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Elecciones Perú 2006 – Alán García (APRA) vence a Ollanta Humala y vuelve a la presidencia del país 16 años después

HECHOS

Alán García ganó las elecciones presidenciales de Perú del año 2006.

Las anteriores elecciones fueron en 2001.

Las siguientes elecciones están previstas para 2011.

06 Junio 2006

El mal menor de Perú

EL PAÍS (Director: Javier Moreno)

Tras dejar a Perú sumido en un caos de hiperinflación, corrupción e insurgencia al término de su anterior mandato, en 1990, Alan García, aparentemente más maduro a sus 57 años, ha vuelto a la presidencia tras ganar limpiamente por más de nueve puntos en la segunda vuelta a su rival, el nacionalista Ollanta Humala. Perú ha dado una lección de democracia al aguantar hasta el fin de su mandato al presidente saliente, Alejandro Toledo, que tuvo una caída libre en popularidad a pesar de un crecimiento económico cercano al 7% anual, aunque sin redistribución social, una lección que no han de olvidar sus sucesores.

García tiene una tarea ingente ante sí. Debe superar los recelos que genera su desastroso pasado. Además, llega políticamente hipotecado, pues la mitad de su victoria se debe al apoyo de los que en la primera vuelta habían votado por la conservadora Lourdes Flores, a la que García superó por un suspiro de votos. Mucho peruano, como se ha dicho, ha debido «taparse la nariz» ante la urna. García no controla tampoco el Parlamento, donde Humala

tiene el control, si bien se trata de una abigarrada coalición que será difícil de mantener. Pero todo indica que en el futuro habrá que contar con el antiguo militar que intentó derribar a Fujimori, el presidente del autogolpe, y cuyo hermano encabezó un levantamiento contra Toledo. A fin de cuentas, las elecciones dibujan un país dividido: los más pobres, el mundo rural y el sur han votado por el candidato nacionalista, que ha ganado en una mayoría de provincias. García tendrá que cumplir lo que prometía: prudente gestión fiscal, atracción de la inversión extranjera y lucha contra la inseguridad. Para ello tendrá que unir a la sociedad.

De momento, su victoria debe suponer un frenazo a las aspiraciones políticamente expansionistas de la revolución bolivariana impulsada por Chávez desde Venezuela, y, por tanto, tiene una dimensión geopolítica. La intromisión del líder venezolano en la campaña peruana puede haber acabado por dificultar el avance de su aliado Humala, pues García las planteó casi como un  o no a Chávez y al chavismo. Perú no ha sido Bolivia. El nuevo presidente mantendrá el acuerdo de libre comercio con EE UU, aunque lo modifique, pero necesitará también un mejor marco regional. Y, sobre todo, no debe olvidar la desigualdad y las reivindicaciones indígenas. La profunda transformación social que ha prometido sólo la conseguirá si da también respuesta, aunque diferente, a las preguntas que están en el origen del fenómeno Humala. Pero respuestas debe haber.

06 Junio 2006

Alan García: Una buena mala noticia

EL MUNDO (Director: Pedro J. Ramírez)

Alan García gobernará de nuevo Perú. La Comisión Electoral certificó ayer su holgada victoria en las urnas e hizo oficial el insólito regreso al poder de quien era en los años 90 uno de los políticos más desprestigiados de América Latina. Pese a quedar por detrás de Ollanta Humala en la primera vuelta, García le ha sacado esta vez casi 10 puntos de ventaja, fruto del miedo de la derecha y de las clases medias al estallido de un proceso revolucionario.

No obstante, las cifras podrían resultar engañosas. El líder del Partido Aprista acumula la mayoría de su base electoral en Lima y apenas ha vencido en nueve de los 24 departamentos. La opción autoritaria de Humala controla las regiones andinas y la Amazonía y su demagógica Unión por el Perú (UPP) es el partido con más escaños del Parlamento. El país se despertó, pues, ayer más dividido que nunca y sólo un liderazgo prudente y conciliador podrá recoser las heridas entre dos mitades cada vez más irreconciliables.A Alan García le toca propiciar amplios acuerdos y acometer reformas que perpetúen los buenos datos macroeconómicos que deja Toledo y que ayuden a redistribuir las riquezas peruanas entre las personas y las regiones más desfavorecidas.

A nadie se le escapa que ha sido el voto del miedo el que ha devuelto al poder a Alan García. El inesperado fracaso de la candidata conservadora Lourdes Flores en la primera vuelta dejó al veterano político como el último dique de contención del sistema político peruano frente los arreones de un populismo atizado por los petrodólares de Venezuela. Porque si a alguien debe agradecer su victoria Alan García es precisamente a Hugo Chávez, cuyos insultos dieron alas a su campaña justo cuando la batalla parecía más igualada.

Como gráficamente acuñó Mario Vargas Llosa, muchos peruanos han acudido a votar «con la nariz tapada», teniendo que elegir al hombre que llevó al país al desastre en los años 80. Alan García gobernó entre 1985 y 1990 y dejó como calamitosa herencia a la nación una inflación del 7000% y un clima de derrumbe institucional por el que se coló el oportunista Fujimori. Acusado de corrupción y repudiado hasta por los suyos, Alan García vivió durante años entre París y Colombia antes de retornar al país y resurgir de sus cenizas. Con semejantes antecedentes, sólo la peligrosa alternativa de Ollanta Humala podría devolverle al poder. Nadie puede decir que su retorno a la Presidencia sea una buena noticia pero desde luego es la menos mala de las dos posibles.

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