Las elecciones presidenciales del 24 de enero de 2016 en Portugal consagraron a Marcelo Rebelo de Sousa, catedrático de Derecho y exlíder del Partido Social Demócrata (PSD), como nuevo presidente con un contundente 52% de los votos, evitando una segunda vuelta. Apoyado por el PSD, el CDS-PP y el Partido Popular Monárquico, Rebelo de Sousa, conocido por su carisma mediático como comentarista televisivo, se impuso en todos los distritos frente a nueve rivales, entre ellos António Sampaio da Nóvoa (22.9%), un académico independiente respaldado por sectores del Partido Socialista (PS), y Marisa Matias (10.1%), la eurodiputada del Bloco de Esquerda (BE). La gran derrotada fue Maria de Belém Roseira, candidata afín al PS, que se hundió en cuarto lugar con un humillante 4.2%. En un Portugal que apenas salía de la crisis económica y con un gobierno socialista reciente bajo António Costa, estas elecciones expusieron las divisiones internas del PS y el auge de nuevas fuerzas de izquierda, mientras Rebelo de Sousa capitalizó el deseo de estabilidad.
El perfil de los candidatos reflejó la polarización y la fragmentación de la izquierda. Rebelo de Sousa, de 67 años, combinó su experiencia política (diputado, ministro, líder del PSD de 1996-1999) con una imagen de moderación, financiando su campaña sin apoyo directo del PSD y apostando por un contacto directo con los votantes. Sampaio da Nóvoa, exrector de la Universidad de Lisboa, se presentó como independiente, pero con el respaldo de figuras socialistas como Mário Soares, Ramalho Eanes y el presidente del PS, Carlos César, apelando a un discurso anti-austeridad que buscaba emular la victoria de Soares en 1986. Maria de Belém, exministra y expresidenta del PS, contó con apoyos de históricos como Manuel Alegre, pero su campaña se vio perjudicada por polémicas, como el escándalo de las subvenciones vitalicias, y por la percepción de ser una candidata del ala crítica de António Costa. Marisa Matias, del BE, sorprendió con su tercer puesto, consolidando al BE como una fuerza ascendente frente al declive del Partido Comunista (PCP), cuyo candidato, Edgar Silva, obtuvo un histórico mínimo del 3.9%. Otros candidatos, como Vitorino Silva (3.3%) y Paulo Morais (2.1%), no alteraron la contienda principal.
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El resultado fue catastrófico para el PS, que, por primera vez, no presentó un candidato oficial, dejando a sus votantes divididos entre Sampaio da Nóvoa y Maria de Belém, mientras una parte significativa optó por Matias, atraída por el discurso fresco y anti-austeridad del BE. La debacle de Maria de Belém, que las encuestas situaban en un 10-12%, reflejó la desunión del PS, agravada por la estrategia ambigua de Costa, quien no respaldó claramente a ningún candidato para evitar tensiones internas. El 10.1% de Matias, frente al 4.2% de Belém, evidenció el trasvase de votantes socialistas hacia el BE, que superó al PCP y se consolidó como la nueva referencia de la izquierda radical. La alta abstención (51.2%) y la victoria de Rebelo de Sousa, apoyado por la derecha, aprovecharon esta fragmentación, mientras el gobierno de Costa, sostenido por una alianza con el BE y el PCP, enfrenta ahora el desafío de gobernar con un presidente del PSD que, aunque moderado, tiene el poder de disolver el parlamento. En este enero de 2016, Portugal elige un presidente que promete cohesión, pero la izquierda, y especialmente el PS, debe sanar sus heridas si quiere recuperar el terreno perdido en un país que aún lucha por superar las cicatrices de la austeridad.
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JF Lamata