10 octubre 1982
El escritor José Bergamín anuncia que se traslada a vivir a Guipúzcoa «harto de ser español», y será colaborador fijo en las publicaciones de ETA: PUNTO Y HORA y EGIN
Hechos
El 10 de octubre de 1982 la prensa se hizo eco del traslado de residencia de D. José Bergamín Gutiérrez.
Lecturas
D. José Bergamín, cuya animadversión por la Corona española le había ido acercando cada vez a las posiciones de Herri Batasuna, brazo político de ETA, hasta el punto de ser colaborador de sus publicaciones desde 1979, en octubre de 1982, ante su inminente muerte, decidió trasladarse a vivir a Donosti.
09 Octubre 1982
La cara opuesta de la Luna
(Senador de Herri Batasuna)
Acaba de llegar José Bergamín. Para vivir entre nosotros. Siempre. Aunque, desde fuera, estaba aquí hace tiempo. «No soy progre… soy un hombre, y los humanos están hechos para andar hacia adelante. De modo que si andas hacia atrás te caes…», chispean sus ojillos. Café solo y anís del mono, en la sidrería, a media ladera entre Mendizorrotz y las rocas de Igueldo, trepadas por el oleaje.Aquí está Bergamín. Porque sigue andando, como se recorta en el camino, sin principio, ni retorno -ni tiempo- de la serranía de Ronda, en la foto que le sacó Teresa. Bergamín en camino. La cartera de papeles bajo el brazo. Ni un gramo de más en el cuerpo, ni una palabra de sobra, como otro flaco, que conocimos.
En el lienzo de pared blanco, por marco y fondo, de mi despacho, la fotografía de Bergamín en el camino. Y al pie del que camina, en la cartulina que orla la foto, la dedicatoria escrita por el propio caminante: «…a ese que parece que se va, le espero aquí con vosotros. Un abrazo. Donosti, septiembre de 1982. José Bergamín».
Republicano. Universal, concretado en Euskadi.
Teresa y José se quedan en Euskadi, como los Forest, Sastre, Justo de la Cueva y otros -procedentes de diversos Estados- cuyos nombres callo, Y los cientos de bienllegados, cargos electos algunos de nuestras listas electorales, electores los más. Demostración de realidades que no necesitan demostración. Y los que llaman; y los que quieren venir; y los que, recalando allá, en los puertos, navegan también con nosotros. Es la cara, de la Luna, oculta para el lejano planeta Tierra.
Planeta que consideran centro y a lo demás periferia. Cara en la que esconden las manifestaciones de la izquierda abertzale en apoyo a los jornaleros andaluces, cargadas como siempre por los de siempre, cuando la huelga de hambre de Marinaleda, las de solidaridad con el pueblo extremeño contra la central nuclear de Almaraz, las de protesta contra los vertidos radiactivos hacia las costas gallegas, nuestras relaciones con- los otros pueblos… o las cifras de mi artículo, por el que piden seis años y un día, o las de mi últirrio librito. Porque todo lo que sacan de aquí en la información pública española, o sea, lo que cuentande Euskadi, va siempre en una sola y misma dirección, como la corriente de los ríos, ocultando que aquí los ríos son rías y las aguas lían y vienen en doble y contraria dirección. Que en el curso de las rías no hay sorpresa ni misterio. Que las aguas que devuelve la tierra en la bajamar son simplemente las aguas que entraron, turbulentas, tierra adentro al subir la marea. Al igual que en el txirimiri o el chaparrón, o cuando llueven rayos y centellas, sólo puede caer lo que de una u otra forma subió antes.
Pero salgo y contesto a la pregunta ¿qué ofrece nuestra política en Euskadi a los otros pueblos del Estado? Poca cosa, en verdad, al lado de los grandes programas de estos días electorales, poque nuestra lucha aquí sigue ofreciendo tras la muerte del general, para los otros pueblos, lo de antes, a saber, la ruptura democrática.
¿Y qué ofrece la unidad popular que constituimos, segunda fuerza electoral, primera de la oposición, segunda real en Euskadi, para los problemas que el Estado español tiene en Euskadi? Lo desiempre la negociación.
Sean pragmáticos. Sin ruptura democrática, esté en el Gobierno UCD o PSOE -en el Gobierno, que no en el poder-, en el Estado español no se podrán hacer ni reformas, ni nada. Ni la reforma agraria en Andalucía o Extrema dura, porque entonces se teme el golpe de Estado (que es golpe permanente), ni las autonomías, ni la no alineación internacional, ni so lucionar- el paro obrero, etcétera. Ni es seguro que lleguen a entabla -lo tememos y no vale lo que han llamado negociar estos últimos años- una verdadera negociación.
Miguel Castells
10 Octubre 1982
Ongi Etorri
José Bergamín es uno de los más luminosos y complejos escritores de la que se llama Generación de 1927. Compañero pues de Pedro Salinas, Antonio Espina, Federico García Lorca, Rafael Alberti, Luis Cernuda, Manuel Altolaguirre, Pablo Neruda y tantos otros. Fundador y director de la que luego fue famosa revista Cruz y Raya, cuyo carácter católico liberal y cristiano fue una gran novedad en aquellos tiempos de la República. Escritor fuertemente militante – si bien nunca hombre de partido – durante la guerra del 36 al 39 siguió luego la vía de un largo exilio del que regresó a Madrid a finales de los años cincuenta y no precisamente para descansar. Primer firmante en 1963 de un documento contra las torturas a los mineros asturianos durante su gran huelga de aquel año, fue objeto de una virulenta campaña por parte del ministerio de Fraga Iribarne y hubo de refugiarse en la embajada de Uruguay, desde la que pudo salir a su segundo exilio, en el que permaneció también siete largos años (1963-1970), mucho tiempo. Ahora, tampoco su segundo regreso – su vida consta de salidas y regresos como la del ingenioso Hidalgo – ha sido para descansar. su fina sensibilidad moral le ha hecho percibir sin contemplaciones el olor – el mal olor – de la reforma política postfranquista. Solitario en Madrid, uno de los más ilustres escritores con que cuenta – y no cuenta – la literatura española, ha decidido venirse a vivir entre nosotros, con nosotros, a o para nosotros… ¡Ongi etorri, Pepe Bergamín! Desde aquí hemos sentido, en los años que vienen pasando, el calor de tu compañía, en el rigor de tus críticas políticas y en el amor que has expresado de mil maneras a nuestro pueblo vasco y a sus luchas de liberación. ¡Ongi etorri, bai!
El Análisis
José Bergamín no era vasco, ni aspiraba a serlo. Pero despreciaba la reconciliación realizada por su país, y odiaba por encima de todas las cosas al Rey de España, garante de la unidad del Estado. Ahí le acogieron con abrazos y emoción Alfonso Sastre, José Félix Azurmendi, Miguel Castells, Erauskin y le cubrieron de loas y elogios sonrojantes. Los mismos que no hubieran dudado en escupirle si Bergamín si hubiera atrevido a publicar una sola línea de condena a los asesinos de ETA.
Bergamín había asumido que en Madrid, donde todos los partidos habían optado por la reconciliación, sus textos no serían apreciados. Pero en Donosti, trabajando para las publicaciones etarras sólo tenía que publicar cada tanto algún recuadrito despotricando contra el repugnante rey español y ya tenía una jornada de aplausos y elogios de todos los batasunos reconociéndole como «el único intelectual español independiente e inteligente».
Consiguió, pues, tener admiradores, en la etapa final de su vida, aunque fuera a costa de convertirse en el tonto útil de la propaganda etarra.
J. F. Lamata