Search

El líder activista en favor de los negros Dr. Martin Luther King es asesinado a balazos en Menphis por el racista James Earl

HECHOS

El 4 de abril de 1968 fue asesinado a tiros el Dr. Martin Luther King, defensor de la causa de la igualdad de derechos para los negros.


Lutero_King La noticia del asesinato de Luther King fue portada en toda España donde siempre se referían a él tradujenro su nombre como ‘Martin Lutero King’.

James Earl Ray, confesó en el juicio el asesinato y haber actuado por odio racial. Fue condenado a 99 años de cárcel. Posteriormente cambió su versión y aseguró ser inocente del crimen.

DESTACADOS POLÍTICOS EN EL ENTIERRO DE LUTHER KING

eisennixon_robert El ex presidente de Estados Unidos, General Eisenhower, el ex Vicepresidente, Richard Nixon (que es candidato a la presidencia por el Partido Republicano en las elecciones presidenciales de noviembre) y el ex Fiscal General de los EEUU, Robert Kennedy (que es candidato a la presidencia por el Partido Demócrata en las elecciones presidenciales de noviembre).

LA SOMBRA DE J.  EDGAR

El director del FBI, J. Edgar Hoover, era un enemigo declarado del Dr. Martin Luther King, al que veía como un agente de la subversión comunista. Ordenó que le espiaran y llegó a ordenar que le grabaran manteniendo relaciones sexuales extramatrimoniales para difundirlas y deteriorar su imagen. No obstante nunca se demostró que tuviera nada que ver con su asesinato.

06 Abril 1968

Memphis y Dallas

LA VANGUARDIA (Director: Horacio Sáenz Guerrero)

El asesinato del Dr. Martin Luther King, en Memphis, Tennesse, cometido ayer 4 de abril de 1968, será sin duda uno de los hitos capitales del terrible problema racial en los Estados Unidos. El horrible crimen puede ser obra de un hombre aislado o de una conspiración: más probablemente, esto último.  Pero, en definitiva, lo mismo da una u otra cosa. Lo indudable en este caso es que el asesinato no se ha cometido aisladamente, desde luego. Se ha cometido gracias al denso ambiente de violencia, de intransigencia feroz, de injusticia flagrante en que se desarrolla la problemática racial en los Estados Unidos. Un ambiente de injusticia gracias al cual un asesinato cometido contra la persona de un ciudadano de color, muy raramente es castigado en los Estados del Sur por lo menos; un ambiente de feroz intransigencia que persiste en mantener separados con intolerables barreras a ciudadanos de un mismo país; un ambiente de violencia en el cual el diálogo en sustituido por la agresión armada en la primera ocasión, sin que exista una autoridad que verdaderamente se proponga poner fin a ese estado de cosas, como no sea unilateralmente: es decir cuando los que cometen violencia son negros. Sin ese ambiente de brutal incivilidad, el crimen de Memphis no se hubiera realizado. Un delito de esa índole, no es nunca un ‘crimen aislado’. No lo es el de Memphis, Tennesse, como no lo fue el magnicidio cometido el 22 de noviembre de 1963 en Dallas, Tejas. Y es obvio señalar las múltiples razones profundas que unen ambos delitos.

Martin Luther King, Premio Nobel de la Paz, ha caído víctima de su sentido de la moderación, del diálogo de la convivencia: de la Paz, en suma, en recompensa de cuya labor por la misma le fue concedido el más alto galardón internacional. Era un convencido de la política de no-violencia. Concebía la completa igualdad de la parte de color del pueblo de los Estados Unidos, como un objetivo a conseguir con paciencia y progresivamente, con prudencia pero con energía a la vez. Gracias a su inteligencia a la honestidad de su vida, al elevado ejemplo dado por él mismo, a la entrega total de su existencia a la causa de la completa liberación de los negros norteamericanos, la población de color se mantenía en límites legales y pacíficos en su acción reivindicatoria. Los extremistas negros, los que impacientes – en gran parte con razón – no soportaban la para ellos lenta acción de King, eran una minoría. Seguirán siendo una minoría pese a la tenacidad digna de mejor causa con que una parte de la población blanca ha continuado oponiéndose a sus justas peticiones de justicia e igualdad.

Martin Luther King era un gran norteamericano: creía en la vigencia y en las posibilidades de desarrollo de los grandes principios contenidos en la Declaración de Independencia y en la Constitución de Filadelfia, gracias a los cuales los Estados Unidos han llegado a la grandeza y poderío en que se hallan. Pero King comprendía que la acción profunda de esos principios en lo que se refiere a la cuestión racial, choca con demasiada fuerza contra arraigados prejuicios que es preciso afrontar no con la violencia, sino con la ley en la mano. Esa era toda su política. Ha muerto por servirla. Porque nada es más odioso a la violencia injusta como la no-violencia en la Justicia.

El asesinato del gran ‘líder’ negro pone de relieve, de manera dramática, la urgentísima necesidad en que se encuentran los Estados Unidos de poner orden de puertas adentro. Mientras pueda existir en aquel gran país un ambiente de odio y terrorismo como el que revela el crimen de Memphis, existirá la prueba de que se trata de un pueblo todavía incompleto. Y, por ende, probará que esa es la tarea más urgente que compete a sus gobernantes: acelerar la acción de la política del crisol, “melting pot policy”, para que los odios raciales por fin no mantengan a sus habitantes en un ambiente de violencia en el cual son posibles crímenes como el de Memphis. O como el de Dallas: ahora se ve claro que el error histórico de los dirigentes norteamericanos fue no deducir a fondo la tremenda lección que les proporcionó la muerte violenta del presidente Kennedy. Todo lo cual es más lamentable cuando son muchas y muy extendidas las grandes cualidades que hacen de los Estados Unidos un país

13 Abril 1999

El caso de Luther King

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

EN ABRIL de 1968 caía asesinado, por las balas de un ejecutor tan anónimo que bien pudo ser contratado, Martin Luther King, el líder negro que probablemente hizo más por la integración de los de su raza en la sociedad norteamericana. Esta semana, un jurado popular en EEUU descartaba que el asesino, James Earl Ray, pudiera haber actuado solo, abonando la teoría de que tras él debió haber una siniestra trama.El jurado de seis blancos y seis negros no podía determinar culpables, lo que habría correspondido a una acusación fruto de una investigación policial. El abogado William Pepper, que representaba curiosamente tanto a los deudos del asesino como a la familia del asesinado, ha ido, sin embargo, mucho más lejos al acusar a la Mafia y al Gobierno federal de implicación en el caso. Según Pepper, la oposición de King a la guerra de Vietnam se había hecho tan molesta que alguien había dicho basta.

El pastor protestante Martín Luther King, como Bobby y John Kennedy, todos ellos asesinados en mal esclarecidas circunstancias en los años sesenta, es ya un icono de la historia norteamericana. Y, por ello, su memoria sigue siendo, 30 años después, un campo de batalla. En los últimos tiempos se ha tratado de desacreditar la memoria de King recordando su por otra parte conocida afición a las faldas. Pero nada de eso ha impedido que muchos de sus compatriotas de la década de los sesenta, que creyeron que era posible cambiar el mundo, puedan seguir aún hoy atesorando el recuerdo del líder como quien defiende un patrimonio histórico.

Casi con toda seguridad, nunca podrá establecerse quiénes ordenaron el asesinato de King, si es que no fue sólo obra de un pistolero loco, pero no es tan difícil saber por qué: porque no aceptaba la América que veía a su alrededor y pretendía cambiarla. Parte de ese cambio se ha producido ya con la progresiva integración de la minoría negra al vasto quehacer nacional norteamericano.

by BeHappy Co.