30 enero 1968
Estados Unidos despliega a todo su ejército para frenar el ataque comunista
El Vietcong y Vietnam del Norte inician una ofensiva militar directa para conquistar Vietnam del Sur
Hechos
El 30.1.1968 El Vietcong y el ejército de Vietnam del Norte iniciaron una ofensiva por tierra para, atravesando el paralelo, tomar el control de Vietnam del Sur.
Lecturas
En marzo de 1965 Vietnam había incrementado sus bombardeos contra Vietnam del Norte.
En marzo de 1968 se producirá la Matanza de My-Lay.
El Análisis
El año nuevo lunar, el Tet, debía ser una fecha de tregua en Vietnam. Pero en lugar de paz, llegó el estruendo. El 30 de enero de 1968, el Vietcong y las tropas del Vietnam del Norte cruzaron el paralelo 17 y desataron una ofensiva militar masiva que ha teñido de sangre a todo el país. Desde Saigón hasta Hue, desde los arrozales hasta los suburbios, la guerra ha alcanzado un nuevo nivel de brutalidad. Estados Unidos ha respondido con todo su arsenal, desplegando decenas de miles de soldados para frenar el avance comunista. Pero lo que el mundo ha visto no es una victoria, sino una tragedia.
Las atrocidades no entienden de banderas. El Vietcong ejecuta a civiles y funcionarios en pueblos conquistados brevemente. Las tropas estadounidenses bombardean sin cuartel, arrasan aldeas y se multiplican las noticias de abusos. La ofensiva del Tet no ha sido solo un golpe militar: ha sido un golpe a la moral de quienes creían en una guerra “liberadora”. Y ha abierto los ojos de muchos en Washington, donde la administración de Lyndon Johnson empieza a comprender que no se puede ganar el corazón de un país con napalm.
Mientras tanto, el mundo asiste con horror, impotente, a esta carnicería prolongada. Los noticieros transmiten imágenes que ya no se olvidan: niños huyendo de las llamas, ciudades en ruinas, soldados abatidos más por la confusión que por las balas. Vietnam se ha convertido en el espejo oscuro del siglo XX: una guerra civil convertida en tablero global, una lucha sin héroes claros, con demasiadas víctimas y sin final a la vista. Y la pregunta sigue viva: ¿cuánto dolor más será necesario para que alguien tenga el coraje de parar esta locura?
J. F. Lamata