4 enero 1968
Reemplaza al stalinista Novontny, que seguirá siendo el Jefe del Estado del país, pero ya sin poderes dictatoriales
La dictadura comunista de Checoslovaquia apuesta por el aperturismo nombrando Secretario General a Alexander Dubcek
Hechos
El 05.01.1968 Alexander Dubcek fue elegido nuevo Secretario General del Partido Comunista de Checoslovaquia
Lecturas
El comité central del Partido Comunista de Checoslovaquia (el partido único de la dictadura comunista que rige el país) ha decidido separar las funciones de Jefe de Estado a las de secretario general del partido único.
El stalinista Antonin Novotny que ha estado al frente de la dictadura comunista desde marzo de 1953 se mantiene como Jefe de Estado pero cede el cargo de secretario general del partido por Alexandre Dubcek, hasta ahora secretario general del partido. Dubcek era hasta ahora secretario general en Eslovaquia.
El Análisis
Con la llegada de Alexander Dubček a la secretaría general del Partido Comunista de Checoslovaquia, el país parece abrir una etapa sin precedentes en el seno del bloque soviético. El relevo de Antonín Novotný —figura ligada a la ortodoxia estalinista y a episodios oscuros como los procesos contra Slánský o la represión de opositores como Husák— marca algo más que un simple cambio de nombres. Dubček ha asumido con firmeza los resortes clave del poder, y con ellos ha desplegado un ambicioso programa de reformas que promete liberalizar el régimen desde dentro: abolición de la censura, ampliación de libertades civiles y una apertura económica moderada, todo sin romper formalmente con el socialismo ni con el Pacto de Varsovia.
Dubček sostiene que la experiencia húngara de 1956 no se repetirá, convencido de que su proyecto es leal a Moscú y perfectamente compatible con los intereses soviéticos. Cree que un “socialismo con rostro humano” puede ser una evolución, no una amenaza. Pero ese equilibrio es frágil. El entusiasmo que despiertan sus reformas entre los ciudadanos de Praga, Bratislava y más allá podría ser visto por el Kremlin con sospecha, si no como desafío. Lo que para Checoslovaquia puede ser una primavera esperanzadora, para Moscú podría parecer un invierno en ciernes para el control del bloque. Dubček quiere avanzar sin romper, reformar sin traicionar, modernizar sin desafiar. Está por verse si el dogma soviético tolerará ese matiz.
J. F. Lamata