10 julio 1998
Pedro Antonio Martín Marín reemplazará a MAR como Secretario de Estado de Comunicación
El Presidente José María Aznar reemplaza a Miguel Ángel Rodríguez por Josep Piqué como Portavoz del Gobierno
Hechos
El 10.07.1998 el Gobierno anunció el cese de D. Miguel Ángel Rodríguez como Portavoz del Gobierno y Secretario de Estado de Comunicación, siendo reemplazado en el primer cargo por D. Josep Piqué y en el segundo por D. Pedro Antonio Martín Marín.
Lecturas
EL FIN DE 9 AÑOS DE COLABORACIÓN
Los principales periódicos interpretaron el relevo del portavoz como un ‘giro al centro’ del Sr. Aznar.
11 Julio 1998
El relevo del portavoz
EL GOBIERNO aprobó ayer el cese de Miguel Ángel Rodríguez como portavoz del Gobierno y el nombramiento del ministro de Industria, Josep Piqué, como nuevo portavoz. La sorpresa del cambio resultó acentuada por la circunstancia de que fuera el propio secretario de Estado destituido quien diera cuenta del relevo, cuando la lógica parecía aconsejar que fuera el nuevo portavoz, ya nombrado, quien informara de lo acontecido. Se trate de una dimisión (a petición propia), como explicó el propio Rodríguez, o de una destitución, como cabría esperar después de sus desgraciadas y permanentes intervenciones (aún resuenan los ecos de la última sobre la enseñanza del catalán), lo cierto es que la sustitución de Rodríguez es una decisión política acertada.Los ciudadanos ya no tendrán que soportar su estilo hiriente y disgregador, y el Gobierno de Aznar debería renunciar a un estilo de comunicación beligerante y provocador ante la opinión pública, que iba incorporado a la personalidad del ya ex portavoz. Rodríguez era un mensaje equivocado desde hacía algún tiempo; su personalidad y su actitud acentuaban la imagen de derecha radical en un Gobierno que dice querer ocupar el centro político.
Era evidente que la idiosincrasia de Miguel Ángel Rodríguez le incapacitaba para desempeñar un cargo en el que deben exhibirse sobre todo cualidades como la ductilidad y la capacidad de convicción. Ni siquiera la edulcorada nostalgia que pretendió imponer a su despedida pública puede hacer olvidar su conducta agresiva para con los adversarios políticos y su propensión a las descalificaciones groseras, incluso de los aliados políticos del Gobierno. Aunque ayer intentó suavizar el balance de sus dos años en el Gobierno y sus once como hombre de confianza de José María Aznar con una imagen campechana -«he sudado la camiseta hasta el final»-, lo cierto es que será recordado principalmente por sus salidas de tono.
Para la crónica del exceso político quedarán los insultos procaces a algún empresario de prensa, sus analogías machistas sobre el aniversario de la Constitución, su participación sectaria en la guerra digital, su hiriente descalificación de las selecciones autonómicas o su inoportuna irrupción en la polémica sobre la enseñanza en Cataluña. Pero sería una ingenuidad olvidar que Rodríguez actuaba por delegación del Gobierno y que su relevo se debe más a un viraje en la política de imagen del Ejecutivo que a una reflexión autónoma sobre lo que debe ser el representante ante la opinión pública de un Gobierno democrático.
La personalidad de su sustituto Josep Piqué, ministro de Industria, catalán, hombre más compatible con CiU, con una trayectoria biográfica empresarial, induce a pensar que el Gobierno intenta acentuar su imagen centrista, precisamente en el momento político en que el PSOE emite mensajes algo más radicales. El hecho de que Piqué no pertenezca orgánicamente al Partido Popular tiene una vertiente favorable, en cuanto que le permitirá enfocar las cuestiones con mirada más amplia que la del propio partido. Pero al mismo tiempo revela una cierta indefinición política del Gobierno al que representa.
Es difícil saber si el centro político que Aznar reclama, hasta ahora sin éxito, es sólo una declaración táctica o si puede llegar a ser la corriente dominante en un Ejecutivo en el que conviven representantes de la derecha más arriscada con ministros moderados, homologables a los de otros países europeos. Si el relevo del portavoz obedece a una voluntad real del presidente del Gobierno de poner en práctica una política centrista, bienvenido sea el cambio de rumbo. Si es sólo cuestión de maquillaje, servirá de poco.
11 Julio 1998
Tan inesperado como inevitable
Miguel Angel Rodríguez sorprendió ayer a los periodistas que cubrían la rueda de prensa del Consejo de Ministros al anunciar que abandonaba su puesto en La Moncloa. No es sólo el sigilo con que se ha llevado esta mini crisis lo sorprendente; es que si había una persona que no parecía contar como candidato a ser alejado del entorno del presidente del Gobierno, ése era él.
Después de haber superado tormentas mucho más importantes que las vividas en los últimos días, después de haber provocado las iras de todo el arco parlamentario -algunos compañeros del PP incluidos-, después de haber sufrido duros acosos de medios y profesionales de la comunicación, y haber obtenido siempre el respaldo del presidente del Gobierno, sólo él mismo podía provocar su propia derrota política y el fin del tándem que formó durante 11 años con José María Aznar.
La dimisión de Rodríguez supone, más que una crisis en el Gobierno, una crisis de pareja (política). La mutua fidelidad que durante años se han profesado, ha redundado en situaciones ventajosas para ambos durante mucho tiempo. Aznar ha sido impermeable a las críticas que recibía su hombre de confianza y a quienes, desde dentro y desde fuera, pedían su alejamiento de los círculos del poder. Rodríguez, hasta ayer, no dejó traslucir ni a sus colaboradores más estrechos sus intenciones de dejar La Moncloa. Algo se ha ido gestando en su interior para que Rodríguez cayera en la cuenta de que sus servicios ya no beneficiaban el proyecto común y para que Aznar reconociera que era mejor sustituirlo. El hartazgo personal de quien empezó muy joven a descubrir los sinsabores de la política es un elemento a tener en cuenta. El otro, el descubrimiento, algo tardío, de que hay una forma de hacer política -polémica, dura, agresiva en ocasiones-, que no es útil cuando se está en el Gobierno.
Desde este punto de vista, el desenlace producido ayer era inevitable. Rodríguez era una brillante colaborador en la trastienda, pero por inexperiencia y carácter personal fue un error de Aznar llevarlo hasta el escaparate del Ejecutivo. Con la llegada al poder del PP, los pesos pesados se fueron al Gabinete y se dotó al grupo parlamentario y al partido de un perfil bajo que los hizo poco operativos en la confrontación con la oposición. Rodríguez se sintió obligado a hacer ese papel que funcionó en duras batallas, como la digital, pero fue contraproducente en otras áreas, principalmente en las relaciones con los socios nacionalistas.
Como hizo Felipe González con Eduardo Sotillos, Aznar entrega la cabeza de su portavoz para remozar su imagen. El socialista puso en su lugar a Solana, número tres del partido. El popular ha optado por un no afiliado, Josep Piqué, lo que debería hacer reflexionar a los barones del partido. Se acentúa así el perfil tecnócrata del Gobierno. Y se refleja la convicción de que hay que acabar con una estrategia de tensión para poder explotar los éxitos en la gestión y consolidar una mayoría social que quiere estabilidad y huye del ruido en la política. El riesgo de Aznar es confundir ahora la estabilidad con el encefalograma plano.
11 Julio 1998
Adiós y hola, MAR
La dimisión, cese, destitución o dimicese de Miguel Angel Rodríguez es uno de esos misterios que el tiempo se encargará de desvelar, más pronto que tarde. Rodríguez ha sido un pésimo portavoz del Gobierno. Como tal, lo he criticado y, aunque no me lo perdone, ni cabe pedir perdón, esa crítica no era descalificación personal ni una enmienda a la totalidad, una petición de vertedero. Rodríguez fue, en cambio, un excelente jefe de prensa del PP en la oposición. Sucede que no todo el mundo vale para todo y, evidentemente, no es lo mismo jugar de portero que de delantero centro. En su llorosa despedida pública, improvisada como corresponde al personaje, habló de la «travesía del desierto», incluso en plural. Esa puede ser la clave de su porvenir, que no será más brillante que su pasado pero puede ser más gratificante para él, para los suyos y para su partido. Sinceramente creo que Rodríguez no estaba preparado para el Poder, pero ése es un expediente que más vale que nos ahorren a todos. Quedar bien arriba es más difícil que quedarse abajo.
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También durante la presidencia castellano-leonesa de Aznar protagonizó Rodríguez un episodio dimisionario que no fue definitivo. Barrunto, por no decir «estoy seguro», que éste tampoco es el final de su carrera política, porque Aznar es hombre de lealtades, pocas pero ciertas, y lo mismo que puede cortar la cabeza más valiosa si las circunstancias políticas lo exigen, seguramente acabará sacándola del cesto y colocándola sobre otros hombros, vale decir sobre otro cargo o puesto de confianza.
Lo que ha protagonizado Rodríguez no es, sin embargo, una desdichada gestión personal sino una equivocadísima política de comunicación cuya responsabilidad no le corresponde a él en exclusiva. La prueba de que el mal es general y la solución excede a Rodríguez es su sustitución por Josep Piqué, precisamente cuando el último rifirrafe de Rodríguez ha sido con Jordi Pujol. Es una paradoja política que el diligente verdugo público de Vidal Quadras haya sido también decapitado a la catalana, pero, al margen de la justicia poética, transmite una pésima imagen del Gobierno que, tras la orden de destitución pujolista de Rodríguez, lo sustituya precisamente Piqué, que no se sabe hasta ahora si es un hombre de Aznar en Convergencia o un hombre de Convergencia, otro, en el Gobierno Aznar. Sus declaraciones recientes en La Habana fueron tan lamentables moralmente, tan improvisadas políticamente y tan pobres verbalmente que no le auguro buenas críticas en las próximas semanas.
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Siempre le cabe la solución Matutes, que es la de difundir la inminencia de su salida para quemar alternativas y quedarse indefinidamente en el cargo. Lo provisional, como decía Indalecio Prieto, suele convertirse en España siempre en definitivo.
Endesa y otras empresas con vocación u obligación de actuar en los febriles mundos comunicacionales, donde la matonería de Polanco se exhibe cada vez con más impudicia -ahí está su nueva agresión a la COPE, en la ya habitual compañía de ABC, que otro día comentaré más despacio-, puede ser una clave, al margen del error de imagen, para entender el nombramiento de Piqué en lugar de Rodríguez. Pero eso también lo veremos enseguida. Lo que necesita ahora Rodríguez, como todos, son unas buenas vacaciones. Otros vendrán que pueden hacerle bueno. Y rehabilitarlo. Al tiempo.
21 Diciembre 1998
Maricón, el último
Todas aquellas gentes de Alianza Popular que, desde la derecha, le ganaron la partida a Lavilla y al centro en 1982, se agitan desasosegadas para subirse cuanto antes al carro centristas, puesto en marcha por José María Aznar y consagrado en el documento-pata negra que prepara para el congreso del partido. Al grito de ‘maricón, el último’, los militantes del PP se han lanzado a una corrida en pelo para legar los primeros a la meta del centrismo. Recuerdo la prisa vertiginosa que sacudió a los falangistas en 1976 para introducir las cinco flechas simbólicas en el carcaj de la Historia y proclamarse demócratas de toda la vida. Lo políticamente correcto hoy en el PP consiste en ser de centro. Nadie sabe bien lo qué significa eso hasta que lo explique Aznar, dentro de un mes. Lo que está claro es que si se quiere prosperar en el partido hay que ser de centro, la política con la que se venció en 1996 se exangüe. Entre la Transición que se ha hecho irremediablemente vieja y el siglo XXI que golpea la puerta con la impaciencia de las manos jóvenes, Aznar va a introducir en la vida española una segunda transición centrista que se abre camino entre la esperanza de unos, el escepticismo de otros y la estupefacción de Suárez. El líder del PP piensa que con la imagen centro la victoria de las elecciones del 2000 está asegurada y por eso expele de su lado a quienes pudieran distorsionar esa imagen, caminando entre arenas movedizas.
El Análisis
Tras ‘el Pacto de Nochebuena’ D. Miguel Ángel Rodríguez ‘MAR’ se convirtió en la figura del Gobierno Aznar más atacada en los medios de comunicación, principalmente por el Grupo PRISA y el Grupo Zeta. En el canal de PRISA jugó un papel especialmente destacado el programa satírico ‘Las Noticias del Guiñol’ en el que un guiñol que representaba a ‘MAR’ ayudó a que ‘calara’ su imagen de brabucón que amenazaba por teléfono con la cárcel a aquel que se le pusiera por delante.
La destitución de D. Miguel Ángel Rodríguez como portavoz del Gobierno, coincidió en el tiempo con la caída de D. Fernando López Amor como Director General de RTVE y el anuncio de que D. Francisco Álvarez Cascos dejaría la Secretaría General del PP. Tanto desde la trinchera de PRISA-Zeta, como desde la de EL MUNDO elogiaron aquellos cambios como un nuevo ‘paso al centro’.
J. F. Lamata