18 septiembre 1935

Estados Unidos lleva aplazando la independencia prometida a los filipinos desde el triunfo en la guerra contra España en 1898

Elecciones Filipinas 1935 – Manuel Quezón gana las elecciones para elegir al futuro presidente del país

Hechos

  • Quezón – 26.410 votos
  • Aguinaldo – 8.156 votos
  • Obispo Aglipay – 3.100 votos

Lecturas

La Pre-independence Philippines Commonwealth (Estado de las Filipinas Pre-Independientes) tiene ya su primer presidente. Se trata de Manuel Luis Quezón, que a principios de siglo luchó junto a Aguinaldo por la independencia y que en 1909 se convirtió en líder de la mayoría nacionalista en la primera Asamblea filipina. Durante 7 años fue comisionado en Washington, y luego pasó a ser presidente del Nuevo Senado filipino. Fue promotor del Acta Tydings-McDuffie, que estableció las bases para la independencia.

La independencia no podrá ejecutarse al producirse la invasión de Japón.

No volverá a haber unas elecciones en Filipinas hasta abril de 1946

El Análisis

La nación que soñó con la libertad, pero despertó en guerra

JF Lamata

Las elecciones de 1935 en Filipinas marcaron un hito: por primera vez, el pueblo filipino fue llamado a las urnas para elegir al presidente de una mancomunidad que, bajo tutela estadounidense, representaba la antesala de una prometida independencia. El vencedor, Manuel Quezón, simbolizaba no sólo la esperanza democrática de un pueblo colonizado primero por España y luego por Estados Unidos, sino también la voluntad de construir un Estado soberano moderno, basado en instituciones representativas y en una identidad nacional emergente. Fue un momento de legítimo optimismo: por fin parecía que se abría un camino concreto hacia la autodeterminación.

Sin embargo, la historia truncó ese rumbo con la brutal irrupción de la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico. La invasión japonesa de Filipinas obligó a Quezón a exiliarse en Estados Unidos, desde donde siguió reclamando el derecho de su pueblo a vivir libre. Pero no llegaría a ver ese sueño cumplido: enfermo y agotado, murió en agosto de 1944, antes de que las tropas aliadas reconquistaran el archipiélago. Filipinas sí lograría su independencia definitiva en 1946, pero no de la manera serena y progresiva que imaginaban en 1935, sino al precio de una ocupación, de una guerra sangrienta y de una reconstrucción nacional forzada. La figura de Quezón queda como la de un presidente sin república, pero no sin legado: él encarnó la voz de un país que, incluso en el exilio, no renunció nunca a ser libre.