15 julio 1986

El veterano catedrático lo desmiente en una carta a EL PAÍS

El batasuno Alfonso Sastre asegura que el profesor José Luis López Aranguren contribuyó al acoso a José Bergamín

Hechos

El 15 de julio de 1986 D. José Luis López Aranguren publica una carta de réplica a un artículo de D. Alfonso Sastre.

15 Julio 1986

Réplica de Aranguren a Alfonso Sastre

José Luis López Aranguren

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Te escribo para rectilicar un pretendido recuerdo en el desafortunado artículo de Alfonso Sastre publicado en el suplemento Libros de EL PAÍS, de 10 de julio. Me inclino a pensar que no se trata de mala fe, sino, simplemente, de mala, y probablemente bergaminesca, información, pero lo cierto es que no solamente no hubo ningún calvario para lograr que yo firmara la «segunda carta a Fraga sobre las torturas de Asturias» de 1963, sino que fui yo, precisamente, quien la encabezó, y por eso mismo fue a mí a quien respondió Fraga.Pero, claro, al no poder acusarme, como a Bergamín, encabezador, según Fraga, de la primera, de haber firmado alguna otra deplorable durante la guerra, me contestó sin dar publicidad, o apenas, a su respuesta.

Y en cuanto a la primera carta, al no saber yo nada, todavía de tales torturas, respondí a los portadores de la misma (entre los que no estaba Sastre), que me enteraría por un amigo asturiano -que, felizmente, vive- relacionado con una importante empresa minerosiderúrgica de allí, y que tan pronto como me confirmara, cuando menos, el rumor, la firmaría. Telefónicamente así lo hizo, e inmediatamente firmé.

Quizá Sastre ha oído campanas y no sabe dónde, porque, en efecto, hubo entonces ilustres personalidades que se negaron, ante mí mismo, a firmar aquella segunda carta, pero yo, nada aficionado a cosas tan lamentables corno el artículo de Sastre, nunca revelaría sus nombres.

A algo de esto hice alusión, lo más discretamente que pude, en mi libro Memorias y esperanzas españolas.

Y tuve entonces diferencias con José Bergamín, así como con el recientemente fallecido Pere Quart, diferencias en las que, creo, toda la razón estaba de mi parte.

Pero en lo que ahora importa y hace concretamente al caso, los numerosos firmantes de aquellia segunda carta que aún viven pueden dar testimonio de que fue mi nombre el que apareció, a petición, sí, porque nunca he buscado protagonismos, pero con inmediata conformidad por mi parte, a la cabeza de todos los demás.

José L. López Aranguren.

22 Julio 1986

Sastre y Aranguren

Alfonso Sastre

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Una pequeña y benigna referencia a Aranguren en un artículo mío -un fugaz recuerdo de las vicisitudes que acompañaron a nuestras cartas a Fraga Iribarne sobre las torturas a los mineros asturianos en 1963- lo ha movido a escribir una réplica en la que ha dicho, entre otras cosas, que quizá yo he oído campanas y no sé dónde. Esto me hace reír un poco en mi calidad de campanero -uno de los campaneros- de aquellas campanadas. Decir «calvario» resulta un poco enfálico, pero, si ello tuviera algún interés público, que no lo creo, se podría contar cómo sucedieron las cosas. José Bergamín y Pere Quart, por quienes siento una rendida admiración, han muerto, pero entre José María Castellet y no sé cuántos amigos más podríamos reconstruir muy bien aquellas jornadas y de cómo José Bergamín fue acosado y aislado en aquellos graves momentos, y de la particación de Aranguren en aquel acoso, que abocó al segundo exilio de Bergamín, episodio que yo no puedo recordar todavía sin dolor, cólera y tristeza.

El Análisis

HERRI BATASUNA EXPRIME AL MUERTO

JF Lamata

En la etapa final de su vida José Bergamín entregó todo su prestigio a los amigos de ETA. Y, ya muerto, estos, querían utilizarlo hasta el final. La afirmación del batasuno Alfonso Sastre de que poco menos que el profesor Aranguren (que perdió su cátedra por enfrentarse a la dictadura franquista) era el verdadero culpable del segundo exilio de Bergamín no parece encapsulado en ningún intento de Sastre por reivindicar la memoria del escritor a los tres años de su muerte. Es más simplemente encontrar una forma de atacar al profesora Aranguren por no haber seguido el proceso de Bergamín y acabar diciendo que «la violencia de ETA estaba justificada como defensa del terror del Estado», como hacían los batasunos, sino entender que defender la democracia es, también, condenar el terrorismo.

A Aranguren ya lo odiaban los franquistas, así que el hecho de que lo odiaran también los batasunos, no hacía más que ponerle otra medalla. No le podrían acusar ni de «amigo de Franco», ni de «amigo de ETA», Bergamín no podría haber dicho lo mismo.

J. F. Lamata.