque hay diversas versiones de lo que literalmente se dijo en el intercambio, todos coinciden en que pidió al Rey un «trato humano» hacia Jiménez Losantos y al replicarle Don Juan Carlos a qué se refería, Esperanza contestó: «A tratarle mejor… por ejemplo invitándole a comer, como hubiera hecho con Iñaki Gabilondo de haber sido éste quien criticara al Rey».

¿Qué significa eso exactamente? ¿Podemos entender que las críticas de Losantos obedecen a la pelusilla de quien se siente discriminado en el favor real, críticas que estaría dispuesto a envainarse caso de recibir un trato más deferente?

No me parece que Esperanza Aguirre ha hecho ningún favor a su amigo, ni a su profesión.

21 Octubre 2007

Has echado leña al fuego

Luis María Anson

Querida Presidenta…

Siempre has defendido la libertad de expresión, incluso en los tiempos

difíciles de la dictadura. Tu liberalismo es profundo y razonado. Al margen de ideologías y partidismos, te honra que, en defensa de la libertad de expresión, abogues por el respeto al ejercicio profesional de un periodista.

Te equivocaste, sin embargo, querida Esperanza, y gravemente, al exponer al Rey la defensa de ese periodista en una mesa en la que estaban sentados Zapatero y su ministro desatinos. Eres demasiado inteligente para no advertir que tu conversación con el Monarca trascendería, con daño añadido para la Corona, a la que es imprescindible dejar al margen del debate político para que siga siendo útil a todos.

La cosa no podía ser más fácil. Si lo que deseabas era defender a un periodista en el ejercicio de su libertad de expresión, te bastaba con solicitar una audiencia al Rey y, en la confidencialidad de su despacho, exponer tu punto de vista.

En un instante de especial turbulencia, señora presidenta, has echado leña al fuego, sin que yo ponga en duda ni por un momento tu lealtad institucional ni tampoco que tus aciertos tan numerosos están por encima de tus escasos errores. Pero el afecto que siento por ti no puede enturbiar mi pluma en unos días especialmente delicados en que se dispara con bala contra el hombre que facilitó la Transición y que ha defendido siempre, la democracia establecida por la voluntad del pueblo español, y de forma decisiva cuando ordenó a algunos militares sublevados que regresaran a sus cuarteles, salvando así para España el régimen de libertades creado entre todos.

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