2 febrero 1980

Amenazas, tensiones y asaltos en la negociación para conseguir la marcha del periódico del equipo directivo

El grupo Santacreu recupera el control del DIARIO DE BARCELONA expulsando a García Hernández y Julio Merino, de extrema derecha

Hechos

En febrero de 1980 se produjo la salida de DIARIO DE BARCELONA de los Sres. D. Julio Merino, D. Fernando Latorre y D. Valentín González.

Lecturas

Con el nuevo cambio accionarial del periódico, el ‘Brusi’ abandonará la órbita próxima a Fuerza Nueva y para acercarse a la de ‘Solidaritat Catalana’, la formación liderada por D. Juan Echevarría e inspirada por la Alianza Popular de D. Manuel Fraga y D. Manuel Milián Mestre en Catalunya

EDITORIAL DESAFIANTE ‘¿DÓNDE ESTÁ SANTACREU?’

santacreubrusi  Las malas relaciones de los responsables de la redacción de DIARIO DE BARCELONA encabezados por D. Julio Merino y el accionista, en teoría, mayoritario, D. Josep María Santacreu se evidenciaron cuando se insertó en la portada un recuadro contra este titulado ‘¿Dónde está el Sr. Santacreu?’, en el que se acusaba al empresario de haber dejado abandonado al DIARIO DE BARCELONA y de poner en riesgo a todos sus empleados.

D. Julio Merino explica a J. F. Lamata su salida de la dirección de EL DIARIO DE BARCELONA:

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18 Enero 1980

¿Dónde está el Sr. Santacreu?

Editorial (Director: Julio Merino)

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¿Dónde está la conciencia de un empresario que abandona el timón, que abandona el barco, y pone en peligro los puestos de trabajo de un centenar de personas?

Sí, señores ¿dónde está el señor Santacreu? ¿Dónde está la conciencia de la derecha española? ¿Dónde está la consciencia de la derecha catalana? ¿Dónde está el sentido común de la burguesía catalana? ¿Dónde está el sentid comín de los empresarios catalanes? ¿Dónde? En ningún sitio. Porque desde el señor Santacreu hasta el último empresario están dormidos. ¿Acaso esperan a que les despierten otra vez las horas, los días, las semanas trágicas que han vivido durante este siglo? ¿Dónde está la conciencia de un empresario que abandona el timón, que abandona el barco, y pone en peligro los puestos de trabajo de un centenar de personas?

Sí, señores, no nos extraña que la Prensa esté como está. Y no nos extraña porque, si los responsables de las empresas periodísticas actúan como el señor Santacreu, hasta hace poco empresario de un diario de Barcelona, lo lógico, lo normal, es que las empresas periodísticas vayan al caos.

Hoy, ahora, el señor Santacreu, que en un momento tuvo la mayoría de las acciones de esta empresa, se ha alejado y no quiere saber nada. Pero… ¡ahí queda eso!

Porque, no basta, no, señores, con tener en una caja fuerte los vendís de unas acciones. Porque por encima de los ‘vendís’ y de las acciones, están el porvenir y los puestos de trabajo.

21 Enero 1980

“Imparciales a la calle”

Julia Luzán

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Al señor Santacreu se le atragantaba el café con leche de cada mañana al leer su DIARIO  DE BARCELONA. El último salto lo recibió con un recuadro aparecido en el periódico bajo el título “Dónde está Santacreu”. Julio Merino, el director, arremetía contra el empresario. Santacreu, furioso, responde a la última genialidad, encarnada en Merino. Tomó la decisión reconducir EL DIARIO DE BARCELONA donde “la banda de los cuatro” en meses había trasladado su campo desde EL IMPARCIAL, de Madrid, al Brusi de Barcelona.

El DIARIO DE BARCELONA, aquejado del mal de los periódicos del país, es una empresa que paga como puede según los golpes que le imparte el señor Santacreu, hombre que fue de Fraga y que puso el diario a su disposición, tuvo un buen día la idea de llamar para que levantaran un diario en aguas a Julio Merino, Fernando Latorre, Valentín González y José González. El pleno de EL IMPARCIAL tomaron el Brosi. Imprimeron portadas sensacionalistas, arremetieron a diario contra políticos democráticos pidieron reiteradamente que Tarradellas presentar a a las elecciones al parlamento catalán y Merino llamaba a las mujeres catalanas para que hicieran caceroladas.

Fachas al socorro

La banda de los cuatro ha desaparecido del DIARIO DE BARCELONA. Las tensiones en el último día de trabajo de Merino fueron fuertes. Merino no quería irse sin recibir la indemnización ipso facto. Unas indemnizaciones que se habían estipulado para los cuatro, de 16 millones de pesetas. Se marcharon cuando recibieron cinco de esos 16, en mano, cantidad que estaba destinada a pagar la nómina de los empleados. Lo consiguieron y se dice que hasta con amenazas veladas de que o pagaban o amigos ultraderechistas acudirían en su auxilio.

Entre tanto, en el bar de enfrente Juan Echevarría, Milián Mestre y Arderíu vigilaban el desarrollo de los acontecimientos. La batalla estaba ganada, pero los trabajadores no las tienen todas consigo. ¿DIARIO DE BARCELONA, durará hasta el día 21 de marzo, una vez concluidas las elecciones al Parlamento catalán o seguirá a flote después? De momento, los empresarios han apostado por su Brusi y han puesto de patitas en la calle a Merino y sus muchachos. Como director en funciones figurará Juan Segura Palomares y no es muy aventurado arriesgar que si el periódico sigue adelante, Palomares, que cuenta con el beneplácito de la mayoría de los trabajadores del diario, permanecerá confirmado como director.

Los millones de Merino

Tampoco parece que Merino se haya llevado un gran disgusto con lo de dejar la dirección del DIARIO DE BARCELONA. Por una parte, el periódico no ha registrado precisamente un gran éxito de público. Por otra, parece ser que el ultraderechista director le ha tomado el gusto a lo de las indemnizaciones millonarias: en el curso de pocos años, Merino lleva superada con mucho la docena de millones procedentes de muy diversos medios informativos: Pyresa, PUEBLO, EL IMPARCIAL y ahora EL DIARIO DE BARCELONA. En los dos últimos casos, Merino aportó a los periódicos una línea desestabilizadora, sensacionalista y poco provechosa para los empresarios, que no veían cumplirse sus expectativas de venta y, además, se veían abocados a desprenderse de sustanciosas cantidades de dinero para financiar su despido. Merino, sin duda, ha llegado a ser un maestro en el arte de firmar contratos provechosos.

Julia Luzán