13 noviembre 1975

No podrá recogerlo por encontrarse 'confinado' por las autoridades comunistas

El científico Sajarov recibe el premio Nobel de la Paz por su oposición pacífica a la dictadura de la Unión Soviética

Hechos

En noviembre de 1975 el científico disidente Andrei Sajarov fue galardonado por el Premio Nobel de la Paz, que no pudo recoger por encontrarse confinado por las auutoridades de la Unión Soviética.

Lecturas

Sajarov sigue el camino de Solzhenitsyn, desterrado en 1974.

El Análisis

Andréi Sájarov: del orgullo atómico al símbolo de la conciencia

JF Lamata

El Premio Nobel de la Paz concedido este noviembre de 1975 al científico soviético Andréi Sájarov no es sólo un galardón a una trayectoria moral: es también una denuncia. Porque Sájarov, que no ha podido recoger el premio en Oslo por estar confinado en la Unión Soviética, simboliza la dramática transformación del “héroe del socialismo” al “enemigo del Estado”. Un tránsito que retrata más al régimen que lo castiga que al hombre que lo padece.

Físico brillante, padre de la bomba de hidrógeno soviética y figura clave en el rearme nuclear del país, Sájarov fue durante años emblema del poder científico al servicio del Estado. Pero su conciencia lo llevó a un camino opuesto: de construir armas de destrucción masiva a exigir límites al militarismo, denunciar los abusos de poder y defender los derechos humanos y las libertades civiles en la URSS. En los años 60 y 70, se convirtió en voz crítica del régimen de Breznev, pidiendo reformas democráticas, transparencia judicial y el respeto a los disidentes encarcelados.

La respuesta del Kremlin fue implacable: Sájarov fue despojado de sus cargos, sometido a vigilancia constante, censurado en los medios y finalmente confinado en una suerte de arresto domiciliario en Gorki, una ciudad cerrada a los extranjeros, lejos de Moscú y de los foros públicos. Se le ha impedido salir del país, incluso para recoger el Nobel que reconoce su valentía cívica y su lucha por la paz. Su castigo no es por un crimen, sino por una idea: que la ciencia debe servir al ser humano, no al poder absoluto. Sájarov es hoy el testimonio vivo de que la libertad de conciencia en la URSS sigue siendo perseguida. Pero también es una prueba de que ni la censura ni el confinamiento pueden anular del todo a quien habla con la autoridad de la verdad.

JF Lamata