3 noviembre 1936
El 'inválido' (no puede andar y se desplaza en silla de ruedas) ha visto como los americanos recompensan su intento de luchar con la crisis
Elecciones EEUU 1936 – Franklin D. Roosevelt (Demócrata) es reelegido con gran ventaja sobre su rival Alf Landon (Republicano)
Hechos
El 3.11.1936 en las elecciones a la presidencia de Estados Unidos fue reelegido Franklin Delano Roosevelt.
Lecturas
Franklin D. Roosevelt asumirá por segunda vez la presidencia de los Estados Unidos, después de la aplastante victoria obtenida sobre Landon en las elecciones del 3 de noviembre de 1936, su oponente del Partido Republicano. Ocupa la presidencia desde que ganó las elecciones de 1932 frente a Hoover y ahora ha logrado la reelección.
Roosevelt obtuvo cerca de 28 millones de sufragios contra los 17 millones de su rival. Triunfó el presidente del Partido Demócrata en todos los estados de la Unión excepto en lo de Maine y Vermont. Como vicepresidente seguirá John N. Garner.
En la Cámara y en el Senado, los demócratas han mantenido la mayoría, incluso con mejores resultados, que en la anterior legislatura. Además de presidente y vicepresidente se elegían 35 senadores federales, 432 diputados, 35 gobernadores de estados, senadores locales y alcaldes.
Las siguientes elecciones están previstas para noviembre de 1940.
El Análisis
Franklin Delano Roosevelt ha sido reelegido presidente de los Estados Unidos por una mayoría abrumadora frente al candidato republicano Alfred Landon, gobernador de Kansas. Con más de 500 votos electorales a su favor, Roosevelt logra no solo la confianza del país, sino una de las victorias más rotundas en la historia democrática norteamericana. A su lado, John Nance Garner repetirá como vicepresidente, consolidando la fórmula que ya gobernó los últimos cuatro años. La oposición republicana, liderada por Landon y su compañero de fórmula Frank Knox, ha sido barrida en casi todos los estados.
El mensaje del electorado es claro: aunque el New Deal no ha resuelto la Gran Depresión, sí ha ofrecido una red de protección en un país que temía hundirse aún más. Si bien millones siguen sin empleo y el crecimiento es lento, Roosevelt ha logrado convencer a la mayoría de que su política de intervención del Estado ha evitado males mayores. Programas como la Works Progress Administration o la Social Security han redefinido el papel del Gobierno federal y, pese a las críticas de conservadores y sectores empresariales, se han asentado como parte del nuevo contrato social americano.
Pero mientras Roosevelt celebra su reelección, el mundo se oscurece al otro lado del Atlántico. En Europa, los tambores de guerra resuenan con fuerza: la Alemania de Hitler rearma sus fronteras, la Italia de Mussolini marcha sobre África, y los viejos equilibrios entre Francia y el Reino Unido se tambalean. Sin embargo, el sentir mayoritario del pueblo norteamericano es claro: no intervención. Las heridas de la Gran Guerra siguen abiertas, y ni Roosevelt ni Landon han mostrado voluntad alguna de implicar a Estados Unidos en los crecientes conflictos del Viejo Continente. El país prefiere mirar hacia dentro y curar sus propias llagas. El futuro, sin embargo, puede no respetar ese deseo.
J. F. Lamata