9 marzo 1950

Al frente del Comité de Actividades Antiamericanas iniciará una 'caza de brujas'

‘Caza de brujas’ en Estados Unidos: El senador Joseph McCarthy lanza una investigación pública para erradicar la infiltración del comunismo en el país

Hechos

En marzo de 1950 el senador D. Joseph McCarthy asumió la presidencia de la Comisión para la Investigación de Actividades Antiamericanas.

Lecturas

En 1950 el senador Joseph R. McCarthy asumió la presidencia de la Comisión para la investigación de Actividades Antiamericanas. De ese modo la caza de supuestos comunistas alcanzó su momento culminante.

La historia de esta comisión del senado se remonta a 1938 cuando, a instancias del presidente de Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt, se promulgó una ley que prohibía a los funcionarios del gobiernos las ‘actividades políticas disgregadoras’. Ese mismo año se ponía en marcha la Comisión para la Investigación de Actividades Antiamericanas.

En 1947 el presidente Harry S. Truman presentí unas nuevas directrices de política exterior, encaminada a evitar la penetración de la influencia comunista afín a la Unión Soviética. Bajo la dirección de J. Edgar Hoover, jefe del Buró Federal de Investigación (FBI), dio comienzo una límpieza del país de personas de talante antiamericano. Las autoridades abrieron más de 100.000 expedientes a ciudadanos que ocupaban puestos de responsabilidad en la administración la industria y la economía. El desarrollo de los acontecimientos políticos internacionales avivó el miedo a los comunistas; en China, el gobierno apoyado por Estados Unidos se vio obligado a retirarse en 1949 a Taiwan para dar paso a los comunistas liderados por Mao Zedong. En el ámbito de la investigación nuclear, la URSS había igualado a Estados Unidos, y el inicio de la guerra de Corea representó, en 1950 el primer momento de tensión de la guerra fría.

En ese contexto, las consignas de McCarthy, senador republicano por Wisconsin, hallaron terreno abonado. El 9 de febrero de 1950 este hombre declaró que las actividades de espionaje en el Ministerio de Asuntos Exteriores podían constituir una seria amenaza para la seguridad de Estados Unidos. Ese mismo año, asumió la presidencia de la renacida Comisión para la investigación de Actividades Antiamericanas y puso todo su empeño en espolear el miedo al comunismo. Se empecinó en descubrir a presuntos comunistas en la vida pública estadounidense. Entre sus víctimas preferidas, que debían justificarse ante la Comisión en interrogatorios que duraban días enteros, figuraban intelectuales, artistas y actores. Un clima de sospecha y denuncia atenazaba la vida pública estadounidense. El dramaturgo Arthur Miller, quien plasmó el fenómeno del macartismo en su obra ‘Caza de brujas’, opinó en cierta ocasión que se sentía como si viviera ‘en un país ocupado, donde absolutamente todo el mundo es susceptible de ser un espía enemigo».

En la cima de su poder, McCarthy, se sobreestimó. En el curso de un interrogatorio al general Ralph W. Zwicker y tras unas insultantes afirmaciones del senador, se desató un conflicto del ejército. Los militares reprocharon al senador que hubiera ejercido presiones para lograr que uno de sus colaboradores también fuera relevado del servicio. También se le acusó de haber ocultado una serie de datos fiscales, así como de haber tratado de manera indigna a algunas personas que había interrogado. El 2 de diciembre de 1954 el Senado de Estados Unidos reprobó a McCarthy. Cuando al poco tiempo el senador se atrevió  a acusar públicamente de traición al propio presidente Eisenhower, este le destituyó de su cargo. Con ello concluyó la era McCarthy, uno de los más oscuros capítulos de la historia de Estados Unidos.

PROTAGONISTAS Y VÍCTIMAS DE LA ERA MC CARTHY

Charlie Chaplin

Este actor británico y director de cine es el creador del vagabundismo tragicómico, prototipo del hombre humilde que lucha contra la coacción de la sociedad y a favor de la libertad del individuo. Chaplin, que residía en Estados Unidos desde 1913, decidió afincarse en Europa en 1953, tras una gira de promoción de su película ‘Candilejas’. El motivo fue el anuncio oficial de que también él debería comparecer a su regreso ante la Comisión de Actividades Antiamericanas.

Dashiel Hammett

En su novela ‘El halcón maltés’ (1930) este escritor creó el perosnaje del detective duro y parco en palabras que habría de ejercer una notable influencia sobre el género de la novela policiaca. En 1951 se negó a declarar ante el comité de McCarthy por lo que permaneció encarcelado hasta 1952.

Arthur Miller

La crítica social que practicaba este dramaturgo puso a las autoridades sobre aviso a principios de los años cincuenta. En su obra ‘Caza de brujas’, Miller narra la historia de los habitantes de una ciudad, los cuales, influidos por los postulados morales puritanos, organizaban una terrible caza al vecino, con la que se desencadenan una oleada de denuncias y la histeria masiva. Sospechoso de apoyar el comunismo, Miller se negó a declarar ante la Comisión de Actividades Antiamericanas, motivo por el cual fue castigado a un año de prisión condicial.

Elia Kazan

Cineasta, especializado en la adaptación cinematográfica de obras de la literatura estadounidense contemporánea, aupó al estrellato a los actores Marlon Brando y James Dean. En 1952 fue requerido por la Comisión de McCarthy para rendir cuentas de su pasado comunista. A diferencia de muchos de sus colegas, que rehusaron colaborar con la Comisión, Kazan denunció a numerosas personas del mundo del cine que había conocido en la época en que militó en el Partido Comunista de Estados Unidos (ilegal).

McCarthy polemizaría con Murrow, el presentador de la CBS.

Su caída política sería en diciembre de 1954. 

 

El Análisis

McCarthy y la Libertad Vigilada: Bienvenidos a la tierra del miedo

JF Lamata

Estados Unidos, la tierra de la libertad… siempre que no pienses demasiado a la izquierda. Desde que el senador Joseph McCarthy asumiera en 1950 la presidencia de la Comisión para la Investigación de Actividades Antiamericanas, el país de las barras y estrellas ha vivido una peculiar paradoja: defender la democracia con listas negras, interrogatorios, delaciones y miedo. Nada de gulags, vale, pero sí comparecencias eternas ante el Congreso, sospechas constantes y carreras arruinadas por haber escrito una frase poco patriótica o haber ido a una reunión en 1938. Que se lo digan a Charlie Chaplin, Arthur Miller o Dashiell Hammett. Al menos, eso sí, en lugar de Siberia les mandaban al paro o al exilio.

El contexto, no lo olvidemos, era propicio: la URSS igualaba a EE.UU. en armas nucleares, China caía bajo el yugo rojo, Corea ardía en llamas, y Moscú parecía tener tentáculos hasta en Hollywood. McCarthy supo explotar ese miedo con habilidad de prestidigitador: bastaba un susurro para que alguien pasara de artista consagrado a enemigo del pueblo. Y, lo más inquietante, todo dentro del marco legal. Democracia vigilante, sí. Pero ¿cuánta libertad puede sobrevivir a una caza de brujas a la americana?

Al final, McCarthy voló demasiado alto: se metió con el ejército, insultó a medio Senado y quiso corregirle la plana al mismísimo presidente Eisenhower. Lo que empezó como anticomunismo acabó como tragicomedia. En diciembre de 1954 fue reprobado y cayó en desgracia. Pero el daño ya estaba hecho: se demostró que, incluso en el mundo libre, bastan el miedo y un micrófono para convertir sospechas en condenas. Lo único que salvó a Estados Unidos de parecerse demasiado a sus enemigos fue que, al menos, allí todavía quedaban periodistas, jueces y dramaturgos con algo de coraje. Aunque durante un tiempo, también ellos pasaron a ser sospechosos.

J. F. Lamata