4 noviembre 1989

Aguantó en el poder durante los mandatos de Kruschev, Breznev y Gorbachov

La presión popular derriba la dictadura comunista de Bulgaria de Todor Zhikov con más de 30 años en el poder

Hechos

El 10.11.1989 la dirección del Partido Comunista de Bulgaria destituyó a Todor Zhikov como Secretario General del Partido y como Jefe del Estado.

Lecturas

Zhikov estaba al frente de Bulgaria desde marzo de 1954. 

El muro de Berlín fue derribado entre el 9 y el 10 de noviembre de 1989. 

El nuevo líder del partido comunista, Peter Mladenov, anunció la convocatoria de elecciones libres y la disolución del monopolio de partido único.

Para noviembre de 1989 Todor Zhikov, dictador comunista de Bulgaria como secretario general del partido único había perdido apoyos por su incapacidad de hacer reformas, algo que le había hecho perder el favor de Gorbachov y de los aperturistas de su partido entre ellos el primer ministro Georgi Atanasov , el ministro de Asuntos Exteriores Petar Mladenov y el ministro de Finanzas Andrey Lukanov . En octubre de 1989, Mladenov organizó una cumbre ambiental de la CSCE en Sofía. Invitó a Ecoglasnost , un grupo independiente de activistas ambientales búlgaros , a participar. Diez días después de la conferencia, varios activistas y simpatizantes de Ecoglasnost fueron brutalmente golpeados por oficiales de la CSS y de la milicia, siguiendo órdenes de Zhivkov. Posteriormente, acorralaron a otros 36 activistas de la oposición, los llevaron al campo y los obligaron a regresar a pie a Sofía. Ante una condena internacional casi unánime, Mladenov, Lukanov y Atanasov decidieron que Zhivkov debía irse. En un paso crucial, convencieron al ministro de Defensa, Dobri Dzhurov, para que los apoyara.

Los conspiradores atacaron el 9 de noviembre, un día antes de una reunión del Politburó. Dzhurov se reunió con Zhivkov en privado y le comunicó su dimisión, ya que contaba con suficiente apoyo en el Politburó para votar su destitución. Zhivkov, sorprendido, intentó conseguir apoyo, pero fue en vano. Justo antes de la reunión del día siguiente, Dzhurov le dio un ultimátum: si no dimitía, el Politburó no solo votaría su destitución, sino que lo ejecutaría. Al ver el futuro inminente tras la aprobación de la moción que pedía su destitución, Zhivkov dimitió, oficialmente «por motivos de salud» (la excusa de siempre en los países comunistas). Mladenov fue elegido su sucesor. El 17 de noviembre, la Asamblea Nacional lo destituyó del cargo de Presidente de Bulgaria, sustituyéndolo por Mladenov. Bulgaria iniciaba un proceso democratizador a la vez que lo hacían la RDA y Checoslovaquia.

En diciembre de 1989 Todor Zhikov fue expulsado del Partido Comunista de Bulgaria. 

12 Noviembre 1989

Yivkov no dimitió, sino que fue prácticamente destituido por la dirección comunista búlgara

Hermann Tertsch

Leer

Todor Yivkov, que hasta el viernes era jefe del Estado y del Partido Comunista de Bulgaria y que fue sustituido por Petar Mladenov, no dimitió de sus cargos por voluntad propia como señala la versión oficial, sino que fue prácticamente destituido por la dirección del partido.

Medios políticos en Sofía informaron ayer que la caída de Yivkov en el pleno del comité central fue resultado de una amplia operación llevada a cabo por la mayoría del buró político y que el anciano líder había presentado resistencias a su relevo hasta la reciente reunión de este órgano, en el que Yivkov sorprendió con una apología del pluralismo político.El sucesor de Yivkov, el hasta ahora ministro de Asuntos Exteriores, Petar Mladenov, ya informó personalmente hace dos semanas al Kremlin, en Moscú, que la cúpula del partido comunista búlgaro le había elegido como sucesor del anciano dirigente. El pleno del comité central, que en principio iba a prolongarse hasta ayer, quedó clausurado en la noche del viernes tras ser confirmado Mladenov como sucesor de Yivkov con sólo un voto en contra. Según ha quedado patente, el único objetivo real de su convocatoria era la sucesión de Yivkov y una vez elegido su sucesor, el debate político y los nuevos cambios quedaron aplazados hasta el próximo pleno.

Mladenov, que tras el alemán federal Hans Dietrich Genscher, era el ministro de Asuntos Exteriores más veterano de Europa, con 18 años en el cargo, es un hombre de amplia cultura y buenas relaciones con la actual dirección soviética. En Sofía, se considera que puede ser el hombre ideal para una transición política. «Puede ser una solución provisional, aunque no tan provisional como la de Berlín Este, por supuesto», manifestó un veterano observador búlgaro, en referencia al dirigente alemán oriental Egon Krenz.

Mladenov manifestó en su discurso de aceptación del cargo que «la reestructuración carece de alternativa», elogió a su antecesor y se despidió de él deseándole «un descanso merecido» y pasó de inmediato a calificar de «freno» al desarrollo el sistema administrativo de mando vigente en el país. Mladenov anunció un proximo pleno extraordinario. «Hay que entregar realmente el poder a manos del pueblo», ya que «la creación de Bulgaria como estado democrático y constitucional moderno no es un deseo sino una necesidad vital».

En el partido Mladenov exigió «un espíritu colectivo en la labor del buró político», lo que es una abierta crítica a su antecesor y al culto a su personalidad, impuesta en el país en más de tres décadas de yivkovismo.

En varios pasajes del discurso, Mladenov no trasciende la ortodoxia del aparato del que ha formado parte toda su vida política. Insiste así en el papel del partido como ‘Tuerza rectora de la sociedad». «Quiero reiterar que concebimos la reestructuración exclusivamente en el marco del socialismo».

El Análisis

Zhivkov: el virrey búlgaro que creyó ser eterno

JF Lamata

La caída de Todor Zhivkov, el 10 de noviembre de 1989, es mucho más que el relevo de un dirigente comunista. Es el final de una era en Bulgaria: la de un virrey que sirvió con igual obediencia a Kruschev, Breznev, Andropov, Chernienko y Gorbachov, y que durante 35 años ejerció el poder con la mezcla habitual de sumisión a Moscú y férrea represión interna. Su habilidad para sobrevivir a los vaivenes del Kremlin no le sirvió cuando el viento de la perestroika empezó a soplar en contra. La incapacidad para emprender reformas le restó apoyos en su propio partido y, lo que es más letal en el bloque del Este, le hizo perder el favor de Gorbachov.

El detonante fue tan sintomático como revelador: en octubre de 1989, durante una cumbre ambiental en Sofía, la brutal represión contra el grupo independiente Ecoglasnost, ordenada por Zhivkov, provocó una condena internacional unánime. Allí, sus propios ministros —Mladenov, Lukanov y Atanasov— vieron la oportunidad de apartarlo. Con el respaldo decisivo del ministro de Defensa, Dobri Dzhurov, organizaron un golpe interno de manual: ultimátum privado, amenazas de destitución y ejecución, y dimisión “por motivos de salud”, la fórmula oficial para lo que en el Este se llama, sin eufemismos, caída en desgracia.

Zhivkov deja el poder casi al mismo tiempo que en la RDA se derriba el Muro de Berlín y en Checoslovaquia estalla la revolución de terciopelo. Su destino simboliza la implosión de un sistema donde el inmovilismo era virtud y la represión, método. Hoy, Bulgaria inicia un proceso democratizador que parecía impensable semanas atrás. Pero el recuerdo de sus 35 años de dictadura, de sumisión absoluta a Moscú y de asfixia de cualquier disidencia, tardará mucho más en derrumbarse que el muro que lo sostuvo.

J. F. Lamata