19 diciembre 1995

Boris Yelstin mantiene todos los poderes hasta que se celebren unas elecciones presidenciales en las que medirá sus fuerzas con Ziuganov

Elecciones legislativas Rusia 1995 – Los comunistas de Ziugánov logran ser primera fuerza parlamentaria, pero no podrán gobernan

Elecciones legislativas Rusia 1995 – Los comunistas de Ziugánov logran ser primera fuerza parlamentaria, pero no podrán gobernan

Hechos

El 19.12.1995 se conocieron los resultados provisionales de las elecciones legislativas.

Lecturas

El 17 de diciembre de 1995, Rusia celebró elecciones para renovar los 450 diputados de la Duma Estatal, la Cámara baja del Parlamento federal, apenas dos años después de los primeros comicios de la nueva Federación Rusa. La convocatoria respondía al cumplimiento del mandato excepcional de dos años establecido para la Duma elegida en diciembre de 1993, después de la grave crisis constitucional que había enfrentado al presidente Borís Nikoláievich Yeltsin con el antiguo Parlamento soviético. En octubre de aquel año, Yeltsin había ordenado disolver por la fuerza el Congreso de los Diputados del Pueblo y el Sóviet Supremo, provocando enfrentamientos armados en Moscú que culminaron con el bombardeo de la Casa Blanca, sede parlamentaria. La Constitución aprobada en referéndum en diciembre de 1993 estableció una presidencia con amplios poderes y un Parlamento bicameral. Las primeras elecciones habían causado sorpresa por el triunfo en el voto proporcional del nacionalista Vladímir Zhirinovski, cuyo Partido Liberal-Demócrata de Rusia (LDPR), pese a su nombre, defendía posiciones ultranacionalistas y autoritarias. Durante 1994 y 1995, aquella Duma fragmentada se convirtió en escenario de frecuentes enfrentamientos políticos, aunque sus atribuciones eran limitadas frente a las del presidente.

La situación económica y militar condicionó decisivamente los nuevos comicios. Las reformas de mercado emprendidas desde 1992 habían provocado fuertes desigualdades, pérdida de ahorros, inflación y una profunda inseguridad social. A ello se añadía la guerra de Chechenia, iniciada en diciembre de 1994, que había deteriorado la popularidad de Yeltsin. El principal beneficiario del descontento fue el Partido Comunista de la Federación Rusa (PCFR), dirigido por Guennadi Andréievich Ziugánov, antiguo responsable del aparato ideológico comunista, que defendía una mayor intervención estatal, la protección social, la recuperación del prestigio ruso y una revisión de las privatizaciones. Ziugánov había conseguido reorganizar desde 1993 una fuerza comunista legal después de la suspensión y posterior prohibición de las estructuras dirigentes del Partido Comunista soviético y ruso en 1991, aprovechando también las resoluciones judiciales que permitieron reconstruir organizaciones comunistas de base. Su partido se convirtió en la primera fuerza con el 22,3 % de los votos de lista y 157 diputados, muy por delante de sus adversarios.

El segundo puesto en votos de lista correspondió al Partido Liberal-Demócrata de Rusia, encabezado por Vladímir Volfóvich Zhirinovski, que cayó del aproximadamente 23 % obtenido en 1993 al 11,2 %, quedándose con 51 escaños. Su nacionalismo radical, su discurso expansionista y sus ataques contra las élites políticas conservaban seguidores, pero ya no monopolizaban el voto de protesta. En tercer lugar apareció Nuestra Casa es Rusia, una nueva formación centrista, conservadora y favorable a las reformas económicas, organizada por el primer ministro Víktor Stepánovich Chernomyrdin con el respaldo del entorno presidencial. Concebida como el partido del Gobierno, consiguió el 10,1 % y 55 diputados, un resultado modesto para una candidatura apoyada desde el poder. Por su parte, Yábloko, la coalición liberal-democrática y reformista encabezada por el economista Grigori Alekséievich Yavlinski, obtuvo el 6,9 % y 45 escaños. Defendía la economía de mercado, las libertades civiles y la integración internacional de Rusia, pero se oponía a las prácticas autoritarias de Yeltsin, a determinados aspectos de sus reformas y a la guerra de Chechenia.

El resto del panorama político quedó marcado por la dispersión. El Partido Agrario, próximo a los comunistas y defensor de los intereses rurales, obtuvo veinte diputados gracias a las circunscripciones individuales. La Elección Democrática de Rusia, vinculada al ex primer ministro reformista Yegor Gaidar, sufrió un retroceso y sólo consiguió nueve escaños. El Congreso de las Comunidades Rusas, movimiento nacionalista y estatista en el que destacaba el general Alexandr Ivánovich Lébed, veterano militar crítico con Yeltsin y con la intervención en Chechenia, alcanzó el 4,3 % y quedó por debajo del umbral del 5 % exigido para participar en el reparto proporcional, aunque obtuvo cinco diputados por circunscripciones. También quedó fuera de ese reparto Mujeres de Rusia, encabezada por Alevtina Fedúlova y Yekaterina Lákhova, que había conseguido representación en 1993. El sistema electoral combinaba 225 escaños elegidos mediante listas nacionales y otros 225 mediante circunscripciones uninominales, lo que permitió la entrada de numerosos independientes y representantes de pequeñas candidaturas.

Yeltsin no encabezó ninguna lista ni se sometió personalmente al voto, puesto que la elección no afectaba a la presidencia. Su posición política estuvo representada principalmente por el partido de Chernomyrdin, aunque el propio presidente mantuvo una relación ambivalente con los intentos de construir una fuerza oficialista. El resultado dejó a los comunistas como primera fuerza parlamentaria, sin mayoría absoluta, mientras el Gobierno continuaba dependiendo de Yeltsin y no de una investidura parlamentaria ordinaria. La nueva Duma se reuniría el 16 de enero de 1996 y elegiría presidente de la Cámara al comunista Guennadi Nikoláievich Selezniov. Con todo, el verdadero horizonte político ya no era la composición del Parlamento, sino las elecciones presidenciales previstas para junio de 1996, en las que Yeltsin tendría que enfrentarse directamente al creciente descontento social.

Resultados electorales: Duma Estatal, diciembre de 1995

450 diputados · 225 por listas y 225 por circunscripciones individuales

Partido o candidatura Líder principal Votos de lista Escaños
Partido Comunista (PCFR) Guennadi Ziugánov 22,30 % 157
Partido Liberal-Demócrata (LDPR) Vladímir Zhirinovski 11,18 % 51
Nuestra Casa es Rusia Víktor Chernomyrdin 10,13 % 55
Yábloko Grigori Yavlinski 6,89 % 45
Mujeres de Rusia Alevtina Fedúlova / Yekaterina Lákhova 4,61 % 3
Congreso de las Comunidades Rusas Yuri Skókov / Alexandr Lébed 4,31 % 5
Elección Democrática de Rusia Yegor Gaidar 3,86 % 9
Partido Agrario Mijaíl Lapshin 3,78 % 20
Poder para el Pueblo Nikolái Ryzhkov 1,61 % 9
Otras candidaturas e independientes Diversos — 96
Total 450
Pilar Bonet

19 Diciembre 1993

Los resultados preliminares dan a comunistas y nacionalistas más de la mitad de la Duma

Pilar Bonet

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Las elecciones de Rusia son un voto de censura a la política del Gobierno de Víktor Chernomirdin, que debería dimitir si tuviera sentido de la responsabilidad, dijo ayer el triunfante líder del Partido Comunista (PC), Guennadi Ziugánov. Los datos preliminares parciales, contando los distritos que se adjudican por sistema mayoritario y los que se reparten por sistema proporcional, indicaban que el conjunto de la oposición comunista y nacionalista podría obtener más del 50% de los 450 escaños de la Duma Estatal (Cámara baja), aunque no alcanzaría los dos tercios necesarios para neutralizar al presidente.

Respaldado por un 21,9% de los votos contados, Ziugánov, que en su calidad de jefe de la fracción comunista de la Duma Estatal saliente apoyó en tres ocasiones la moción de censura al Gobiemo durante los dos últimos años, se permitió ayer dar consejos sobre los altos funcionarios que, en su opinión, deberían cesar inmediatamente, por ser objeto de «rechazo generalizado» en Rusia. Se trata del ministro de Exteriores, Andréi Kózirev, además de dos primeros vicejefes del Gobierno, Anatoli Chubáis, responsable del programa de privatizaciones, y Serguéi Shajrái, uno de los ideólogos de la desintegración de la URSS.La política exterior de Kózirev, dijo Ziugánov, ha hecho que Rusia no tenga hoy ni un solo aliado exterior. En lo que se refiere a la revisión de las privatizaciones, el líder comunista fue precavido y se mostró partidario de «un enfoque equilibrado» y de examinar la efectividad de las operaciones ya realizadas. Ziugánov reiteró su intención de formar una amplia coalición popular-patriótica en la Duma.

Los dirigentes comunistas decidirán durante los primeros diez días de enero qué condiciones presentan al jefe del Gobierno o si proponen su propio gabinete ministerial. La estrategia de Ziugánov, como la de otros políticos que aspiran a la presidencia de Rusia, se orienta hacia las elecciones del próximo 16 de junio y es de prever que su línea durante los próximos meses se subordinará a ese fin.

Competencia del presidente

El sistema político previsto por la Constitución de 1993 es de corte presidencialista y no establece vinculación entre los resultados electorales y la formación del Gobierno, una competencia que depende del presidente. Yeltsin puede por lo tanto actuar como le parezca bien en relación a Chernomirdin.Los últimos datos divulgados ayer, que correspondían a las 17 horas de Moscú, tenían en cuenta algo más de 26 millones de votos (de 68 millones emitidos) y procedían de 65 regiones del país. El índice de participación general era de un 64% del censo.

De las 43 formaciones que competían por los 225 escaños repartidos por sistema proporcional, sólo cuatro se habían clasificado ayer con porcentajes superiores al 5% del censo, lo exigido para tener representación parlamentaria. El Partido Comunista iba en cabeza ampliamente destacado con un 21,9% de los votos, seguido del partido de Vladímir Zhirinovski, con un 11,1 %. Venían después Nuestra Casa es Rusia, con el 9,6%, y el bloque reformista Yábloko, con un 8,4%. Por debajo del listón del 5%, pero rozándolo, estaba la Opción Democrática de Rusia, con el 4,8%; Mujeres de Rusia con un 4,5%; el Congreso de las Comunidades Rusas, de carácter nacionalista moderado, con un 4,3%, y el. partido de la Autogestión de los Trabajadores del cirujano ocular Sviatoslav Fiódorov con un 4,1 %.

Los cuatro bloques clasificados tienen la vista puesta en las formaciones que todavía podrían superar el listón de cara a reforzar sus posiciones. Este reforzamiento también dependerá de los 225 escaños que se adjudicaban por sistema mayoritario en circunscripciones regionales de una sola vuelta. Anoche se conocían los datos preliminares de un total de 211, de los cuales 83 habían sido ganados por independientes, una categoría que sirve de pantalla a gente muy diversa, desde el ministro de Exteriores Andréi Kózirev, un ex colega de Yegor Gaidar, hasta el nacionalista Alexandr Nevzórov.

En los distritos uninominales, seguían después los comunistas que habían obtenido 54 escaños; el Partido Agrario, con 22 escaños; Nuestra Casa es Rusia con 12; Yábloko con 10; el Poder para el Pueblo del ex ministro soviético Nikolái Rizhkov, con 8 diputados; la formación Opción Democrática de Rusia, también con 8, y el Congreso de las Comunidades Rusas, con 5, además de otros grupos con representaciones aún menores.

La impresión generalizada es que las elecciones parlamentarias rusas han discurrido con normalidad.

Un ortodoxo adversario de Gorbachov

El tesón y la calma son dos de las cualidades características del líder comunista Guennadi Ziugánov, un hombre de 51 años sin gran carisma, que, en sus ademanes suaves, conserva aún las huellas de sus orígenes como hijo aplicado de una familia de maestros rurales del interior de Rusia.Fiel a la tradición, Ziugánov comenzó también como maestro rural. Hizo carrera en las Juventudes Comunistas y, en 1983, llegó a Moscú para trabajar en la sección de Propaganda del Comité Central del Partido Comunista de la URSS. En esta institución, de 1989 a 1990, fue jefe de la sección de Ideología y uno de los adversarios intemos a la política de reformas Mijaíl Gorbachov. En 1990, al fundarse el Partido Comunista Ruso, se convirtió en uno de los dirigentes de esta formación ortodoxa.

Ziugánov, que adoptó posiciones nacional-patrióticas, ha criticado tanto a Gorbachov, a quien hubiera querido echar como jefe del PCUS, y al ideólogo de la perestroika, Alexandr YákovIev. En julio de 1991, firmó junto con otros nacionalistas una carta abierta considerada como el manifiesto ideológico de los golpistas de agosto de 1991. En el otoño de 1993, en vísperas del cañoneo del Parlamento, Ziugánov intervino en la televisión para advertir contra las provocaciones.

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

19 Diciembre 1995

Mala senda rusa Otros

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

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Ganar, lo que se dice ganar, no ha ganado nadie, dada la extrema división del voto. Pero, si acaso, las elecciones a la Duma rusa celebradas el domingo pasado las han ganado los comunistas. No los ex comunistas reconvertidos del centro y el este de Europa que ganan unas legislativas tras otras después de haber hecho profesión de fe socialdemócrata, sino los comunistas de toda la vida, los que enarbolan a Lenin y apenas disimulan a Stalin. En todo caso, comunistas añorantes del imperio soviético que consideran que renacerá por imperativo histórico. ¿Cambia esto las cosas en la política rusa? No demasiado.El partido comunista de Guennadi Ziugánov ha ganado con algo más del 20% de los sufragios, seguido muy de lejos, con cifras que oscilan entre el 11% y el 8%; por los ultranacionalistas de Zhirinovski; los centristas del actual jefe de Gobierno, Chernomirdin, y el grupo Yábloko, del liberal-demócrata Yavlinski. En el borde del 5%, cota mínima para entrar en el Parlamento, se bambolean los liberal-reformistas de Gaidar y el difuso movimiento Mujeres de Rusia. La Cámara así resultante no será muy distinta de la actual. Y si nos apuntamos a esa aritmética que tiende a amalgamar comunistas y nacionalistas veremos que el bloque de éstos va a ser sensiblemente igual al de la Cámara saliente.

El presidente Yeltsin, que se apoya sobre todo en la Constitución fuertemente presidencialista, no va a tener dificultades para mantener el curso de la reforma. Di ciembre no ha sido decisivo, y lo que hacen unos y otros es prepararse para las presidenciales de junio. El presidente tendrá que reconstruir su Gobierno con o sin Chemomirdin, pero es seguro que no cederá un ápice dé poder a la Duma ni a Ziugánov.

El comunismo ruso en el poder podría frenar el curso de la reforma, pero difícilmente podrá volver atrás e imponer la dictadura del partido único dé la que procede. El sovietismo no volverá, porque sistema de libertades y sovietismo son incompatibles, y la inmensa mayoría de la población no desea esa vuelta atrás y se opondría a la misma. Este voto comunista es una llamada a paliar las penalidades de la marcha hacia adelante, no un clamor a la marcha atrás.

Estas elecciones han sido, en definitiva, una especie de primarias, en las que ha votado. cerca del 65% de los electores, con un alza de más de diez puntos sobre 1993, lo que revela un sano electoralismo. Yeltsin sólo aclarará la situación si tiene salud y fuerza política para afrontar las presidenciales. Tendrá que aliarse con Yablinski, Gaidar y alguno más. En el campo nacionalista estarán Zhirinovski, Ziugánov y el general Lébed, que salió elegido con claridad en las elecciones directas de distrito que cubrían la mitad de los 450 escaños, mientras que la otra mitad se atribuía por listas de partido.

Estas elecciones, en resumen, no cambian gran cosa. Sólo advierten algo que se auguraba. Que Rusia tiene miedo al futuro. Que este miedo se traduce en rechazo a los occidentalismos de una reforma rápida hacia la economía de mercado y que se refuerza la amenaza de una Rusia hostil a Occidente.

El Análisis

Ziugánov devuelve el comunismo al centro de la política rusa

JF Lamata

Rusia acaba de demostrar que el hundimiento de la Unión Soviética no significó la desaparición de su electorado comunista. Apenas cuatro años después de la disolución de la URSS y de la prohibición de las estructuras dirigentes del antiguo Partido Comunista, Guennadi Ziugánov ha conseguido convertir al Partido Comunista de la Federación Rusa en la primera fuerza de la Duma. Su triunfo no le proporciona la mayoría absoluta ni el control del Gobierno, pero representa un cambio significativo respecto a diciembre de 1993, cuando la sorpresa electoral fue el nacionalista Vladímir Zhirinovski. El líder del Partido Liberal-Demócrata, que había alcanzado casi el 23 % de los votos de lista, cae ahora a poco más del 11 %, mientras los comunistas avanzan hasta el 22,3 %. Ziugánov ha sabido presentarse como defensor de quienes consideran que las reformas económicas de Borís Yeltsin les han arrebatado sus ahorros, su seguridad laboral y el prestigio internacional de Rusia. Su discurso combina la nostalgia soviética, la defensa de la protección social y un patriotismo ruso que le permite atraer a sectores descontentos más allá de los antiguos militantes comunistas. No propone simplemente reproducir la URSS desaparecida: intenta construir una fuerza electoral capaz de actuar dentro de las nuevas instituciones y de disputar el poder mediante las urnas. El comunismo, expulsado del centro del poder en 1991, ha regresado por la vía parlamentaria en 1995. Al mismo tiempo, el resultado supone un aviso para Yeltsin. Su primer ministro, Víktor Chernomyrdin, apenas ha logrado el 10 % con Nuestra Casa es Rusia, mientras la fragmentación de los reformistas y el rechazo a la guerra de Chechenia ponen de manifiesto el desgaste del presidente.

Pero las elecciones legislativas sólo han sido el prólogo de la gran batalla política que Rusia celebrará en junio de 1996: la elección de su presidente. Borís Yeltsin fue elegido por sufragio popular en junio de 1991, cuando Rusia todavía era una república de la Unión Soviética; si vuelve a presentarse, será la primera vez que solicite directamente a los ciudadanos un mandato presidencial para gobernar la Federación Rusa independiente. Conviene recordar que su legitimidad electoral de 1991 fue real y que aquella votación ya fue competitiva, pero las circunstancias constitucionales y políticas del país han cambiado radicalmente desde entonces. En el horizonte aparecen cinco figuras de perfiles muy diferentes: el propio Yeltsin, defensor de las reformas y del nuevo régimen presidencial; Zhirinovski, representante del nacionalismo radical; Grigori Yavlinski, partidario de una alternativa liberal y democrática crítica con los métodos del Kremlin; el general Alexandr Lébed, que aspira a capitalizar el descontento nacionalista y militar; y, sobre todo, Ziugánov, convertido ahora en el principal referente electoral de la oposición. La victoria comunista en la Duma no significa que su dirigente vaya a conquistar necesariamente la presidencia: las elecciones parlamentarias y presidenciales obedecen a dinámicas distintas, y Yeltsin conserva los recursos y la visibilidad del jefe del Estado. Sin embargo, la cita de diciembre ha demostrado que el malestar económico y social puede articularse en torno a una alternativa comunista organizada. La cuestión decisiva para 1996 será si Rusia ratifica el rumbo iniciado con la desaparición de la URSS o si utiliza sus nuevas instituciones democráticas para devolver el poder a quienes reivindican parte del legado soviético.

JF