31 marzo 1968

Johnson ha pasado de ser el presidente más votado de la historia a ver como caía su popularidad por Vietnam

El presidente de Estados Unidos, Lyndon B. Johnson, renuncia a presentarse a reelección por el Partido Demócrata para no tener que enfrentarse a Robert Kennedy

Hechos

El 31.03.1968 Lyndon B. Johnson anuncia su retirada política.

Lecturas

En enero de 1968 George Wallace anuncio su candidatura a la presidencia al margen del Partido Demócrata. 

La decisión del presidente Johnson de no presentarse a la reelección ha supuesto una enorme sorpresa para todo el país.

Los estadounidenses suponían que Johnson, en su alocución televisada trataría de mitigar su pequeño descalabro electoral del pasado martes en Wisconsis, pero nadie esperaba su retirada de la campaña electoral.

Quizá menos sorprendente, pero también de gran trascendencia, ha sido su anuncio de acabar con los bombardeos sobre Vietnam del Norte.

El presidente apeló al gobierno de Hanoi y Ho Chi Minh para tomar medidas graduales, a fin de llegar a la paz.

Como representantes para las futuras negociaciones de paz. Johnson ha nombrado a los embajadores Harriman y Thompson.

Durante su aparición ante las cámaras de televisión el rostro del presidente reflejaba un aire cansado y triste.

En poco tiempo dos de sus máximos colaboradores, el secretario de Defensa, McNamara y el jefe de las fuerzas en Vietnam, Westmoreland, han desaparecido del mundo político.

En junio de 1968 Robert Kennedy será asesinado. 

El Análisis

Bob Kennedy acaba con Johnson

JF Lamata
En una alocución televisada que prometía ser un intento de salvar la cara tras el traspié en las primarias de Wisconsin, Lyndon B. Johnson dejó a América con la boca abierta: no se presentará a la reelección. El hombre que en 1964 arrasó en las urnas con una victoria histórica, el tejano que llevó la Gran Sociedad y las leyes de derechos civiles, ha decidido que ya no puede más. Con el rostro cansado y un aire de derrota, Johnson no solo abandonó la carrera presidencial, sino que también anunció el fin de los bombardeos sobre Vietnam del Norte, tendiendo una rama de olivo a Hanoi y a Ho Chi Minh. Es un giro inesperado para un presidente que parecía imbatible hace apenas cuatro años, pero que hoy se ve atrapado entre la guerra, las divisiones de su partido y el fantasma de Robert Kennedy.
No es difícil imaginar por qué Johnson colgó los guantes. La guerra de Vietnam se ha convertido en un pantano que engulle su legado. Cada día llegan más ataúdes, y las protestas estudiantiles crecen como la espuma. A esto se suma el desafío de Robert Kennedy, cuya candidatura demócrata, con un mensaje anti-guerra y progresista, amenaza con fracturar el partido. Como si no bastara, los segregacionistas sureños, esos viejos aliados de Johnson, están listos para dar la espalda y lanzar su propio candidato independiente, con George Wallace al frente agitando el racismo como bandera. La salida de pesos pesados como el secretario de Defensa McNamara y el general Westmoreland, figuras clave en la guerra, ya olía a naufragio. Johnson, atrapado entre la presión de las primarias y un país que ya no lo aplaude, ha preferido bajarse del tren antes de que descarrile.
El anuncio de paz, con embajadores como Harriman y Thompson listos para negociar, suena a un último intento de salvar algo de su presidencia. Pero no nos engañemos: el gesto hacia Hanoi llega tarde, y el cansancio en los ojos de Johnson dice más que sus palabras. América está fracturada, entre la guerra, las luchas raciales y un Partido Demócrata que se desgarra. Johnson, que soñó con ser el nuevo Roosevelt, se va como un hombre derrotado por su propia época. La pregunta ahora es si Kennedy o los halcones del partido podrán recoger los pedazos. Mientras tanto, Vietnam sigue sangrando, y el sueño de la Gran Sociedad se desvanece en la pantalla del televisor. ¿Quién lidera ahora este país a la deriva?
JF Lamata