23 julio 2004

Desde el Grupo PRISA (diario EL PAÍS y Cadena SER)

Acusan al ex presidente José María Aznar de haber pagado con dinero público a un lobby para convencer a los Estados Unidos de que le concedieran una medalla

Hechos

  • El 23.07.2004 el diario EL PAÍS y la Cadena SER informaron de que el Gobierno presidido por D. José María Aznar había pagado a un lobby con dinero público para conseguir que el Senado de los Estados Unidos de América condecorara al Sr. Aznar.

Lecturas

Aprovechando la información que el Sr. Aznar desmentía, en EL PAÍS se publicaron no sólo artículos contra él sino contra su familia como hizo D. Javier Tusell Gómez en EL PAÍS, que causó una respuesta del ex ministro franquista D. Carlos Robles Piquer en defensa de la familia Aznar.

23 Julio 2004

El Estado de Aznar

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

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Cualquiera que conozca cómo funciona el sistema político en Washington sabe que se necesita del apoyo de un lobby, empresa de abogados e influencias para establecer ciertos contactos e introducir asuntos de interés en la agenda de la Administración. Bono tuvo que pasar por ello para entrevistarse con Rumsfeld tras el 14-M y antes de la formación del Gobierno de Zapatero. Pero una cosa es contratar lobbies con dinero público para impulsar intereses e iniciativas nacionales y otra muy distinta utilizarlos, como ha hecho Aznar, para poner en marcha el proceso, hasta ahora inútil, para que el Congreso le concediera la Medalla de Oro. Las minutas de la firma Piper Rudnick -una de las más importantes- registran facturas y gastos específicos para este fin, además de las gestiones realizadas para que senadores y representantes asistieran al discurso de Aznar en el Congreso. También con escaso éxito, puesto que a última hora hubo que acarrear a visitantes y becarios para llenar el hemiciclo.

El sistema de financiación elegido para pagar los dos millones de dólares de este contrato fue a través de la Embajada de España en la capital de EE UU, encabezada entonces por Javier Rupérez. En todo caso, el monto excede ampliamente los límites de contratos públicos por servicios no sometidos a concurso, aunque la firma reunía una serie de características específicas. El contrato fue firmado el 30 de diciembre, dos meses y medio antes de unas elecciones que Aznar estaba seguro de que ganaría el PP.

Este episodio refleja que Aznar ha confundido su persona, su cargo y el Estado, una confusión que le llevó a casar a su hija en una especie de boda oficial en El Escorial, y a llevarse documentos secretos del CNI de La Moncloa y presentarlo como si fuera algo natural. A este respecto, Aznar no sólo no se ha retractado, sino que, una vez más, ha intentado desviar la atención. Su afirmación de que «todos los informes están en el CNI» y de que «no hay ningún documento del CNI que no esté en manos del actual Gobierno», además de ser una verdad de perogrullo, no explica nada sobre si él conserva o no las copias de los informes que se le enviaron como presidente del Gobierno.

Todo un contraste con lo ocurrido en el equipo de Kerry. Uno de sus asesores principales, Sandy Berger, que fue consejero de Seguridad Nacional con Clinton, ha tenido que dimitir precisamente por llevarse documentos secretos cuando abandonó la Casa Blanca.

Tras la derrota electoral, Aznar se ha quedado no sólo sin el Estado en sus manos, sino que su mal estado arrastra al PP. Ahora debe explicarse, rendir cuentas y pagar lo que no corresponde al Estado. Es lo mínimo que cabe exigirle.

23 Julio 2024

Malversacion No, Disparate Si

EL MUNDO (Director: Pedro J. Ramírez)

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Todos nuestros lectores conocen las discrepancias de fondo que expresamos en los últimos meses de Gobierno de Aznar por su empecinamiento en alinearse con Bush en el conflicto de Irak, desequilibrando la política exterior española. Entonces pusimos en relación la actuación de Aznar con el deterioro del proceso de toma de decisiones.Con la mayoría absoluta y el trato con los poderosos de la tierra, el ex presidente parecía haber caído en la tentación de la megalomanía.

Pues bien, ayer nos enteramos de que el entonces Gobierno del PP, a través del Ministerio de Exteriores, contrató los servicios de un lobby estadounidense para promocionar la imagen de España y del presidente en EEUU, a cambio de dos millones de dólares.La elevada inversión podría ser discutible, pero defendible, ya que la contratación de este tipo de bufetes es habitual en ese país. Casi todas las embajadas en Washington lo hacen; Julio Feo recurrió a esa vía para potenciar la imagen de González y la relación contractual con el citado lobby no ha sido anulada por el Gobierno de ZP. De hecho, sus documentos demuestran que el bufete ha centrado gran parte de su trabajo en favorecer a diversas empresas españolas.

Ahora bien, lo inadecuado en el caso de Aznar es que, de acuerdo con el reporte de actividades de la empresa Piper Rudnick figuran gestiones destinadas a lograr las firmas de congresistas y senadores en pro de la concesión a Aznar de la Medalla del Congreso estadounidense.

Los socialistas e IU se apresuraron a acusar al ex presidente de haber incurrido en malversación de fondos y corrupción. No parece, de acuerdo con lo establecido en el artículo 433 del Código Penal, que este delito pueda ser de aplicación en este caso, ya que bien se podría alegar que a España le beneficia que a su presidente del Gobierno le den esa medalla. Sin embargo, sí que estamos ante un disparate de bulto por parte del propio Aznar o de quien, en el Ministerio de Exteriores, gestionara las relaciones con el lobby. Entre otras cosas, porque la medalla del Congreso estadounidense es una distinción que se concede a título personal y la poseen tanto líderes políticos como actores -John Wayne- o benefactores -Madre Teresa de Calcuta-. Pero es que, además, a la postre la inversión pública resultó un despilfarro porque Aznar no logró los votos suficientes en el Senado para lograr la distinción y porque la agencia de relaciones públicas hizo gestiones asimismo para que hubiera una nutrida asistencia de congresistas en el discurso de Aznar y hubo que llenar el aforo a base de estudiantes y becarios.

En la contratación de este lobby se superpone una legítima defensa de los intereses nacionales con la vanidad de un gobernante, que queda en evidencia cuando tiene que pagar por conseguir el honor de una medalla. Que el trasfondo de todo ello fuera el apoyo de Aznar a Bush en una guerra sin respaldo de la opinión pública hace que el error adquiera más tintes sombríos.

26 Julio 2004

¡Pío, pío que yo no he sido!

Ignacio Villa

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La primera vez pudo colar, pero ahora cien días después ya no se lo cree nadie. El Partido Socialista ha vuelto a poner en marcha su peculiar maquinaria destructiva. Una maquinaria que tiene tres pasos obligados. Primero: uno de los medios de comunicación del grupo PRISA saca a la luz una filtración previa del propio Ejecutivo. Ahí empieza la repetición a hora y deshora, en portada y en páginas interiores de la filtración de turno. Segundo: una vez que la noticia está convenientemente difundida aparecen los leones rugientes socialistas para valorar esa información que siempre tiene como objetivo demoler todo lo que tenga la huella del PP y del propio Aznar. Tercero: aparece en escena el presidente Zapatero. Lo hace con cara de bueno, como sí él no supiera nada de nada y entonces dice que con él eso no volverá a pasar y que el lugar del debate es el Congreso de los Diputados. Este ciclo con tres pasos bien delimitados se repite una y otra vez como única estrategia política.
La última entrega de esta orquestación, la hemos visto con la polémica surgida por la medalla del Congreso de los Estados Unidos para José María Aznar. Una polémica basada en una historia que nada tiene que ver con la realidad, pero que anunciada a los cuatro vientos y aliñada con declaraciones termina pareciendo verdad lo que es rigurosamente falso. Pero en fin, lo que se repite siempre como el refrendo y el certificado de que estas operaciones de acoso y derribo están perfectamente diseñadas es la intervención final de Zapatero. El presidente del Gobierno siempre aparece en escena con un mensaje subliminal: «¡Pío, pío que yo no he sido!. Pero ya vamos conociendo el percal y esa cara de no haber roto un plato no nos vale. No tiene credibilidad.

Esto no es serio. Esto no es de recibo. El Gobierno Zapatero deberá ponerse ya las pilas. Dejar de hacer política de odio y rencor, mirando al pasado y fabricando historias de la nada, y dedicarse a solucionar los problemas de verdad. Hay que empezar a pensar que el Partido Socialista y el presidente del Gobierno viven bajo el síndrome del complejo de inferioridad. Y están dispuestos a seguir quemando todo lo que se encuentren por su camino. Una auténtica mezquindad, una capacidad de gestión muy pobre y un nivel político muy bajo. ¡Ya esta bien! ¡Qué se pongan a gobernar! Desde luego estamos empezando a dudar que sepan hacerlo. Y lo hechos así lo demuestran.

26 Julio 2004

Clementinas y gallardones

Javier Tusell

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En un libro reciente, Bush country, escrito por el periodista norteamericano John Podhoretz, se exalta la infinita capacidad del mandatario norteamericano para provocar a los sectores liberales de su país hasta volverlos locos (insane). El caso de José María Aznar es diferente porque da la impresión de, no sólo provocar al adversario, sino desconcertar hasta el extremo a los propios. Un político derrotado y tronchado merece piedad, redescubrir las buenas intenciones que en su día tuvo y extraer lecciones de su experiencia. Pero, con pertinacia digna de mejor causa, no nos deja José María Aznar actuar de esta manera.

Hace unos sesenta años en la Embajada española en Washington, sin relaciones diplomáticas con Franco, el diplomático José Félix Lequerica trató de salvar el aislamiento internacional del régimen por el procedimiento de recurrir al lobbying. Así se le comunicó a Franco, del que consiguió los recursos oportunos. Uno de quienes le ayudaban se llamaba Manuel Aznar, el abuelo del futuro presidente. Se trataba de colaborar a la supervivencia de la dictadura y algo lograron (convenientemente premiado en forma de embajadas para el segundo).

Hoy, la Historia se repite en forma de caricatura. Ahora no se trata de salvar un sistema político, sino de conseguir un pedazo de vil metal. Aquello podía ser perverso, esto es diminuto, minúsculo hasta lo ridículo. Los otros términos a los que parece necesario recurrir para aludir a la cuestión resultan más gruesos. Constituye, por ejemplo, un esperpento de categoría que el país que ha estado más en contra de la intervención en Irak emplee una parte de sus impuestos en la promoción de un premio, dado por otros, a quien, de modo desatentado, le condujo por una senda contradictoria con sus deseos. Es una vergüenza que se pretenda encubrir en un contrato normal de asesoría de intereses públicos un propósito privado en el que no cabe la menor duda de que se ha avanzado en los consiguientes gastos. Desde un principio, todo lo realizado caía dentro del terreno de la necedad, porque era bien evidente que la transparencia del lobbying norteamericano permitiría detectar lo sucedido cuando, además, era perfectamente factible una financiación privada del propósito. Adviértanse las condiciones en que queda una administración diplomática española en la que el superior jerárquico es incapaz de distinguir entre la diferencia de la promoción de la mandarina clementina y la condecoración no deseada por la mayoría de los españoles. O la de un embajador inhábil para escribir ocho folios de alabanza partidista a su presidente (lo que tampoco debió hacer en cualquier caso).

El caso asemeja a una especie de Filesa privado y en tono menor, pero también más desenfadado. Se recurrió entonces a dinero privado a cambio de favores, pero los beneficios fueron a manos de un partido. Ahora, para un fin individual, se recurre a la caja común por el simple gesto de estirar la mano.

Tres reflexiones más. ¿Cómo se compatibiliza la ideología liberal tan entusiásticamente defendida desde FAES con esa amalgama entre el interés público y privado tan habitual en el neoconservadurismo? La forma de privatizar empresas públicas y tratar a medios de comunicación se reproduce de nuevo. En segundo lugar, Pietro Roncini, un psiquiatra del Parlamento italiano descubrió entre los parlamentarios de su país, ante todo, las patologías de megalomanía y narcisismo. Habría que invitarle a contemplar y dictaminar otros ejemplos más estridentes, como el que nos ocupa. Casos de desequilibrio se han producido en España con el abandono del poder, pero no durante su ejercicio.

No es momento aquí de abordar la posible salida a toda esta turbia cuestión. A pesar de la gravedad de lo sucedido, sería recomendable una cierta benevolencia aunque fuera inmerecida. Y para ello hay buenas razones que derivan de la situación política. La baja calidad de la democracia española no sólo permite que pasen estas cosas, sino que amenaza con la posibilidad de que en adelante nos enzarcemos durante meses en una exasperada agonía de reproches, de política retrospectiva y de odiosidades sin cuento. No habría que olvidar lo acontecido, pero tampoco enquistarnos en la pelea.

28 Julio 2004

Respuesta a Tusell

Carlos Robles Piquer

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El catedrático de Historia contemporánea don Javier Tusell comete un error al afirmar (en su artículo Clementinas y galardones) que, hace 60 años, el Gobierno norteamericano estaba «sin relaciones diplomáticas con Franco», y otro al hablar de «el diplomático José Félix Lequerica». Las relaciones diplomáticas eran entonces servidas por las embajadas en Madrid y Washington que nunca se cerraron. Ésta tenía a su frente como encargado de negocios al diplomático profesional don Germán Baraibar y Usandizaga, un vasco tan vasco que no podía ser más español. Don José Félix de Lequerica no era diplomático, sino un notable político, tan vasco como Baraibar, y que dirigía la acción política de la embajada desde su condición… de inspector de Embajadas, instalado en la española en Washington. Lequerica gestionó, en efecto, un contrato con un lobby, actividad muy honorable en aquel país. Le llevaba el día a día del contrato un listísimo periodista, el señor Cacho Zabalza, que fue luego embajador (no diplomático) en El Salvador.

El señor Tusell puede seguir insultando al señor Aznar y a su ilustre abuelo don Manuel; pero debe conocer mejor la historia que enseña. Claro que, en materia de deformación, nada mejor que el titular del pasado viernes en ese diario, pues es obvio que Aznar no contrató el lobby para ganar la medalla aunque luego alguno, con poco seso, pensara que también podía servir para eso. Y pronto veremos para qué le sirve a España, cuando nos hagan falta los amigos, el «antimedallismo» de nuestro actual Gobierno.

29 Julio 2004

Respuesta de Tusell

Javier Tusell

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Hay opiniones que se quitan leyendo. Si Carlos Robles Piquer hubiera leído el libro de María Jesús Cava sobre Lequerica o el de Jesús Tanco sobre Manuel Aznar no habría tratado de desmentirme, sin realmente hacerlo, acerca de una pequeña anécdota. Lea e ilústrese.

Pero lo importante se refiere al presidente Aznar. No tengo el menor interés en insultarle en un momento en que más bien produce piedad y vergüenza; le veo ya como un personaje histórico, una especie de remoto Portela Valladares. Incluso entendería solidaridades personales con él. Pero me quedo en estado de perplejidad patidifusa al comprobar que un protagonista de tan larga trayectoria política y funcionarial como el señor Robles Piquer pueda considerar correcto que bienes públicos puedan ser utilizados alegremente para dar satisfacción a frágiles vanidades privadas.