16 marzo 1968

Matanza de My-Lay causado por soldados norteamericanos en Vietnam conmociona al mundo

Hechos

Las ejecuciones se produjeron el 16 de marzo de 1968.

Lecturas

En enero de 1968 Vietnam del Norte había iniciado una ofensiva en la guerra de Vietnam.

La Matanza de My Lai (pronunciado mi lai) es una masacre de civiles que perpetró una unidad militar del Ejército de Estados Unidos durante la guerra de Vietnam.

El 16 de marzo de 1968 las tropas de Estados Unidos lanzaron una operación en la región de Son My en la búsqueda de vietcongs. Al segundo teniente (equivalente a alférez) William Laws Calley y su sección le fue asignada la zona My Lai. Al llegar a la zona de aterrizaje los helicópteros dejaron a los soldados y se desplazaron a la posición de espera. A lo largo de cuatro horas, Calley y sus hombres violaron a las mujeres y las niñas, mataron el ganado y prendieron fuego a las casas hasta dejar el poblado arrasado por completo. Para terminar, reunieron a los supervivientes en una acequia.

Los pilotos y artilleros vieron cómo Calley disparó su arma contra ellos y ordenó a sus hombres que hicieran lo mismo hasta matar a todos los habitantes de la zona (es decir, ancianos, mujeres y niños). Por «defectos» en la investigación, no se sabe la cifra exacta de asesinados, pero se estima que debió estar entre 347 y 504.

La matanza solo pudo ser detenida cuando el oficial de helicópteros Hugh Thompson Jr. intervino junto a su tripulación, a la que incluso ordenó disparar a sus propios compañeros soldados si estos seguían asesinando civiles. Thompson y su tripulación protegieron con sus vidas a algunos civiles sobrevivientes que pudieron rescatar, y el propio Thompson notificó de inmediato el incidente al mando superior, que ordenó detener la operación contra el área. Posteriormente Thompson testificaría contra Calley y otros en una corte marcial.

Unos días después, el Ejército de Estados Unidos facilitó una información oficial, donde enumeraba unos 120 muertos, de los cuales 90 eran vietcong no civiles y 30 vietcong civiles. Pero en toda la operación se habían incautado sólo tres armas vietcong.

La masacre de My Lai no fue la única matanza cometida por las fuerzas estadounidenses, pero fue la que más escándalo provocó en Estados Unidos y el mundo. El alférez Calley resultó ser un oficial poco preparado y no apto para el mando, no lograba ascensos ni condecoraciones y como no supo aguantar los argumentos de sus superiores decidió cometer una matanza y poner los asesinados como enemigos abatidos. Pero el sistema estadounidense para marcar objetivos contribuyó mucho a casos como éste ya que la selección de oficiales se hacía sobre el material humano disponible y no sobre el necesario para el mando.

A la política de cualquier ejército de designar objetivos, planificar y cuantificar se suma, en el caso de Estados Unidos, su búsqueda casi constante de la eficiencia, marcada esta por una serie de indicadores prefijados.

En una guerra como la de Vietnam, donde no existían frentes definidos ni posiciones que tomar, la cuantificación de bajas causadas al enemigo se fijó como el indicador de la eficiencia de oficiales y unidades. Pero, como es sabido en todos los campos donde se utilizan indicadores, muchas veces lo que se hacía no era buscar la manera de alcanzar el objetivo sino mejorar el indicador, es decir, conseguir la mayor cantidad de muertos posible dentro de ciertas normas (que muchas veces las fijaba la propia unidad). Así se han constatado muchos casos como el de My Lai, donde el número de combatientes muertos era desproporcionado respecto al número de armas incautadas; cosa que tardó bastante en llamar la atención del alto mando estadounidense.

No hubo cobertura de prensa de la masacre hasta que el editor Seymour Hersh (en una pequeña editorial llamada Dispatch News Service) finalmente emitió la noticia el 13 de noviembre de 1969. Una semana más tarde el Cleveland Plain Dealer publicó fotos de un exfotógrafo del ejército llamado Ronald L. Haeberle.

Aunque el teniente Calley fue juzgado y condenado por los actos de My Lai, sólo permaneció tres años bajo arresto domiciliario pues fue indultado por el presidente Richard Nixon. Un acto de este tipo, que recordaba demasiado a los cometidos por los nazis en Oradur, daba la razón a los estadounidenses pacifistas, que sostenían que la guerra de Vietnam no era una guerra justa y que sus exigencias, lejos de ser reivindicaciones propias de hippies, se fundaban en actos reales y mucho más numerosos de lo que se declaraba oficialmente.

En el año 2006 el periódico Los Angeles Times publicó informes desclasificados del Ejército de Estados Unidos, según informó el periódico El Mundo el 8 de agosto de 2006, en los cuales se contabilizaban 178 no combatientes más asesinados entre 1965 y 1971. Finalmente solo 23 personas fueron condenadas por los tribunales militares.

Años después, el comandante Tony Raimondo utilizó la matanza de My Lai como ejemplo para ilustrar los errores en los que se puede caer y cómo evitarlos en sucesivas actuaciones.

Ho Chi Minn murió en 1969.

El Análisis

My Lai: el precio de presumir de civilización

JF Lamata

La guerra de Vietnam ya había dejado demasiadas imágenes que avergüenzan a cualquier conciencia. Pero lo ocurrido en la aldea de My Lai en marzo de este año ha traspasado un nuevo umbral de horror. Cientos de civiles —mujeres, ancianos, niños— han sido masacrados por soldados estadounidenses en una operación que no encontró resistencia, solo víctimas. No fue un enfrentamiento: fue una ejecución sistemática. El «bando de la libertad», como gusta llamarse a sí mismo, ha arrojado en My Lai su máscara de civilización.

Nadie duda de que el Vietcong ha cometido atrocidades. Pero hay una diferencia fundamental: el régimen de Ho Chi Minh no se ufana de respetar los derechos humanos. Washington sí. En Vietnam, la prensa libre que tanto se proclama en Occidente ha sido precisamente la que ha sacado a la luz este crimen abyecto, obligando a las instituciones a actuar. William Calley, el teniente que comandaba aquella unidad, ha sido señalado por la justicia, aunque no pocos se preguntan si no hay muchos más responsables en la cadena de mando. ¿Se puede condenar a un solo hombre cuando lo que ha fallado es toda una doctrina?

Mientras tanto, la Casa Blanca de Lyndon Johnson sigue empantanada en una guerra que desangra a Estados Unidos no solo en vidas, sino en credibilidad. La matanza de My Lai no es un episodio aislado, sino el síntoma de una guerra sin brújula moral, donde el discurso democrático se ahoga en los arrozales vietnamitas. Quienes hablan en nombre de la civilización deberían recordar que no basta con tener libertad de prensa: hay que tener algo decente que contar.

JF Lamata