6 diciembre 1977

El dictador de la República Centroafricana, Bokassa, se auto-corona Emperador de Centroáfrica en un fastuoso acto napoleónico

Hechos

El 5.12.1977 el jefe de Estado de la República Centroafricana, Jean Bedel Bokassa, se autoproclamó ‘Emperador Bokassa I del Imperio Central Africano.

Lecturas

Bokassa era dictador de la República Centroafricana desde 1966. 

Jean Bedel Bokassa se ha convertido este 4 de diciembre de 1977 en emperador del Imperio Centroafricano, en el curso de una ceremonia tan fastuosa como extraña, celebrada en Bangui.

El espectáculo ha costado al país unos 150 millones de francos, lo que significa un tercio de su presupuesto nacional.

Francia es el principal aliado internacional del flamante imperio, que ha debido recabar la ayuda alimentaria internacional, dado que su población se encuentra amenazada por el hambre a causa de las sequias.

En septiembre de 1979 fue depuesto Bokassa. 

El Análisis

Un Imperio en medio del hambre

JF Lamata

El 4 de diciembre de 1977, la República Centroafricana dejó de ser república —al menos de nombre— para convertirse en el Imperio Centroafricano bajo el mando absoluto de Jean-Bedel Bokassa I. La ceremonia, inspirada en la coronación napoleónica y celebrada con un boato que rozó lo surrealista, tuvo como momento cumbre la autocoronación del propio Bokassa, colocando sobre su cabeza una corona desmesurada ante la mirada atónita de diplomáticos, curiosos y cámaras del mundo entero. El costo del espectáculo —unos 150 millones de francos, un tercio del presupuesto nacional— contrasta brutalmente con la realidad de un país que sobrevive gracias a la ayuda alimentaria internacional para mitigar el hambre causada por las sequías.

Bokassa, que en apenas once años ha pasado de coronel golpista a monarca imperial, no es ajeno a la controversia: pesan sobre él acusaciones de represión brutal contra sus opositores e incluso rumores macabros de canibalismo, que alimentan su leyenda negra. El nuevo emperador se presenta como líder visionario, pero su reinado ya se asocia más al miedo que a la prosperidad. No deja de resultar irónico que, mientras miles de centroafricanos luchan por un plato de comida, su soberano gaste fortunas en tronos dorados, uniformes bordados y caballos importados, como si la grandeza se midiera en quilates y no en bienestar.

En este teatro político, Francia juega un papel incómodo. Es el principal aliado del nuevo imperio, y no son pocos los que recuerdan la amistad personal entre Bokassa y el presidente Giscard d’Estaing, salpicada por el polémico episodio de los supuestos diamantes regalados al mandatario francés. El resultado es que, mientras el mundo contempla con asombro y cierto desdén esta coronación extravagante, el pueblo centroafricano queda atrapado entre el hambre y la megalomanía de un hombre que ha cambiado la república por un trono… sin cambiar en nada su naturaleza de dictadura.

J. F. Lamata