4 octubre 1968

Firme partidario de invadir Cuba durante la crisis de los misiles de 1962 su apoyo supone un espaldarazo al Partido Independiente de Wallace como escisión del Partido Demócrata

El ex Jefe de las Fuerzas Aéreas con Kennedy, el General Curtis LeMey, será candidato a Vicepresidente de Estados Unidos aliado a George Wallace

Hechos

El 4 de octubre de 1968 el General Curtis LeMay se postuló oficialmente como candidato a Vicepresidente de Estados Unidos dentro de la candidatura de George Wallace a la presidencia de Estados Unidos.

El Análisis

Wallace y LeMay: La pareja que quiere dinamitar el bipartidismo

JF Lamata
George Wallace, el rebelde de Alabama, ha dado un golpe de efecto al elegir al general Curtis LeMay como su compañero de fórmula para la vicepresidencia por el Partido Independiente. Sí, LeMay, el cerebro detrás del bombardeo de Hiroshima y el halcón que llamó “blando” a Kennedy durante la crisis de los misiles en Cuba, cuando él soñaba con invadir la isla y derrocar a Castro a cañonazos. La jugada de Wallace es tan audaz como cínica: emparejar su segregacionismo sureño con un militar de renombre que no teme decir lo que piensa, aunque sea para horrorizar a medio país. En un año donde Nixon y Kennedy (o quien sea que los demócratas terminen escogiendo) dominan el tablero, Wallace apuesta por LeMay para robar titulares y galvanizar a los descontentos que ven en el bipartidismo un club de élites desconectadas.
No es que LeMay sea un desconocido. Como exjefe del Estado Mayor del Aire, su historial habla de un hombre que cree en la fuerza bruta y en soluciones simples para problemas complejos. Su choque con JFK en 1962, cuando abogó por una invasión a Cuba mientras el mundo temblaba al borde de la guerra nuclear, lo convirtió en una figura polarizante. Ahora, al unirse a Wallace, LeMay no solo abraza la causa segregacionista, sino que mancha su legado militar con el racismo descarado del gobernador de Alabama. Es una alianza que huele a cálculo político: Wallace quiere el voto de los que temen el cambio social y la guerra en Vietnam, y LeMay, con su retórica de mano dura, es el anzuelo perfecto para los que añoran un América de puño de hierro.
Pero este dúo dinámico podría ser un arma de doble filo. La campaña de Wallace ya es un imán para la controversia, y sumar a un general que glorifica los bombardeos masivos no va a ganarle amigos en las ciudades del Norte o entre los votantes que quieren paz, no más sangre. Mientras Nixon juega a la moderación y los demócratas lidian con su propio caos, Wallace y LeMay apuestan por el espectáculo: un segregacionista y un belicista contra el establishment. No ganarán la Casa Blanca, pero sí pueden desviar votos y avivar las llamas de un país ya fracturado. En este 1968, donde todo parece al borde del colapso, Wallace y LeMay no son solo candidatos; son una advertencia de lo que pasa cuando el resentimiento y la nostalgia se convierten en bandera. ¿Cuántos los seguirán?
J. F. Lamata