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El cambio del General Kadijevic por Blagoje Adzic al frente del ministerio de Defensa de Yugoslavia supone una apuesta de Milosevic por la radicalidad

HECHOS

Fue noticia el 10 de enero de 1992.

10 Enero 1992

La locura serbia

EL PAÍS (Director: Joaquín Estefanía)

LA DIMISIÓN de Kadijevic como ministro de Defensa de Yugoslavia y su sustitución al frente del Ejército por el general Blagoje Adzic es un hecho sumamente preocupante para todos los que desean que la paz llegue cuanto antes a ese desgraciado país. Kadijevic era un moderado y se había comprometido, por el acuerdo firmado el 2 de enero en Sarajevo, a aplicar el plan de paz del delegado de la ONU, Cyrus Vance. En cambio, Adzic encarna la línea dura: en él confluyen las convicciones de un comunismo ortodoxo y militarista y de un nacionalismo serbio cargado de odio contra los croatas. La personalidad de Adzic es tan opuesta a lo que ahora tiene que hacer el Ejército yugoslavo -prepararse para una paz vigilada por la presencia de los cascos azules de la ONU- que es lógico interpretar su designación como una victoria de los sectores más cerriles, dispuestos a hacer fracasar los intentos pacificadores que por primera vez tienen perspectivas serias de éxito.Y no se trata sólo del nombramiento de Adzic. El derribo de un helicóptero de la misión de observadores de la Comunidad Europea, causando la muerte de cuatro oficiales italianos y un francés, no parece haber sido un accidente casual. El ministro italiano De Michelis lo ha calificado de «sabotaje premeditado del proceso de paz». Hay, en efecto, muchos motivos, para pensar que se trataba de una provocación de gran alcance, montada por sectores duros del Ejército para justificar la negativa a proseguir el proceso negociador encaminado a finalizar la guerra. El hecho de que uno de los dos helicópteros atacados se salvase y pudiese aterrizar obligó al mando yugoslavo a reconocer su responsabilidad. La primera consecuencia fue la destitución -y encarcelamiento, según ciertas versiones- del jefe de la aviación. Estos hechos indican hasta qué punto se ha agudizado el enfrentamiento militar entre duros y moderados. Y ahora -aunque vivimos momentos en que son posibles los virajes más sorprendentes- lo lógico es pensar que, con Adzic de jefe supremo, los saboteadores de la paz han incrementado sus posibilidades de actuación.

La perspectiva de un cese de los combates crea problemas muy serios en el campo serbio. Milosevic lanzó al Ejército a la conquista de territorios de Croacia habitados por serbios, prometiéndole incluso que podría adueñarse de Dubrovnik y de otros puertos del Adriático. Empujó asimismo a tomar las armas a grupos extremistas de esas zonas de Croacia, asegurándoles que se integrarían en una «gran Serbia». Pero al cabo de seis meses de horribles combates, Milosevic tiene que contar no sólo con la presión internacional, sino con el cansancio y el creciente deseo de paz de su propia población. Como el aprendiz de brujo, no puede controlar las fuerzas que ha desatado. El jefe serbio de la Krajina anuncia que recibirá a tiros a los cascos azules, como invasores. Y un sector del Ejército se resiste a unas condiciones de paz que suponen su retirada y la desmilitarización de los territorios conquistados en los últimos meses.

¿Quien se impondrán el campo serbio? En el plano internacional, tanto la ONU como la CE prosiguen los preparativos para la paz. El hecho de que el alto el fuego del 2 de enero se haya respetado durante siete, días es un dato fundamental. La ONU ha enviado 50 observadores para preparar la llegada de los 10.000 cascos azules que controlarán en el terreno el cese de las hostilidades. A la vez, la conferencia de paz ha reanudado sus debates en Bruselas para preparar las futuras relaciones entre repúblicas y minorías nacionales. Todo ello con la perspectiva del reconocimiento el 15 de enero por la CE de la independencia de Eslovenia, Croacia, Macedonia y Bosnia-Herzegovina. Me dida que debería hacer reflexionar a los sectores mili tares deseosos de más combates y más muertes.

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