29 septiembre 1984

La productora de animación más grande del mundo (a pesar de que los dibujos apenas supongan el 1% de sus ganancias)

El grupo Walt Disney Co. se pone en las manos del empresario judío Michael Eisner que anuncia planes de expansión para la compañía

Hechos

En septiembre de 1984 Michael Eisner fue nombrado por el Consejo de Administración de Walt Disney Co nuevo CEO de la compañía.

El Análisis

Michael Eisner y el renacimiento del reino Disney

JF Lamata

Tras la muerte de Walt Disney en 1966, la compañía que había revolucionado el cine de animación entró en un largo período de incertidumbre. Su hermano Roy tomó el timón, pero con su fallecimiento en 1971 la empresa quedó sin la visión creativa que la había fundado. Durante la década de los setenta y principios de los ochenta, Walt Disney Productions sobrevivió gracias a su prestigio, sus parques temáticos y sus clásicos del pasado, pero sufrió un declive creativo: sus películas de animación perdieron fuerza frente a la competencia, y la empresa quedó atrapada en una peligrosa inercia que la hacía vulnerable incluso a intentos de compra hostil.

El giro llegó en 1984, cuando Michael Eisner asumió la presidencia de la compañía y, junto a Jeffrey Katzenberg en el área cinematográfica, impulsó una auténtica reestructuración. Eisner trajo consigo una mentalidad empresarial agresiva y moderna: expandió las divisiones, renovó los parques temáticos, apostó por la televisión y, sobre todo, puso la animación de nuevo en el centro de la identidad de Disney. La llegada de Katzenberg significó profesionalizar la producción de largometrajes, aumentar la ambición narrativa y presupuestaria, y recuperar la confianza de un equipo que llevaba años a la deriva.

El fruto de esa revolución se vería a finales de la década. Entre 1989 y 1992, con títulos como La Sirenita, La Bella y la Bestia o Aladdín, Disney recuperó no solo su posición dominante en el cine de animación, sino que volvió a marcar la pauta cultural global. Aquella etapa, conocida como el “Renacimiento Disney”, fue posible gracias a la audacia empresarial de Eisner y al olfato creativo de Katzenberg, que devolvieron a la compañía la capacidad de emocionar al público como lo había hecho en los tiempos de Walt. Disney, que en los setenta parecía una reliquia del pasado, se transformaba de nuevo en un imperio en expansión.

J. F. Lamata