21 agosto 1940
Éxito de la policía secreta de Stalin y Beria
El disidente soviético León Trotsky es asesinado en México por el comunista español, Ramón Mercader, agente de la Unión Soviética
Hechos
El 21.08.1940 fue asesinado Lev Davídovich Bronstein ‘Trotski’
Lecturas
Desde la muerte de Lenin en 1924 y la consolidación del poder de Stalin como primer secretario del PCUS, Trotsky quedó apartado del poder en la Unión Soviética y huyó del país.
Herido mortalmente en su propia casa de Coyoacán, cerca de Ciudad de México, el líder comunista y ex dirigente soviético León Tortski ha sido asesinado por los esfuerzos médicos que se han hecho para salvar su vida este 21 de agosto de 1940.
El atentado mortal fue cometido por el comunista español Ramón Mercader, que había logrado ganarse la confianza de Trotski y su familia hasta el punto de convertirse en secretario del estadista ruso. Para consumar el crimen, Mercader se valió de un piolet o bastón de alpinista provisto de una aguda punta de hierro.
De acuerdo con las leyes mexicanas el asesinato de Trotski puede ser condenado a una pena de 20 años de prisión, la máxima prevista por el código vigente.
No es la primera vez que Trotski ha sido objeto de un atentado contra la vida. Ya en otra ocasión intentaron sin éxito asesinarle ametrallando su casa. Y entonces, como ahora, se presumieron directivas del Kremlin dictadas por Stalin, enemigo irreconciliable del hombre que pudo ser el sucesor de Lenin en la cúpula del poder soviético.
Como era previsible, Moscú se ha apresurado a desmentir categóricamente toda responsabilidad en el asesinato. Aunque los medios han asumido que Ramón Mercader es agente del NKVD, la policía secreta que la dictadura de Stalin en la URSS que encabeza Beria con el apoyo del PCE-PSUC español donde destacan figuras como Gregori López Raimundo.
Trotski residía en México desde 1936, fecha en que fue forzado a abandonar su exilio en Noruega por presiones del gobierno soviético.
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ÉXITO DE BERIA
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BORRADOS DE LA HISTORIA
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¿COMPLICIDAD ESPAÑOLA VÍA LÓPEZ RAIMUNDO?
El Análisis
León Trotsky fue asesinado con un golpe de piolet en la cabeza. El autor material, un joven español llamado Ramón Mercader, actuó como agente de la policía secreta soviética bajo órdenes directas del régimen de Stalin. Con este crimen, Stalin ha logrado eliminar al último gran rival de la revolución bolchevique, el único que aún conservaba voz y prestigio fuera de la URSS. Trotsky, creador del Ejército Rojo, organizador del poder soviético en sus primeros años y figura clave en 1917, había sido ya borrado de fotografías oficiales, desacreditado en todos los periódicos comunistas y presentado como un traidor y “fascista encubierto”. En el nuevo lenguaje estalinista, “trotskista” era sinónimo de enemigo mortal del pueblo.
La ejecución de Trotsky culmina una persecución de más de una década (ya habían caído otros como Zinoviev, Kamenev o Bujarin), en la que su nombre ha sido difamado, sus seguidores ejecutados, sus hijos asesinados, y su figura demonizada incluso en círculos obreros internacionales. No fue derrotado por el debate político, sino por el terror de Estado. El asesinato de Trotsky representa más que una venganza personal de Stalin: es la consumación del control absoluto sobre la historia, el relato y el legado de la Revolución Rusa. El propio Trotsky lo había advertido: la revolución había devorado a sus hijos, pero también a sus arquitectos. El que había sido segundo solo tras Lenin, acabó refugiado bajo vigilancia extranjera, temiendo cada visitante, cada traidor disfrazado de aliado.
Ramón Mercader, el asesino, ha sido condecorado como “Héroe del Pueblo Soviético”, aunque oficialmente la URSS ha negado su implicación en el crimen. De origen catalán, adoctrinado en los círculos comunistas más radicales y moldeado por agentes de la NKVD, Mercader es ahora símbolo de la eficacia de Lavrenti Beria, jefe de los servicios secretos, en cumplir los designios de Stalin más allá de las fronteras soviéticas. La ejecución de Trotsky no solo borra a un hombre: borra la posibilidad de otra revolución comunista distinta al modelo estalinista. La historia la escriben los que vencen. Y, en la URSS de 1940, solo un hombre escribe.
J. F. Lamata