20 febrero 1992

Pese a lo publicado por EL MUNDO seguirá al frente del Banco de España

El PSOE, a través de Hernández Moltó, expresa todo su apoyo a Mariano Rubio: «Sus actos en Ibercorp son legales y legítimos»

El PSOE, a través de Hernández Moltó, expresa todo su apoyo a Mariano Rubio: «Sus actos en Ibercorp son legales y legítimos»

Hechos

El 20 de febrero de 1992 D. Mariano Rubio Jiménez, Gobernador del Banco de España, comparece en Comisión parlamentario en el Congreso de los Diputados.

Lecturas

El 20 de febrero de 1992, el gobernador del Banco de España, Mariano Rubio Jiménez, comparece ante la Comisión de Economía, Comercio y Hacienda del Congreso de los Diputados para explicar sus relaciones con el grupo financiero Ibercorp, ocho días después de que el diario El Mundo, dirigido por Pedro José Ramírez Codina, destape un escándalo relacionado con operaciones bursátiles presuntamente irregulares y la aparición del nombre del gobernador entre los inversores vinculados al grupo. La comparecencia, solicitada por el Partido Popular, se celebra en una sesión presidida por el socialista Ángel Martínez Sanjuán, en la que también interviene el presidente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), Luis Carlos Croissier Batista. Las informaciones periodísticas ponen el foco en las operaciones de Sistemas Financieros, sociedad vinculada a Ibercorp, y en las relaciones de Rubio Jiménez con el financiero Manuel de la Concha López-Isla, uno de los principales responsables del grupo. La controversia suscita dudas sobre posibles conflictos de intereses, utilización de información privilegiada y la actuación supervisora del Banco de España.

Durante su intervención, Rubio Jiménez niega haber utilizado su cargo para obtener beneficios particulares y explica que tiene encomendada la administración de su cartera de valores a Manuel de la Concha desde hace décadas, por razones de amistad y confianza personal. Asegura que le ha dado instrucciones para no invertir en entidades bancarias sometidas a su supervisión y sostiene que no interviene directamente en las decisiones de inversión. La portavoz del PP, Luisa Fernanda Rudi Úbeda, le interroga sobre sus relaciones económicas con Ibercorp, la solvencia de Banco Ibercorp, las inspecciones practicadas, la valoración de sus activos y la concesión de asistencia financiera por parte del Banco de España. Rubio Jiménez afirma que la entidad conserva un patrimonio neto positivo y defiende la necesidad de evitar una crisis de confianza que provoque la retirada masiva de depósitos. También explica que Banco Ibercorp utiliza desde el 24 de enero una línea de liquidez habilitada por el banco emisor. Ramón Espasa Oliver, de Izquierda Unida-Iniciativa per Catalunya, cuestiona la confianza que puede seguir mereciendo el gobernador y plantea la conveniencia de su dimisión, mientras otros portavoces reclaman aclaraciones sobre la situación financiera y los mecanismos de supervisión.

El diputado socialista Juan Pedro Hernández Moltó interviene para expresar el respaldo del PSOE a la continuidad de Rubio Jiménez, cuya trayectoria al frente del Banco de España considera merecedora de confianza. Defiende la presunción de inocencia del gobernador, rechaza que las informaciones periodísticas deban determinar por sí solas las decisiones institucionales y considera que no existen elementos suficientes para retirarle el apoyo. El representante socialista le anima a continuar desempeñando sus responsabilidades sin dejarse condicionar por la controversia y advierte contra el riesgo de convertir la actividad parlamentaria en un instrumento de conflictos ajenos a sus funciones.

Tras la comparecencia, Rubio Jiménez comunica al presidente del Gobierno, Felipe González Márquez, su deseo de abandonar el cargo, alegando sus relaciones personales con Manuel de la Concha y la inversión de un familiar en Sistemas Financieros. Sin embargo, González Márquez y el ministro de Economía y Hacienda, Carlos Solchaga Catalán, le instan a reconsiderar su decisión y el gobernador acepta continuar al frente de la institución

Jesús Cacho

21 Febrero 2002

Un cadáver embalsamado

Jesús Cacho

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La Comisión de Economía del Congreso fue ayer lo más parecido a un circo. Aparentemente se trataba de una cosa tan seria como deslindar las responsabilidades del gobernador del Banco de España en el escándalo Ibercorp, y sus relaciones pecuniarias con Manuel de la Concha «et altri», unos señores que han sido ya sancionados por haber engañado a la CNMV. Pero estaba claro que los señores diputados no querían hacer sangre, a pesar de que la prensa, alguna prensa, se lo había puesto como a Fernando VII. Había que rebajar la tensión y hacer risas, y a ello contribuyó en primer lugar el propio presidente de la Comisión, el socialista Martínez Sanjuán, con una serie de comentarios previos a la comparecencia de Rubio Aquella no iba a ser una sesión para descubrir lumbreras. El gobernador, asediado por los flashes, subió al estrado a punto de humillar, sin resuello, pero pronto debió concluir que la sangre no iba a llegar al río Manzanares cuando la diputada Rubí, del PP, comenzó a perderse en largos rodeos, no se atrevía, perdóneme señor Gobernador, disculpa tras disculpa, más rodeos, y todo para entrar en el meollo del asunto, la implicación de Rubio con la guapa gente de Ibercorp. Cuando la representante del primer partido de la oposición, ante un «bombón» con el de Rubio/Ibercorp muestra tales mañas en el arte parlamentario, apaga y vámonos. Señor Aznar, querido José Mari, con estas tropas no llegas a la Moncloa ni en el 2050. Para empezar, tendrías que ponerles/las a leer un balance y a saber interpretarlo. Y a manejar cierta terminología financiera. A aprenderse la lección, en suma. La diputada Rubí no preguntó las cuantías de la cartera de Mariano en los últimos años en manos del señor Concha, ni cuánto ha ganado gracias al señor Concha en los últimos años, ni si es cierto que recibe ciertos regalos del señor Concha, ni si ha pasado información confidencial al señor Concha, ni por qué ha tratado desesperadamente de vender Ibercorp en las última fechas si, como declaró, el banco no tiene problemas, ni por qué ha presentado su dimisión si resulta que él no ha hecho nada malo, ni…

Sólo una pregunta concreta se atrevió a hacer la diputada Rubí, la de si era cierto lo de la línea de crédito de 5.000 millones a Ibercorp cuando resulta que la valoración del grupo entero apenas rebasa los 3.000. Y resulta que el señor Rubio, que ya comenzaba a crecerse, se permitió el lujo de escamotear la respuesta sin que la señora Rubí insistiera en ella. Sencillamente, no se atrevió. La obligación del Banco de España es evitar crisis, dijo el Gobernador. «Empezar a crear dudas sobre la solvencia de una institución, no hay institución bancaria que lo aguante», dijo Rubio con su peculiar sentido de la sintaxis castellana, y recordó el caso del Banco de Santander, pero no quiso recordar el caso de Banesto cuando él solito estuvo a punto de cargárselo en enero de 1988 con unas desventuradas declaraciones en Barcelona. Ocurrió que al frente de Banesto no estaban sus amigos. Al menos entonces. Quedaba la esperanza de Izquierda Unida y Ramón Espasa, pero Espasa estaba espeso, tampoco domina la cosa de las finanzas, un horror, aunque al final hay que reconocerle el mérito de haber sido el único que se acercó con su dedo a la llaga. Usted, señor Gobernador, es cliente de ese banco, cliente de un banco que ha engañado a la CNMV, y no es prudente, elegante ni democrático estar en los dos lados de la misma barrera. No es un tema de ganar o perder dinero, es una cuestión de pérdida de confianza. En democracia las dimisiones no se presentan, se practican. Llegó luego la caricatura de José Ramón Lasúen, un estrafalario personaje que parece andar a estas alturas descubriendo una cierta vocación de bufón de corte, no se sabe si para encontrar colocación en la «cosa común», ahora que el CDS anda tan malito el pobre. Tras Lasuén, llegó el turno del catalán Homs, de Convergencia, metido de bruces no ya en la casa sino en el «pasteleo común». Y tras éste pseudopsoe un PSOE genuino como Hernández Moltó.

La de Moltó es una de las más cínicas y desvergonzadas intervenciones que uno recuerda haber oído en su larga vida. La política, la corrupta, envilecida política, debe ser esto. «Después de la tempestad viene la calma», comenzó diciendo. «Tenga usted la absoluta seguridad de saber que está cumpliendo con su deber». «Tiene usted nuestra invitación a seguir actuando con esa responsabilidad». «A usted le han querido jugar una mala pasada». «Estoy convencido que detrás de esto hay algo más». «El señor Gobernador ha hecho algo que era legal y legítimo». Y así sucesivamente, con su piquito de oro manchego. A estas alturas el señor Gobernador ya estaba crecido, hecho un valiente mozo. Con el tartamudeo desaparecido, «la color» le volvió al rostro, ya se permitía sonreir, pues no era para tanto, no señor, y hasta gracioso mostrose, él no cree que haya que preocuparse por la reputación del sistema financiero español, no señor, «basta con que leamos los periódicos» dijo Rubio recordando a Franco cuando recomendaba a los presos del PCE viajar menos a París y leer más el diario Pueblo. En resumen, que el gobernador se fue de rositas. A la señora Rubí, que era la primera espada del cartel, se le fue el bicho enterito al corral. Si esta es la clase política que tenemos, es normal lo del divorcio del pueblo llano con su clase política, es normal que Juan Español se enfade cuando se entera de que estos señores no tienen bastante con 425.000 al mes y quieren ganar más. Ayer se ganaron el sueldo embalsamando un cadaver para que no huela.

Francisco Umbral

21 Febrero 1992

Mariano Rubio

Francisco Umbral

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En los westerns más crueles, como «El árbol del ahorcado», siempre hay un ahorcado vitalicio, colgado de un árbol en la plaza pública para escarmiento de valientes y ovejeros (los ovejeros eran la parte reaccionaria de la conquista del Oeste). Ahora, nuestro ahorcado vitalicio, por una temporada, es Mariano Rubio. Habrán reparado ustedes en que, desde hace media década socialista, siempre tenemos un colgado en la plaza pública y nuestra precaria y azarosa democracia vive bajo su sombra: Juan Guerra, Ruiz Mateos, Naseiro, García Valverde, De la Rosa, Goyanes, etc., y ahora Mariano Rubio. Estamos haciendo todavía, quiere decirse, una democracia de western, cimarrona y violenta, donde al culpable se le mantiene una temporada en salazón, olvidado y al tempero, para que se vaya curando, antes de enterrarlo políticamente. Frente a la izquierda y la derecha impacientes que piden la rápida dimisión de Mariano Rubio, a uno le parece que es bueno tenerle un tiempo ahí colgando, en mitad de la plaza pública, que exactamente es la de Cibeles, Banco de España, para que el muerto (político) vaya cogiendo sustancia, como el cerdo después de la matanza, y asimismo como memoria y advertencia a toda su clase, o sea la beautiful, de que antes o después el pueblo va a registrarles los bolsillos y se va a enterar de todo. Ahora resulta que el concesionario de la seguridad contra incendios de la Expo era un hermano de Barón. A nuestro bosque animado le van a faltar árboles para colgar tanto macarra. Tal que ayer descolgamos a Juan Guerra, el ahorcado que más tiempo hemos tenido en la cuerda, y que ya empezaba a oler a esas violetas negras, dulces y putrefactas que echan los muertos por primavera. Guerra está ya en libertad, pero en libertad bajo control. Nunca más le va a ser tan fácil hacer negocios comprar y vender iberpuertos. Y el árbol de Juan Guerra he aquí que ha venido a ocuparlo Mariano Rubio (hay cola de personalidades esperando el linchamiento, entre ellos Barón). Mariano Rubio yo no soy partidario de que dimita en seguida y se permita vacar a sus ocios y negocios particulares, con su bella esposa Carmen Posadas. Prefiero que siga colgado unos meses en público, entre las nieves de febrero, que le hacen un poco espantapájaros al que los chicos de la Prensa, que son unos niños, le tiran piedras y bolas de nieve. Hay que pasar por ese trance antes de irse a la empresa privada sosegadamente, con su amigo Boyer. Porque Mariano Rubio no es un muerto político cualquiera, sino el presidente del Banco nacional y el hombre que más doctrina económica ha repartido en estos últimos años, mientras su pseudónimo, M. Jiménez, se movía por el mundo de los negocios con ligereza y gracia de cintura. Sólo que la mecánica del western es deficiente. Los ahorcados van apareciendo uno por uno, pero cualquiera de ellos es síntoma de que hay toda una clase corrupta y poderosa, contra la que se debiera entrar en bloque. La democracia americana, la más poderosa y real de la tierra, se hizo así, hombre a hombre, árbol a árbol, sin perdonar a nadie, mediante la ley del juez Lynch o linchamiento. Nuestra democracia es de John Ford en la medida en que está naciendo. Un paso adelante sería coger a los tahúres por racimos enteros, pero se conoce que no estamos maduros. Todavía vivimos ese tiempo salvaje, fronterizo e ilusionado en que nunca falta un árbol del ahorcado con ahorcado incluído. Mejor que por las informaciones oficiales y los wanted de la tele, el personal se entera de quién es el último cuatrero escupiéndole a la cara en la plaza. Ahora escupen a Mariano Rubio.

El Análisis

La confianza no sustituye a las explicaciones

JF Lamata

Las cartas que están sobre la mesa pesan, y pueden pesar todavía más las que permanecen ocultas. El PSOE parece haber interpretado las revelaciones de El Mundo como una ofensiva periodística contra una de las figuras más prestigiosas de la política económica socialista, y ha optado por cerrar filas en torno a Mariano Rubio antes que profundizar en todas las incógnitas que plantea el caso Ibercorp. Es comprensible que un partido de gobierno defienda la presunción de inocencia de un alto cargo, pero esa defensa no debería confundirse con una confianza incondicional. La credibilidad de las instituciones no se protege únicamente respaldando a sus responsables, sino también investigando cualquier indicio que pueda comprometer su actuación. Y cuanto más rotunda sea la defensa política de Rubio, mayor será el coste para quienes lo respaldan si aparecen nuevas informaciones que contradigan sus explicaciones.

El Gobierno de Felipe González y el Grupo Socialista pueden estar cometiendo el error de convertir una investigación sobre posibles irregularidades financieras en una cuestión de lealtad política y de confrontación con un periódico incómodo. No hacerle el juego a El Mundo puede ser una estrategia comprensible desde el punto de vista partidista, pero no necesariamente acertada desde el institucional. Los hechos no dejan de existir porque los publique un medio adversario. Si el PSOE renuncia a despejar todas las dudas ahora, corre el riesgo de que las respuestas lleguen más adelante, cuando ya no pueda controlar las consecuencias de haber comprometido su propia credibilidad en la defensa de Mariano Rubio.

J. F.