10 enero 1992

El cambio del General Kadijevic por Blagoje Adzic al frente del ministerio de Defensa de Yugoslavia supone una apuesta de Milosevic por la radicalidad

El cambio del General Kadijevic por Blagoje Adzic al frente del ministerio de Defensa de Yugoslavia supone una apuesta de Milosevic por la radicalidad

Hechos

Fue noticia el 10 de enero de 1992.

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El 8 de enero de 1992, el general Veljko Kadijević, ministro federal de Defensa de Yugoslavia desde 1988, presentó su dimisión y fue sustituido provisionalmente por el general Blagoje Adžić, jefe del Estado Mayor del Ejército Popular Yugoslavo (JNA). El relevo se produjo en plena desintegración de la federación, después de las declaraciones de independencia de Eslovenia y Croacia en junio de 1991 y de las intervenciones militares del Ejército federal contra ambas repúblicas. Kadijević, defensor de la continuidad del Estado yugoslavo y partidario de aceptar el plan de paz del mediador de Naciones Unidas Cyrus Roberts Vance, alegó motivos de salud, aunque su salida coincidió con una grave crisis militar y diplomática. El 7 de enero, un avión militar yugoslavo había derribado un helicóptero de observadores de la Comunidad Europea en Croacia, causando cinco muertos. La dimisión también reflejaba las divisiones entre los mandos militares, especialmente después del acuerdo de alto el fuego del 2 de enero, que contemplaba el despliegue de cascos azules en Croacia y al que se oponían sectores nacionalistas serbios.

Su sustituto, Blagoje Adžić, representaba al sector más nacionalista y militarista del Ejército, favorable a una actuación contundente contra las repúblicas secesionistas. De origen serbio y marcado por el asesinato de numerosos familiares a manos de los ustachas croatas durante la Segunda Guerra Mundial, Adžić había manifestado reiteradamente su hostilidad hacia la independencia de Croacia. Su ascenso fue interpretado como un debilitamiento de los últimos sectores federalistas del Ejército yugoslavo, que progresivamente había dejado de actuar como institución común de las seis repúblicas para quedar bajo una creciente influencia de las autoridades serbias encabezadas por Slobodan Milošević. Sin embargo, el relevo encerraba una contradicción: mientras Adžić representaba la línea militar más dura, Milošević respaldaba entonces el despliegue de Naciones Unidas para consolidar el alto el fuego en Croacia, enfrentándose incluso al dirigente serbio de Krajina Milan Babić. La sustitución de Kadijević evidenciaba así tanto la descomposición del mando federal como las diferencias estratégicas existentes dentro del propio bloque serbio.

EL PAÍS (Director: Joaquín Estefanía)

10 Enero 1992

La locura serbia

EL PAÍS (Director: Joaquín Estefanía)

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LA DIMISIÓN de Kadijevic como ministro de Defensa de Yugoslavia y su sustitución al frente del Ejército por el general Blagoje Adzic es un hecho sumamente preocupante para todos los que desean que la paz llegue cuanto antes a ese desgraciado país. Kadijevic era un moderado y se había comprometido, por el acuerdo firmado el 2 de enero en Sarajevo, a aplicar el plan de paz del delegado de la ONU, Cyrus Vance. En cambio, Adzic encarna la línea dura: en él confluyen las convicciones de un comunismo ortodoxo y militarista y de un nacionalismo serbio cargado de odio contra los croatas. La personalidad de Adzic es tan opuesta a lo que ahora tiene que hacer el Ejército yugoslavo -prepararse para una paz vigilada por la presencia de los cascos azules de la ONU- que es lógico interpretar su designación como una victoria de los sectores más cerriles, dispuestos a hacer fracasar los intentos pacificadores que por primera vez tienen perspectivas serias de éxito.Y no se trata sólo del nombramiento de Adzic. El derribo de un helicóptero de la misión de observadores de la Comunidad Europea, causando la muerte de cuatro oficiales italianos y un francés, no parece haber sido un accidente casual. El ministro italiano De Michelis lo ha calificado de «sabotaje premeditado del proceso de paz». Hay, en efecto, muchos motivos, para pensar que se trataba de una provocación de gran alcance, montada por sectores duros del Ejército para justificar la negativa a proseguir el proceso negociador encaminado a finalizar la guerra. El hecho de que uno de los dos helicópteros atacados se salvase y pudiese aterrizar obligó al mando yugoslavo a reconocer su responsabilidad. La primera consecuencia fue la destitución -y encarcelamiento, según ciertas versiones- del jefe de la aviación. Estos hechos indican hasta qué punto se ha agudizado el enfrentamiento militar entre duros y moderados. Y ahora -aunque vivimos momentos en que son posibles los virajes más sorprendentes- lo lógico es pensar que, con Adzic de jefe supremo, los saboteadores de la paz han incrementado sus posibilidades de actuación.

La perspectiva de un cese de los combates crea problemas muy serios en el campo serbio. Milosevic lanzó al Ejército a la conquista de territorios de Croacia habitados por serbios, prometiéndole incluso que podría adueñarse de Dubrovnik y de otros puertos del Adriático. Empujó asimismo a tomar las armas a grupos extremistas de esas zonas de Croacia, asegurándoles que se integrarían en una «gran Serbia». Pero al cabo de seis meses de horribles combates, Milosevic tiene que contar no sólo con la presión internacional, sino con el cansancio y el creciente deseo de paz de su propia población. Como el aprendiz de brujo, no puede controlar las fuerzas que ha desatado. El jefe serbio de la Krajina anuncia que recibirá a tiros a los cascos azules, como invasores. Y un sector del Ejército se resiste a unas condiciones de paz que suponen su retirada y la desmilitarización de los territorios conquistados en los últimos meses.

¿Quien se impondrán el campo serbio? En el plano internacional, tanto la ONU como la CE prosiguen los preparativos para la paz. El hecho de que el alto el fuego del 2 de enero se haya respetado durante siete, días es un dato fundamental. La ONU ha enviado 50 observadores para preparar la llegada de los 10.000 cascos azules que controlarán en el terreno el cese de las hostilidades. A la vez, la conferencia de paz ha reanudado sus debates en Bruselas para preparar las futuras relaciones entre repúblicas y minorías nacionales. Todo ello con la perspectiva del reconocimiento el 15 de enero por la CE de la independencia de Eslovenia, Croacia, Macedonia y Bosnia-Herzegovina. Me dida que debería hacer reflexionar a los sectores mili tares deseosos de más combates y más muertes.

El Análisis

Yugoslavia: un Estado federal convertido en instrumento del poder serbio

JF Lamata

La sustitución de Veljko Kadijević por Blagoje Adžić constituye un nuevo síntoma de la desaparición del poder federal yugoslavo y de su progresiva subordinación al presidente de Serbia, Slobodan Milošević. Desde su llegada al poder serbio en 1987-1989, Milošević había consolidado su influencia sobre las instituciones de Serbia y sobre las autoridades de Montenegro, Kosovo y Voivodina, obteniendo así un peso decisivo en la Presidencia colectiva de Yugoslavia, antes incluso de controlar formalmente las instituciones federales. La resistencia de Eslovenia y Croacia a ese predominio precipitó la ruptura de la federación, mientras el Ejército Popular Yugoslavo, concebido originalmente como garante de la unidad de todas las nacionalidades, fue transformándose en un instrumento cada vez más vinculado a los intereses de Belgrado. Su intervención en Eslovenia terminó en fracaso, pero en Croacia desempeñó un papel decisivo en el apoyo militar a los serbios sublevados contra el Gobierno de Zagreb. Milošević ha combinado la utilización del aparato federal con la movilización del nacionalismo serbio, presentándose unas veces como defensor de Yugoslavia y otras como protector de las comunidades serbias que rechazan quedar integradas en los nuevos Estados independientes. Su aceptación del plan de paz de Naciones Unidas demuestra, no obstante, que sus objetivos no siempre coinciden con los de los militares más radicales. El peligro es que la progresiva desaparición de las instituciones comunes deje paso a una política de fronteras impuestas por la fuerza, especialmente en Bosnia-Herzegovina, donde la mezcla de poblaciones musulmanas, serbias y croatas amenaza con reproducir, a una escala todavía mayor, la tragedia croata. El relevo en Defensa no supone todavía que Milošević haya asumido formalmente el Gobierno federal, pero confirma que el verdadero centro de gravedad del poder yugoslavo se ha desplazado de las instituciones federales a la presidencia de Serbia.

JF