18 septiembre 2007
Elecciones Grecia 2007 – Costas Karamanlis (Nueva Democracia) logra ser reelegido por la mínima
Hechos
En septiembre de 2007 se celebraron elecciones legislativas en Grecia.
18 Septiembre 2007
Voto a Karamanlis
El primer ministro griego, el conservador Costas Karamanlis, se arriesgó al adelantar las elecciones legislativas en seis meses. Ha ganado pero no de calle, sino por dos escaños solamente de un total de 300, frente a la cómoda mayoría de 165 de que disponía desde 2004, y con un 41,8% de los votos, aunque el nuevo sistema electoral le ha perjudicado. Pero está decidido a sacar adelante sus planes de reformas económicas, especialmente la de las pensiones, auténtica bomba de relojería, pues de no hacerse nada esta partida pasaría a devorar del 10% en la actualidad a la mitad del PIB a mediados de siglo. Claro que si su partido, Nueva Democracia, ha ganado dos elecciones consecutivas por primera vez en tres décadas, se debe fundamentalmente a la capacidad de liderazgo de Karamanlis, sobrino del líder histórico, y al resultado de la gestión económica que, junto con un notable crecimiento anual de un 4%, ha empezado a reducir uno de los mayores déficit fiscales de la UE.
Karamanlis no podía prever cuando mandó disolver el Parlamento que unos incendios en el Peloponeso iban a acabar con la vida de 65 personas y devorar 600.000 hectáreas de bosque. Las críticas a la lenta reacción del Estado fueron generales, y estos fuegos han hecho mella sobre los electores. No sirven, sin embargo, para explicar todo lo ocurrido en las urnas, como el hecho de que por primera vez desde la dictadura de los coroneles un partido de extrema derecha, la Alianza Popular Ortodoxa, entre en el Parlamento con 10 escaños.
En la izquierda, el terremoto ha sido aún mayor. Los socialistas del Pasok -encabezados por Yorgos Papandreu, hijo y nieto de primeros ministros de una democracia caracterizada por liderazgos dinásticos- han sufrido un descalabro, con su peor resultado en 30 años (102 escaños y 38,1% de los votos), y la subida paralela de los comunistas ortodoxos (7,6% y 20 escaños) y de la Coalición de Izquierdas. Papandreu, tras dos derrotas electorales seguidas por primera vez para el Pasok, se va a ver presionado para dejar la dirección del partido. Estas elecciones deberán abonar la reflexión sobre el futuro de la izquierda moderada en Europa.
El Análisis
Las elecciones legislativas griegas de 2007 confirmaron el peso de las dos grandes dinastías políticas del país. Por un lado, la Nueva Democracia de Kostas Karamanlis, sobrino del histórico líder que pilotó el regreso de Grecia a la democracia en 1974, que logró la victoria con 152 escaños sobre los 300 del Parlamento. Por otro, el PASOK, liderado por Yorgos Papandreu, nieto e hijo de primeros ministros, que quedó en la oposición con 102 diputados. El resto del arco parlamentario lo completaron el Partido Comunista (22 escaños), SYRIZA (14) y el partido ultranacionalista LAOS (10), confirmando el creciente desgaste del bipartidismo clásico.
La victoria de Karamanlis se explica en parte por su apelación a la estabilidad y a la continuidad en un momento marcado por las graves crisis sociales y ambientales, como los devastadores incendios del verano de 2007, y por su promesa de impulsar reformas económicas y modernizar el Estado. Su gobierno, iniciado en 2004, había mantenido un discurso de gestión prudente frente al gasto y la corrupción que arrastraba Grecia desde décadas atrás. Sin embargo, la mayoría absoluta lograda fue exigua —solo dos escaños por encima del mínimo—, un indicio de que la confianza de la ciudadanía era frágil.
El debut de Papandreu III como jefe de la oposición abría un capítulo inédito: nunca antes la política griega había enfrentado con tanta nitidez a las dos sagas familiares que han marcado el destino nacional desde la posguerra. La dinastía Karamanlis y la dinastía Papandreu simbolizaban dos visiones de Grecia, pero también la dificultad del país para renovarse fuera de esos linajes.
Aun así, la legislatura nacía bajo sombras de inestabilidad. La deuda y el déficit seguían creciendo, la corrupción minaba la confianza en las instituciones, y se empezaban a percibir los primeros síntomas de una tormenta económica global que golpearía con especial dureza a Grecia. La historia demostraría que estas elecciones, celebradas con la promesa de continuidad, abrirían en realidad una legislatura corta y convulsa, pues en 2009 los griegos volverían a las urnas, arrastrados ya por la crisis financiera internacional.
JF Lamata