18 marzo 1921

El Gobierno de 'los comisarios del pueblo' ha utilizado los mismos métodos que tanto criticó al zar Nicolás II

El dictador comunista de Rusia, Vladimir Lenin, aplasta el levantamiento de trabajadores de Kronstadt contra su Gobierno

Hechos

  • La Rebelión de Kronstadt fue un alzamiento fracasado de los marinos soviéticos de la isla de Kotlin, donde se halla la fortaleza de Kronstadt, contra el Gobierno de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS, a partir de los territorios de Rusia). Fue la última gran rebelión en contra del dominio bolchevique dentro del territorio ruso durante la Guerra Civil rusa.

Lecturas

Desde ‘la revolución de octubre’ de 1917 el poder en Rusia estaba en manos de los comunistas de Lenin. 

El 2u de febrero estalló un motin entre los marineros del petropavlovsk, anclado en la fortaleza marítima de Kronstadt, se ha propagado al resto de marinos y soldados que se encontraban en la ciudadela.

La rebelión, que se inició  en demanda de mejoras en el suministro de alimentos implica que se restablezca el libre comercio de los productos agrícolas. A partir de allí, las exigencias pasaron a adquirir un marcado cariz político: libertad de actuación para todas las organizaciones socialistas y nuevas elecciones de los soviets.

El conflicto se incluye en una ininterrumpida serie de protestas, iniciadas al comenzar el invierno contra la desastrosa situación económica a la que se abocado el gobierno soviético.

El fracaso del llamado comunismo de guerra, con el control por el estado de todas las funciones de producción y distribución, se manifiesta en rebeliones de campesinos y obreros, como las de hace una semana en Moscú y Petrogrado.

El gobierno, entretanto, creaba el Gosplán, destinado a duplicar la producción industrial. Por el momento, la mayoría de las fábricas está cerrada, o bien sól ose trabaja algunos días al mes. Se han ido apagando los altos hornos uno a uno Los ferrocarriles están por completo paralizados. El nivel de la producción agrícula a descendido por debajo del alcanzado en 1913, de modo que apenas basta para cubrir las necesidades de los propios campesinos.

El 18 de marzo fuerzas del ejército rojo se apoderaron de la base naval de Kronstadt y pusieron fin, mediante una despiadada represión, al alzamiento de los marineros. Desde febrero último, se han sucedido las sublevaciones contra el dominio de los dirigentes bolcheviques sobre el conjunto de la vida pública rusa. Los marineros de Kronstadt pedían elecciones libres y su alzamiento fue calificado de contrarrevolucionario por el gobierno, Mijail Tujachevski y León Trotski dirigieron personalmente la represión contra los marineros rebeldes, que desde 1917 – cuando se alzaron contra el zarismo – eran considerados héroes revolucionarios.

kronsdat  En medios se especula sobre el número de ejecuciones ordenadas por el Gobierno de Lenin tras el levantamiento fallido, también se habla de detenciones en campos de prisioneros, las temidas ‘Chekas’.

Episodios paralelos

Guerra Civil en Rusia.

Configuración de la nueva URSS con el PCUS al mando.

El Análisis

Kronstadt: el grito ahogado de la revolución traicionada

JF Lamata

En marzo de 1921, los cañones bolcheviques tronaron contra Kronstadt, la misma base naval cuyos marineros habían sido, apenas cuatro años antes, estandarte heroico de la Revolución de Octubre. Fue allí, en esas aguas heladas del Báltico, donde los hijos más comprometidos de la revolución osaron pedir lo impensable: libertad para los soviets, elecciones libres sin imposición del Partido Comunista, el fin del terror y del hambre que asolaban al pueblo. Exigían, no la restauración del zarismo ni del capitalismo, sino la recuperación del espíritu genuino de la revolución popular que ellos mismos habían ayudado a forjar. Pero lo que obtuvieron como respuesta fue fuego.

Lenin, lejos de dialogar con estos antiguos aliados, ordenó su aplastamiento por la fuerza. Trotsky ejecutó la ofensiva con una violencia que evocaba los peores días de la represión zarista. La represión de Kronstadt fue un antes y un después: la prueba de que el poder bolchevique, nacido al grito de «todo el poder para los soviets», ya no era compatible con la más mínima disidencia obrera. El gobierno revolucionario, que había prometido libertad y justicia para los trabajadores, mostraba ahora su rostro autoritario. El fantasma de Nicolás II parecía revivir, no en palacio, sino en los despachos del Comité Central del Partido Comunista.

La tragedia de Kronstadt no fue simplemente una rebelión sofocada: fue la liquidación moral de una revolución que pretendía emancipadora y terminó construyendo una dictadura de partido único. Lo ocurrido dejó claro que en la nueva Rusia no había espacio para más voz que la del PCUS, y que el nuevo régimen no vacilaría en usar la represión —incluso contra obreros y marineros revolucionarios— con tal de mantener su control. El sueño de una Rusia democrática, socialista y libre había muerto bajo el hielo de Kronstadt, y en su lugar emergía, implacable, la arquitectura del futuro Estado soviético: centralizado, vigilado y sin espacio para la disidencia.

J. F. Lamata