2 agosto 1999
Malika Mohamed había presentado su dimisión como concejal junto a su compañero Román Dobaño por indicación de la dirección nacional, pero Malika ha decidido cambiar de opinión
El PSOE expulsa a su concejal en Melilla Malika Mohamed por anunciar su intención de apoyar el Gobierno de GIL y Aberchán
Hechos
El 2.08.1999 Dña. Malika Mohamed anunció que retiraba su renuncia al acta de concejal del PSOE en Melilla. El PSOE anunció su inmediata expulsión del partido.
Lecturas
La dirección nacional del PSOE exigió la dimisión de sus dos concejales en PSOE, D. Román Dobaño Mourín y Dña. Malika Mohamed Bussian después de que el 3 de julio de 1999 unieran sus votos al GIL, el partido de D. Jesús Gil Gil, para elegir presidente alcalde de Melilla a D. Mustafa Hamed Moh Mohamed Aberchán (CpM) en contra la orden de la dirección nacional de no respaldar al GIL bajo ningún concepto. El 29 de julio ambos concejales dimitieron y cedieron sus actas a los dos siguientes de la lista, D. Rafael Villuendas y D. Javier de Pro.
El 2 de agosto de 1999 Dña. Malika Mohamed Bussian dio la sorpresa al anunciar que renunciaba a su renuncia del día 29 de julio para respaldar como concejal el gobierno de D. Mustafa Hamed Moh Mohamed Aberchán y el GIL. Esta decisión causa que el PSOE expulse del partido de manera fulminante a la Sra. Mohamed. Desde el PSOE insinuarán que la Sra. Mohamed Bussian había podido ser sobornada por el GIL.
El 10 de agosto de 1999 la Junta Electoral de Melilla sentenció que la Sra. Mohamed Bussian no podía renunciar a su renuncia, por o que perdía definitivamente su acta de concejal en el ayuntamiento de Melilla. No obstante, de momento el Sr. Aberchán seguirá gobernando en Melilla con el apoyo del GIL mientras el resto de la oposición no llegue a un acuerdo para derribarle del cargo.
04 Agosto 1999
Fracaso en Melilla
La renuncia a su renuncia por parte de la diputada socialista de la Asamblea de Melilla Malika Mohamed paraliza de momento la moción de censura mediante la que el PP y el PSOE, con otros partidos, pensaban desalojar al de Jesús Gil de esa plaza. A la espera de que se resuelvan las dudas sobre la validez legal de tal renuncia, el embrollo continúa. Y cuanto más embrollo, tanto mejor para Gil, cuyo mensaje principal es que hay que acabar con la embrollada politiquería de los partidos tradicionales. Jesús Gil, como muchos representantes de su partido, es conocido por su facilidad en compatibilizar la política con los negocios. Con sus poco más de 60.000 habitantes, Melilla es un escenario óptimo para llevar esa confusión hasta el límite. La delicada situación política de ese enclave español garantiza una proyección más que proporcional de las iniciativas de sus gobernantes, y una intensa relación entre esas iniciativas y los negocios. Pero también garantiza unos riesgos considerables para los intereses españoles, por lo que es lógica la voluntad de los dos grandes partidos nacionales de tratar de impedir, desde la legalidad, que Gil y el GIL tengan poder en Melilla. Pero han fracasado en su intento, y ya por tres veces. Fracasaron en las elecciones, siendo incapaces de impedir que el GIL se convirtiera en el partido más votado; vieron frustrarse su intento de conformar una mayoría sin el GIL tras las elecciones, y han fallado de momento en el ensayo de desalojarle mediante una moción de censura que planteó el PP sin contar con el PSOE. De tres, tres. La sospecha de que Malika Mohamed haya podido ser comprada se apoya sobre todo en el testimonio de quien ocupaba el cuarto puesto en la lista del PSOE, Rafael Hernández, que ha asegurado haber sido objeto de un intento de soborno por parte de «un emisario del gobierno local». Mohamed ensayó ayer diversas explicaciones de su comportamiento: que la gente la paraba por la calle para decirle que no renunciase al escaño; que la dirección de su partido había decidido desde el más absoluto desconocimiento de la realidad de Melilla, y, por fin, que un antiguo tránsfuga del PP con el que ahora tendría que firmar la moción de censura desalojó a sus padres, cuando era autoridad, de la casa municipal en la que habitaban. La impresión que quedó es que en realidad esa última razón determinaba las otras dos. Tal vez los dirigentes socialistas no conozcan los secretos de la política local, pero lo que estaba en juego desbordaba claramente el ámbito municipal. Y si hubo un problema de autoritarismo en la transmisión de la exigencia de renuncia, ello se produjo después de que los dos electos votasen en sentido contrario a lo decidido por su partido, y que era bien conocido: pactos con todos, menos con HB y el GIL. El argumento de que no se votaba un presidente de ese partido, sino una coalición de la que formaba parte, ya era poco convincente entonces, pero no pueden quedar dudas a la vista del elocuente reparto de responsabilidades acordado: el GIL se ha reservado Obras Públicas, Vivienda y Gestión del puerto. Si la revocación de su dimisión resulta legal, Malika Mohamed podrá retener su escaño y evitar con su voto que prospere la moción de censura. Será legal, pero constituirá un fraude al electorado socialista: por enconadas que estén las relaciones entre el PP y el PSOE en Melilla, los electorados de ambos partidos están más cerca entre sí que cualquiera de ellos con lo que significa la agrupación de Gil; y no haber sabido trasladar esa idea a sus electos es el fracaso más grave de los dirigentes que han intervenido en el asunto.
03 Agosto 1999
La mala no es Malika
Queda para la historia golfa de la política saber quien ha engañado más, si el PSOE o el PP, o la adquirida Malika Mohamed al PSOE. Las apuestas más fiables apuntan a lo primero. Y es que lo finales se miden por los resultados, y la conclusión de la doliente Melilla qué políticos más procaces tiene que aguantar esta ciudad es que el gran advenedizo Jesús Gil se va a hacer, si Dios no lo remedia, con el gobierno de la capital ayuntamiento. Pasarán unos días hasta que se dictamine si la respecta que la voluble Malika ha hecho de si misma es legal, y aún muchos más, meses, quizá años, para que, si ello cabe, el Constitucional arroje – ahora es lo que hace el Tribunal – su sentencia.
Para entonces, Gil, adláteres, compañeros negociantes y demás ralea, ya habrán hecho su agosto, su septiembre… en fin. Eso sí, el PSOE atacado por una repentina fiebre de honradez, expulsará a una militante que ya se ha ido por su cuenta. Es decir, una broma. Cuando Malika, correligionaria, parece, de Aberchan, realizó su primera pirueta y favreció – dice Almunia que a pesar suyo – el ingreso en el poder del médico musulmán, los socialistas perdieron una oportunidad de oro para depsojar del carné a la díscola militante. ¿Por qué no lo hicieron? Quienes entonces sospecharon que el PSOE no tenía voluntad alguna de pactar con el PP, poseen ahora razones más que suficientes como para defender su tesis inicial. Lo que ha ocurrido, en definitiva, es que la aspiración del matrimonio González-Romero se está cumpliendo. González, al que Almunia no quiere ver – asegura – por las cercanías, ya ha aconsejado a sus dirigentes ocasiones que miren para otro lado si Gil y GIL crecen, porque ello – piensa él – favorece la ambición de los socialistas de volver a la Moncloa. Como Gil es ahora un enamorado de todo lo felipesco (¿por qué no invita al ex jefe a que pregone la fiestas de Marbella?), viene a ocurrir que los intereses se unen y, cuando esto sucede, no hay más mandangas: los interfectos están juntos. El PP hará bien en tomar buena cuenta de lo sucedido y obrar en consecuencia. Malika Mohamed no es más que anécdota, o un detonante; embestir contra ella no deja, pues, de ser pólvora mojada. Llorar sobre la leche de Alá derramada.
Carlos Dávila