2 mayo 1985
El Gobierno del FSLN de Daniel Ortega responsabiliza a Reagan de estar detrás del terrorismo de 'los Contra'
El presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan decreta un embargo contra Nicaragua para intentar desestabilizar al régimen sandinista
Hechos
En mayo de 1985 el Gobierno de EEUU decretó un embargo comercial contra Nicaragua.
Lecturas
El Gobierno del Sr. Daniel Ortega al que la prensa de derechas se refería siempre como ‘dictadura’ estaba cada vez más cerca de Cuba y Nicaragua.
En mayo de 1985 Daniel Ortega concederá una entrevista a EL PAÍS de España.
02 Mayo 1985
Embargo contra Nicaragua
Las medidas que acaba de adoptar la Administración norteamericana en relación con Nicaragua revisten una gravedad extrema. Se trata, en primer lugar, de un embargo total del intercambio comercial, lo que afectará en particular a las empresas privadas, que constituyen el 70% aproximadamente de la economía nicaragüense. A la vez, de la suspensión de las relaciones aéreas y marítimas entre las dos naciones y de la abrogación del tratado, existente desde los tiempos de Somoza, que servía de marcó a las relaciones entre ambos países. El objetivo es obvio: causar el mayor daño posible a la economía de Nicaragua, que atraviesa ya por una crisis angustiosa, y presionar así sobre el Gobierno sandinista, empujarle a una situación insostenible. Ronald Reagan ha declarado públicamente, hace algunas semanas, que aspiraba a derribar al Gobierno de Managua. El Congreso le ha negado los créditos para el apoyo a los contra. Utiliza ahora medidas económicas, que constitucionalmente están en sus manos, para realizar, con otrosmedios, una injerencia abierta contra un Gobierno legal, miembro de las Naciones Unidas y que mantiene relaciones diplomáticas normales con todos los Estados del mundo.Ante estas decisiones de la Administración de Washington surge inevitable el recuerdo de lo que ocurrió, poco después del triunfo de la revolución castrista, en las relaciones entre Estados Unidos y Cuba. Parece como si en Washington hubiese una ceguera completa ante las lecciones de la historia. Cuando Fidel Castro tomó el poder, los posibles caminos del nuevo régimen no estaban marcados de antemano. Fue, en gran parte, la prepotencia y brutalidad de la actitud norteamericana la que empujó el proceso hacia una creciente dependencia de La Habana con respecto a Moscú. Reaganrepite que no quiere una segunda Cuba en el continente americano, pero está actuando precisamente en un sentido que puede fomentar la repetición de una experiencia del tipo cubano.
Para justificar el embargo, el portavoz de la Casa Blanca ha aducido una serie de argumentos utilizados ya, en diversas ocasiones: el deseo de Estados Unidos es poner fin al apoyo del régimen de Managua a grupos rebeldes en otros países centroamericanos; impedir un rearme excesivo de dicho régimen; interrumpir sus relaciones militares con la URSS o Cuba; democratizar el país. En realidad, no existe ninguna conexión lógica entre un embargo comercial, una interrupción total de relaciones y los objetivos resumidos más arriba. Las consecuencias del embargo serán, con toda probabilidad, muy diferentes. Es ilusorio creer que el Gobierno sandinista va a desaparecer como consecuencia de la guerra sucia de la CIA o del embargo recientemente decretado. Y sería muy conveniente que tal ilusión desapareciese de las especulaciones políticas de Washington. La consecuencia del embargo puede ser, más bien, la acentuación de un clima de ciudadela asediada en Nicaragua; una mayor dureza en el equipo dirigente; una mayor dificultad, para los procesos de distensión, amnistía, democratización, en los que se han dado recientemente pasos sustanciales, como lo demuestra el acuerdo logrado entre el Gobierno sandinista y los representantes de las poblaciones misquitas.
La gravedad de la última decisión del Gobierno norteamericano aparece mayor si se la sitúa en un marco regional; si se recuerda que hace dos semanas los representantes de México, Venezuela, Colombia, Panamá -o sea, el Grupo de Contadora-, junto con los de los países centroamericanos, han hecho progresos serios para poner en marcha el plan de pacificación en la zona, elaborado en los dos últimos años. En ese marco sí son posibles medidas efectivas, con un control internacional, para reducir las presencias militares extranjeras, las ayudas a grupos rebeldes; para fomentar la reconciliación y la democracia. Cuando esa perspectiva se aproxima, es evidente que la política de Estados Unidos no se enfrenta solamente con el sandinismo; está obstaculizando, en la práctica, el proceso de paz de Contadora. España y el conjunto de los Gobiernos europeos están, por el contrario, comprometidos en un apoyo enérgico a ese camino de estabilidad y paz. La próxima visita de Ronald Reagan a Madrid permitirá sin duda al Gobierno español expresarle con toda claridad la posición de nuestro país en esa cuestión, que reviste hoy una gran importancia en el plano internacional.
08 Mayo 1985
Nicaragua y el Diario Gubernamental
Según el diario gubernamental [en referencia al diario EL PAÍS], las propuestas de Reagan ‘atentan a la independencia de un país de nuestro idioma y de nuestra cultura como es Nicaragua’. Este ataque podía haber sido publicado en ‘Pravda’. Según los dirigentes liberales nicaragüenses, que derribaron a Somoza, lo que atenta contra la libertad y la independencia de Nicaragua es la sumisión del dictador Ortega y sus cómplices a la Unión Soviética. O sea, justo al revés. El Frankfurter Allgemeine, uno de los grandes diarios liberales de Europa, le dio un buen repaso al periódico gubernamental español, que, al estilo de la Prensa soviética, publica caricaturas de Reagan en forma de cruz gamada. “Este es el tono – escribe el prestigioso diario alemán – con el que uno se coloca fuera de la civilización, denominador común de la reunión de Bonn, asamblea de los países industrializados más importantes del mundo, a la que España quiere pertenecer”. Conviene no engañarse. Conviene desenmascarar día a día a los que servilmente le hacen el juego a la dictadura soviética. Las democracias avanzadas creen que la libertad de Europa está amenazada por la Unión Soviética y defendida por los Estados Unidos; no al revés. Ayer escribíamos que nos separan de la gran nación norteamericana y de Ronald Reagan no pocas cuestiones y que nuestros puntos de vista en varios problemas son diferentes. Pero nos une algo sustancial: la defensa de la libertad frente a las dictaduras fascistas o comunistas; la defensa de la libertad frente a los que hace unos años eran entusiastas del franquismo y ahora en puestos rectores del diario gubernamental se han alineado a las tesis soviéticas.
El Análisis
La reciente decisión del presidente estadounidense Ronald Reagan de imponer un embargo comercial total contra Nicaragua marca una peligrosa escalada en la tensión entre Washington y el régimen sandinista de Daniel Ortega. Esta medida no puede entenderse sino como un intento deliberado de desestabilizar al gobierno nicaragüense, ya declarado en la órbita soviética, miembro de la COMECON y cada vez más dependiente de la ayuda de Cuba y la URSS. Pero si Reagan pretende debilitar al sandinismo, lo hace a costa del pueblo nicaragüense, que será la principal víctima de las consecuencias económicas del embargo, en un país ya lastrado por la guerra, la pobreza estructural y el aislamiento internacional.
Con esta decisión, Estados Unidos transforma oficialmente a Nicaragua en un nuevo tablero de la Guerra Fría, como lo fue Corea, Vietnam o Angola. A la par del embargo, la administración Reagan sigue apoyando —económica, logística y militarmente— a la Contra, una guerrilla irregular compuesta en buena medida por antiguos somocistas, grupos armados antisandinistas y sectores campesinos desencantados. El resultado: una guerra civil prolongada, sangrienta y devastadora. Pero si el sandinismo es autoritario, controlar medios, militarizar instituciones y reprimir a disidentes, tampoco Washington está legitimado para presentarse como garante de la democracia, tras décadas de apoyo a la dictadura familiar de los Somoza.
El embargo no busca democratizar Nicaragua: busca castigarla por su elección de alianzas. La realidad es que, atrapado entre un régimen ideologizado y excluyente como el sandinista y una insurgencia armada apoyada desde el exterior, el pueblo nicaragüense vuelve a quedar rehén de una lógica geopolítica impuesta desde fuera. La historia se repite: primero Somoza, ahora Ortega, y siempre la sombra de potencias enfrentadas que convierten al país en un campo de batalla ideológico, sin considerar que bajo las bombas, los bloqueos y las consignas, hay seres humanos que solo quieren pan, paz y dignidad.
J. F. Lamata