30 septiembre 1936

El militar recurre a simbología fascista y cuenta con el apoyo de las dictaduras de Alemania e Italia

El bando sublevado nombra al General Francisco Franco Bahamonde nuevo Jefe de Estado en España con poderes de dictador

Hechos

El 30.09.1936 la Junta de Defensa Nacional designó alGeneral Francisco Franco Bahamonde jefe del Estado español

Lecturas

El 1 de octubre de 1936 los sublevados (bando de la derecha en la Guerra Civil española) optan por reemplazar la Junta de Defensa Nacional presidida por el general Cabanellas que funcioaba para liderar a ‘los nacionales’ desde julio de 1936 por un mandato unificado personal en torno a un dictador que controle todos los poderes políticos y militares. El designado por los militares el 30 de septiembre de 1936 es el general D. Francisco Franco Bahamonde.

Para administrar las zonas de España en manos del bando ‘nacional’ el general Franco Bahamonde crea una Junta Técnica del Estado formada por las siguientes personas:

  • Presidente – D. Fidel Dávila Arrondo
  • Comisión de Justicia – D. José Cortés López
  • Comisión de Hacienda – D. Andrés Amado Reygondaud de Villebardet
  • Comisión de Industria, Comercio y Abastos – D. Joaquín Bau Nolla
  • Comisión de Agricultura y Trabajo Agrícola – D. Eufemio Olmedo Ortega
  • Comisión de Trabajo – D. Alejandro Gallo Artacho
  • Comisión de Cultura y Enseñanza – D. José María Pemán Pemartín
  • Comisión de Obras Públicas y Comunicaciones – D. Mauro Serret y Mirete

La Junta Técnica del Estado se mantendrá por dos años con la misión de auxiliar al general Franco Bahamonde hasta su sustitución por un Consejo de ministros en enero de 1938.


FRANCO, JEFE DEL ESTADO Y GENERALÍSIMO

La Junta de Defensa Nacional, creada por Decreto de veinticuatro de julio de mil novecientos treinta y seis, y el régimen provisional de Mandos combinados, respondía a las más apremiantes necesidades de la liberación de España.

Organizada con perfecta normalidad la vida civil en las provincias rescatadas, y estableciendo el enlace entre los varios frentes de los Ejércitos que luchan por la salvación de la Patria, y a la vez que por la causa de la civilización, impónese ya un régimen orgánico y eficiente, que responda adecuadamente a la nueva realidad española y repare, con la máxima autoridad, su porvenir.

Razones de todo linaje señalan la alta conveniencia de concentrar en un solo poder todos aquellos que han de conducir a la victoria final y al establecimiento, consolidación y desarrollo del nuevo Estado, con la asistencia fervorosa de la Nación.

En consideración a los motivos expuestos, y segura de interpretar el verdadero sentir nacional, esta Junta, al servicio de España, promulga el siguiente Decreto:

Artículo 1. En cumplimiento de acuerdo adoptado por la Junta de Defensa Nacional, se nombra Jefe del Gobierno del Estado Español al Excmo. Sr. General de División don Francisco Franco Bahamonde, quien asumirá todos los poderes del nuevo Estado.

Artículo 2. Se le nombra asimismo Generalísimo de las fuerzas nacionales de tierra, mar y aire, y se le confiere el cargo de General en Jefe de los Ejércitos de Operaciones.

Artículo 3. Dicha proclamación será revestida de forma solemne, ante representación adecuada de todos los elementos nacionales que integran este movimiento liberador, y de ella se hará la oportuna comunicación a los Gobiernos extranjeros.

Artículo 4. En el breve lapso que transcurra hasta la transmisión de poderes, la Junta de Defensa Nacional seguirá asumiendo cuantos actualmente ejerce.

Artículo 5. Quedan derogadas y sin vigor cuantas disposiciones se opongan a este Decreto.

Dado en Burgos a veintinueve de septiembre de 1936. D. Miguel Cabanellas

Para el triunfo en la Guerra Civil española, las derechas consideraron que era más oportuno un mando único y concentrado en un dictador que un Gobierno dividido en distintos cargos de una Junta, y los militares sublevados escogieron al General Francisco Franco.

DOS JEFES DE ESTADO EN ESPAÑA

azaña_1931  Mientras el bando nacional, apoyado por la derecha tiene en el General Franco a su jefe de Estado, el bando republicano, apoyado por toda la izquierda, mantiene su respaldo al Jefe de Estado legal, el Presidente de la II República, D. Manuel Azaña.

El Análisis

¿Mientras dure la guerra?

JF Lamata

El 30 de septiembre de 1936, en Burgos, el bando nacional ha designado al general Francisco Franco como “Jefe del Estado Español”. Una decisión que marca un antes y un después en la guerra civil y, seguramente, en la historia futura del país. Si bien el arquitecto del alzamiento fue el general Emilio Mola, y la jefatura suprema estaba pensada inicialmente para José Sanjurjo —muerto en accidente aéreo a los pocos días del levantamiento—, la falta de un liderazgo único ha forzado a los diversos sectores del bando sublevado a cerrar filas en torno a Franco, el general más joven de Europa, militar respetado por su eficacia en el Rif y su discreción política, y que ha sabido aglutinar los apoyos necesarios.

Hasta ahora, el mando nacional residía en una Junta de Defensa presidida por Miguel Cabanellas, una solución provisional que reflejaba la heterogeneidad del campo nacionalista: desde los tradicionalistas carlistas y falangistas fascistas hasta monárquicos alfonsinos, católicos fervientes y liberales autoritarios. En ese tablero complejo, Franco ha sabido moverse con astucia, siendo el primero en lograr la adhesión plena del Ejército de África, el más eficaz del conflicto. Su perfil, alejado de los discursos ideológicos apasionados, le ha hecho parecer a unos como un árbitro neutral y a otros, como la garantía de orden, unidad y disciplina que tanto anhelan. Aparentemente apolítico, pero profundamente conservador, Franco ha dado el paso de asumir el mando supremo con la promesa de que será “sólo mientras dure la guerra”, según Mola. Pero no todos creen que su ambición se detenga ahí.

Voces como la del propio Cabanellas han manifestado dudas: “Ustedes no saben lo que han hecho, porque no lo conocen como yo lo conozco”, habría advertido. Y es que en esta guerra sin cuartel, donde la victoria dará al vencedor no sólo el mando de los ejércitos sino del destino del país entero, aceptar el título de Jefe del Estado no es una decisión inocente. Franco, que fue leal a la República hasta julio, se convierte ahora en su más firme sepulturero. La legitimidad que el bando nacional le otorga hoy puede ser solo el primer paso hacia una concentración de poder personal sin precedente en la historia reciente de España. Si gana la guerra, nadie duda ya que no gobernará solo hasta el último disparo, sino hasta su último aliento.

J. F. Lamata