13 diciembre 1989

El partido suprime el término comunista de su denominación y concurrirá a unas elecciones democráticos a las que podrán presentarse partidos de derecha hasta ahora prohibidos

El Partido Comunista de Bulgaria rompe oficialmente con su pasado dictatorial y expulsa a Todor Zhikov y a sus principales colaboradores

Hechos

El 13.12.1989 el Partido Comunista de Bulgaria expulsó al ex Jefe del Estado, Todor Zhikov, a su hijo Vladimir Zhijov y el ex ministro de Interior Milko Valev.

El Análisis

Borrando a Zhivkov para salvar el partido

JF Lamata

En el viejo manual comunista, la expulsión del partido equivalía a una ejecución política: una condena sin retorno. Todor Zhivkov, que durante 35 años encarnó el poder absoluto en Bulgaria, conoce hoy esa sentencia, acompañado por su hijo Vladimir y por el exministro del Interior Milko Valev. La diferencia es que esta vez no se trata de un castigo para silenciar disidencias, sino de un acto calculado para que el propio Partido Comunista de Bulgaria sobreviva en una Bulgaria que avanza hacia elecciones libres y hacia un futuro que quiere ser democrático.

El nuevo líder, Petar Mladenov, ha entendido que, en el clima político que sigue a la caída del Muro de Berlín, el pasado pesa como una losa. Para tener una mínima opción de permanecer en la vida pública, el partido debe dejar atrás su imagen de instrumento dócil de Moscú, renunciar a su viejo nombre y presentarse como un renovado Partido Socialista de Bulgaria. Y para lograrlo, nada mejor que sacrificar a quienes encarnan con mayor nitidez la dictadura pro-URSS: Zhivkov, símbolo de inmovilismo y represión; su entorno familiar, vinculado al nepotismo; y un ministro de Interior asociado a la maquinaria represiva.

Pero aunque el bisturí de Mladenov corte nombres y cambie siglas, la operación no garantiza la cura. La memoria colectiva conserva tres décadas de servidumbre al Kremlin, censura, represión y privilegios para unos pocos. La cuestión es si un simple cambio de etiqueta bastará para convencer a un electorado que ha visto cómo el régimen se derrumbaba en cuestión de semanas y que, quizá, ya no esté dispuesto a dar segundas oportunidades a quienes lo sostuvieron.

J. F. Lamata