7 marzo 1986

Tras el ataque la dictadura libia suavizará su posición anti-americana y anti-occidental

El presidente de los Estados Unidos, Ronald Reagan, bombardea Libia como advertencia por el apoyo de su dictador, Gadafi, al terrorismo

Hechos

En marzo de 1986 el Gobierno de Estados Unidos de Ronald Reagan ordenó el bombardeo de posiciones libias.

El Análisis

El choque de Reagan y Gadafi en 1986

JF Lamata
El 24 y 25 de marzo de 1986, Estados Unidos, bajo la presidencia de Ronald Reagan, lanzó una serie de bombardeos contra posiciones militares en Libia, marcando un punto álgido en el conflicto entre Washington y el régimen de Muamar el Gadafi. La Operación El Dorado Canyon, ejecutada el 15 de abril tras enfrentamientos navales en el Golfo de Sidra, tuvo como objetivo castigar a Libia por su presunto apoyo al terrorismo internacional, particularmente el atentado contra la discoteca La Belle en Berlín Occidental el 5 de abril, que mató a tres personas, incluidos dos soldados estadounidenses, e hirió a más de 200. Los ataques aéreos, dirigidos contra Trípoli y Bengasi, destruyeron instalaciones militares, incluida la residencia de Gadafi, y dejaron decenas de muertos, entre ellos civiles. Este episodio, que intensificó la hostilidad entre Gadafi y Occidente, se cerró sin una escalada mayor, pero consolidó a Libia como un paria en los ojos de Washington, mientras Gadafi redoblaba su retórica antiimperialista. El conflicto de 1986, sin embargo, no resolvió la tensa relación con Libia, que osciló entre la confrontación y el pragmatismo en las décadas siguientes.
El conflicto de 1986 tuvo raíces en la Guerra Fría y en la política provocadora de Gadafi. Desde su ascenso en 1969, Gadafi nacionalizó el petróleo, expulsó bases militares estadounidenses y británicas y apoyó movimientos revolucionarios, desde la OLP hasta el IRA, lo que lo convirtió en un enemigo para Occidente. En marzo, cuando buques estadounidenses desafiaron la “Línea de la Muerte” de Gadafi en el Golfo de Sidra, Libia respondió con misiles, desencadenando enfrentamientos que hundieron dos patrulleras libias. El atentado de La Belle, atribuido a agentes libios con pruebas de interceptaciones, fue la gota que colmó el vaso para Reagan, quien autorizó los bombardeos para debilitar a Gadafi y disuadir futuros ataques terroristas. Aunque los ataques dañaron la infraestructura militar libia, Gadafi sobrevivió, y el conflicto terminó sin una invasión terrestre ni una respuesta militar significativa de Libia, que carecía de la capacidad para enfrentarse directamente a EE.UU. Sin embargo, la tensión persistió, y en 1988, el atentado contra el vuelo 103 de Pan Am sobre Lockerbie, Escocia, que mató a 270 personas, fue atribuido a Libia, reforzando la imagen de Gadafi como patrocinador del terrorismo.

La relación de Gadafi con Occidente fue un péndulo de confrontación y reconciliación. En los años 80, su apoyo a grupos armados y su retórica antiimperialista lo hicieron un enemigo declarado de EE.UU. y Reino Unido, con sanciones de la ONU tras Lockerbie que aislaron a Libia. Sin embargo, en los 2000, Gadafi dio un giro pragmático: tras el 11-S, colaboró con inteligencia antiterrorista, renunció a su programa nuclear en 2003 y fue recibido por líderes como Tony Blair y Nicolas Sarkozy, quienes buscaban contratos petroleros y un aliado contra el extremismo islámico.

El bombardeo de 1986, aunque contenido, marcó el tono de una relación marcada por la desconfianza mutua. En este marzo de 1986, Reagan quiso castigar a Gadafi, pero el dictador libio, con su mezcla de desafío y oportunismo, demostró ser un adversario escurridizo, dejando un legado que aún divide al mundo entre quienes lo vieron como villano y quienes lo recibieron como aliado.
JF Lamata