14 abril 1968
Los seguidores de la SDS (Estudiantes Socialistas escindidos del SPD) responsabilizan a Axel Springer
El atentado mortal contra el activista socialista Rudi Dutschke lleva la violencia a las calles de la República Federal de Alemania
Hechos
El 13.04.1968 Rudi Dutschke fue herido por disparos y la sede de la Cadena Springer y del periódico BILD Zeitung fue sitiada por ciudadanos durante unas horas.
Lecturas
Springer fundó la revista BILD en 1952.
El 11 de abril de 1968 el activista estudiantil de la República Federal de Alemania, Rudi Dutschke, fue víctima de un atentado, perpetrado por un joven de ultraderecha llamado Josef Bachmann, quien le disparó tres tiros, del que logró sobrevivir, aunque con graves secuelas. Desde la izquierda se acusa al diario sensacionalista Bild de Axel Springer, de haber sido el responsable del atentado por su campaña contra Dutschke al que acusaban de querer introducir el comunismo en la Alemania occidental.
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¿UN PERIÓDICO RESPONSABLE DEL CRIMEN?
En 1972 se produjo el atentado contra Sringer de los de Baader Meinhof.
El Análisis
El atentado contra Rudi Dutschke el 11 de abril de 1968 no solo hirió de muerte al joven líder del movimiento estudiantil alemán, sino que encendió una mecha que prendió de inmediato en el corazón de la República Federal. Dutschke, voz carismática de la oposición extraparlamentaria, había denunciado una y otra vez el conservadurismo de la sociedad alemana y la guerra de Vietnam, convirtiéndose en un símbolo de la nueva izquierda. Pero también se había transformado en el blanco predilecto de la prensa sensacionalista de Axel Springer. Bild Zeitung, con su estilo incendiario, lo retrataba como un agitador peligroso, un traidor influido por el comunismo, un “enemigo interno” que debía ser contenido.
Cuando las balas alcanzaron a Dutschke, muchos de sus seguidores no dudaron en señalar culpables: el clima de odio creado por Bild. Por ello, en las horas posteriores, la ira de los estudiantes se tradujo en manifestaciones que desembocaron en el asedio de la sede del imperio Springer, acusando al magnate de haber alimentado la violencia con tinta y titulares. A ojos de los manifestantes, Springer no era un editor, sino un actor político que, desde Bild hasta Die Welt, había convertido sus periódicos en trincheras de la Guerra Fría.
Frente a Springer, publicaciones como Der Spiegel habían mantenido otra línea: crítica con la derecha, defensora de un periodismo más riguroso y receptivo hacia el movimiento estudiantil, aunque sin identificarse plenamente con él. La fractura entre Springer y Der Spiegel reflejaba la propia grieta en la sociedad alemana: entre un poder mediático que protegía el statu quo y una generación que exigía romper con él. El asedio de las oficinas de Springer fue más que un gesto de protesta: fue la escenificación de que, en 1968, los periódicos eran tanto armas como tribunas en la lucha por el futuro de la RFA.
J. F. Lamata