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Durante una bronca con Ignacio Villa (COPE) en la tertulia de la productora Globomedia acusó al Gobierno de haber dado instrucciones al embajador de apoyar el efímero Gobierno Carmona

El ministro Moratinos acusa en ’59 Segundos’ (TVE) a Aznar de haber apoyado el intento de Golpe de Estado en Venezuela

HECHOS

  • En noviembre de 2004 el ministro de Exteriores, D. Miguel Ángel Moratinos, reveló durante una tertulia en TVE que el Gobierno anterior se decidió secundar al Gobierno que tomó el poder en Venezuela durante los días en que el comandante Chávez permaneció detenido.

AL COMANDANTE CHÁVEZ ‘NO LE SORPRENDEN’ LAS DECLARACIONES DE MORATINOS

Preguntado por periodistas españoles por las palabras del ministro Moratinos, el presidente de Venezuela, de visita en Madrid aseguró que ‘no le extrañaban’ las palabras del Sr. Moratinos, puesto que le constaba que los únicos dos embajadores  que respaldaron el Gobierno de Carmona fueron el de EEUU y el de España. El comandante Chávez contemporanizó dos años con el Sr. Aznar durante la última etapa de su mandato 2002-2004 y hasta viajó a España sin hacer nunca ningún reproche público contra el mandatario español. Sin embargo a partir de diciembre de 2004 – después de que el Sr. Moratinos abriera la veda – no hubo referencia del presidente venezolano en  la que no cargara contra ‘fascista-golpista’ Sr. Aznar.

11 Octubre 2005

Si Moratinos sigue siendo ministro ya vale todo

Ignacio Villa

Después de ver brindar a Miguel Ángel Moratinos con su homólogo marroquí en Rabat, y después de escuchar las alabanzas al trato que Marruecos ofrece a los inmigrantes subsaharianos, surge de inmediato un interrogante; ¿sigue siendo Moratinos ministro del Gobierno?, o, mejor dicho, ¿cómo puede seguir siendo ministro del Gobierno de España un personaje que ha alabado sin tapujos una política de utilización del inmigrante sin ningún respeto a los derechos humanos?
El régimen de Marruecos realiza lo que se puede catalogar, sin duda, como la utilización de la inmigración como forma de ejercer la presión política. Primero los lanzan contra las ciudades españolas de Ceuta y Melilla, en una nueva forma de ocupación. Luego, cuando esa fórmula ya no tiene más recursos, los sueltan en el desierto como si fueran animales. Esa es la política de Marruecos que ha alabado el ministro Moratinos en una actitud sin precedentes en un Gobierno democrático hacía las formas de actuar de un régimen tiránico y despótico.
Con toda esta situación nos encontramos ante una duda de difícil solución. O es que el Gobierno de Zapatero se ha hipotecado al máximo con Marruecos para mantener ocultas muchas claves del 11 de marzo, o es que el Ejecutivo español está dispuesto a hacerse compinche de los desmanes antidemocráticos de Mohamed VI. O quizá son la dos cuestiones, que lejos de ser excluyentes se pueden complementar perfectamente.
Lo que desde luego es muy llamativo, y nadie ha sido capaz de ofrecer explicación alguna es que el presidente Zapatero se escondiera detrás del atril y del vaso de agua en la reciente cumbre bilateral, incapaz de defender los intereses de España ante el primer ministro de Marruecos. Y ahora nos encontramos con Moratinos brindando con té verde y agradeciendo a Benaissa la forma que tiene Marruecos de luchar contra la inmigración ilegal.
Nunca un país europeo ha podido caer más bajo. Nunca España ha vendido por menos su honor y su forma de hacer política. Nunca un Gobierno como el de Zapatero ha dejado humillar de esta forma la historia de su país. Nunca se había visto lo que estamos viendo. Sin ninguna vergüenza y sin ningún pudor, Zapatero está naciendo balilar a España al son de Marruecos. Y eso también forma parte de su estrategia, que pasa por la destrucción de la actual España. En ello están y los hechos lo demuestran.
02 Diciembre 2004

Disculpas y razones

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

Miguel Ángel Moratinos se equivocó en la forma y en la oportunidad de sacar a relucir en un programa de televisión de formato inadecuado para un debate político el «apoyo» del anterior Gobierno al golpe de Estado contra Hugo Chávez en abril de 2002.

Oportuna y adecuadamente, el ministro de Asuntos Exteriores pidió ayer disculpas por este error que hay que calificar como grave. Pero aportó elementos convincentes sobre el fondo de su afirmación: la diplomacia de Aznar no condenó a tiempo el golpe, lo endosó, y aceptó una conversación telefónica con Carmona, el golpista autoproclamado presidente. Sobre todo, el Gobierno de Aznar intentó buscarle al golpe legitimidad internacional: en la UE, con un comunicado que no lo condenó; con EE UU, a través de otro texto y de la visita de los dos embajadores a Carmona, y presionando a otros países latinoamericanos, sin éxito, en contra de los principios de la Organización de Estados Americanos. El ministro puntualizó que el Gobierno de Aznar no instigó ni participó en el golpe. De su boca no salió el grave insulto de «golpista» dirigido al anterior Gobierno.

Esos días que van del 11 al 14 de abril de 2002 fueron confusos. Sería conveniente pasar página sobre ese episodio y mirar hacia el futuro. España debe recomponer un mínimo consenso en política exterior. No va a resultar fácil, especialmente con el regreso del aznarismo al PP. En general, la ciudadanía parece apoyar la política exterior de Zapatero de retirada de Irak, de acercamiento a la Europa franco-alemana o de buenas relaciones con Marruecos. Pese a algunos titubeos y tropiezos iniciales, está dando sus primeros frutos con la liberación de disidentes en Cuba o la visita del líder del Frente Polisario, Mohamed Abdelaziz, a Madrid, donde el presidente Aznar no le había recibido nunca. Hay, es verdad, un problema pendiente con EE UU, que se puede y se debe encauzar.

El portavoz del PP, Gustavo de Arístegui, como si sintiera el soplo aznarista en el cogote, fue de una dureza extrema al pedir la dimisión de Moratinos pese a no aportar nada que desmintiera las afirmaciones del ministro. Sería un error grave que el PP no considerara ya a Moratinos como interlocutor, renunciara a llegar a un pacto de Estado en política exterior y rompiera las relaciones institucionales. Y grave es la velada amenaza de Rajoy sobre la campaña del referéndum de la Constitución europea si Moratinos sigue en su puesto.

El PP debe reconsiderar seriamente su actual situación: es el mayor grupo de la oposición en el Congreso, pero está encastillado en su soledad y orgulloso de ella. Los ciudadanos están hartos de la crispación como técnica política, algo que el PP ha venido utilizando desde 1993 con distintos énfasis, pero sin tregua, y teme que algunos quieran recuperarla. El relevo de Aznar por Rajoy fue recibido como un cambio en el estilo de hacer política, pero el viento de la bronca está barriendo los buenos augurios.

El PP amagó el martes con un plante en el Congreso y con la reprobación de su presidente, Manuel Marín, que le había amparado unos días antes, por una cuestión formal artificialmente magnificada en relación al procedimiento para tramitar la reforma del sistema de nombramientos judiciales. Hay un chantaje de la derecha en todo este asunto: por una parte, denuncia el intento de cambiar las reglas de juego sin consenso, a la vez que utiliza la mayoría de sus patrocinados en el Consejo del Poder Judicial para hacer el copo en los nombramientos que de él dependen. Es falso que la reforma sea para favorecer al PSOE. De lo que se trata es de obligar a un consenso mayor en los nombramientos para evitar esa imposición avasalladora por parte de una mayoría coyuntural.

Vista la actitud del PP, los demás partidos deberán extremar la atención a los más mínimos detalles procedimentales. El partido que introdujo una reforma del Código Penal por la puerta falsa en el Senado ahora actúa con mentalidad cicatera y exigente. Eso no es hacer oposición, sino obstruccionismo, una actitud que difícilmente permitirá el afianzamiento de Rajoy al frente del PP. La campaña del referéndum sobre la Constitución europea constituirá un examen para este partido; los debates sobre la reforma de los estatutos y de la Constitución, otro. Pero con un PP aznarizado es difícil imaginar que se produzca sin bronca y sin crispación.

España enfrenta en los próximos años cuestiones trascendentales: una reforma constitucional, la amenaza del terrorismo global, los cambios vertiginosos en Europa o la adaptación al mundo unipolar y a una presidencia de EE UU preocupante, pero con la que hay que entenderse, mientras el gigante chino rompe su cascarón. Cosas todas ellas que convierten las broncas de estos días en minúsculas e irresponsables querellas de campanario.

El Análisis

EL LUGAR Y LAS FORMAS

JF Lamata

El ministro Moratinos dá una información en medio de una bronca en TVE contra el Gobierno anterior, que viene a ser como acusar al Gobierno Aznar de golpista, de hecho el propio líder venezolano Chávez hasta ese momento no había dicho nada sobre ese tema, eso sí, a partir de ese momento no pararía de de repetirlo siempre que pudiera. Quizá la acusación más correcta contra la diplomacia del Gobierno Aznar no sea de pro-golpista sino de lameculos de la diplomacia de EEUU, opinión ya compartida en amplios sectores de la sociedad tras el tema de Irak.

Pero lo más interesante es que el ministro Sr. Moratinos en vez de hacer su denuncia en una entrevista o en un pleno, lo hace en un programa de debates-gritados. En medio de una bronca con D. Ignacio Villa (locutor de la COPE y defensor habitual del PP) ‘y tú más’, va y lo suelta cual niño enrabietado. Mala jugada de un ministro que quiera aparentar talla, pero buena jugada para Globomedia y ’59 Segundos’, que lograron un buen espectáculo para un programa que acababa de estrenarse.

J. F. Lamata

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