25 noviembre 2014

La existencia de una fortuna de 20 millones de euros despertó las pesquisas

Encarcelado por corrupción el ex primer ministro socialista de Portugal, José Sócrates, en un caso sin precedentes

Hechos

El 24.11.2014 José Sócrates Carvalho Pinto de Sousa ingresó en una cárcel bajo la investigación de los delitos de corrupción, blanqueo de capitales y fraude fiscal.

23 Noviembre 2014

Y ahora, limpieza en Portugal

Enric Juliana

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Escribo estas líneas desde Sintra, cerca de Lisboa, en cuyo aeropuerto acaba de ser detenido el ex primer ministro José Sócrates, por presunta corrupción, blanqueo y fraude fiscal. La sorpresa en Portugal es mayúscula. La gente está verdaderamente impresionada, por la significación del personaje y por el fuerte toque de campana que acaba de oírse en el interior de la hermética ciudadela del poder portugués. Aires de España, cuyos asombrosos y tensos acontecimientos son seguidos con mucho interés –y no poca aprensión– por los círculos oficiales lisboetas. He viajado a Sintra y Cascais en busca de un par de días de tranquilidad y me encuentro con un notición. Acaba de caer el ZP portugués.

Sócrates gobernó Portugal del 2005 al 2011, casi el mismo periodo de tiempo que el hombre de León presidió el Consejo de Ministros en España. Vidas paralelas, en más de un capítulo. Ambos administraron la fase más dulce y engañosa del tiempo del crédito fácil y ambos salieron despedidos por el cristal delantero tras el brutal impacto con la crisis. Dos hombres de provincias, atrevidos y dispuestos a sortear con astucia las murallas del poder capitalino. Zapatero se entrenó en el campo de maniobras del PSOE leonés y pasó catorce años de diputado raso en el Congreso, hablando poco y escuchando mucho.

José Sócrates Carvalho Pinto de Sousa, originario de Covilhã, antigua ciudad textil de la región central de Beira Interior, se forjó en la política local, militando primero en las juventudes del Partido Social Demócrata, formación de centro derecha a la que pertenecía su padre. Como aparejador municipal de Covilhã fue un desastre. Estuvo a punto de ser sancionado dos veces por negligencia. En las estructuras de la política se movía mejor. Gran instinto mediático. Su primera intervención parlamentaria, en 1991, estuvo dedicada a defender la legalización del nudismo. Hizo carrera al lado del primer ministro António Guterres, exponente del ala moderada del PS. Conquistó la secretaría general, contrariando a la influyente familia Soares. Venció las elecciones del 2005, revalidando en 2009. Simpático, atrevido e inmune a las denuncias –fue investigado tres veces–, parecía nacido para surfear las alegres olas de principios de siglo. La euforia del euro en Iberia, los bajos tipos de interés y una auténtica avalancha de inversiones españolas.

Portugal apenas tuvo burbuja inmobiliaria, pero dependía demasiado de la turbo-economía española. Cuando esta desaceleró bruscamente, el estado mayor de Lisboa no logró compensar el golpe con los intercambios comerciales con Angola y Brasil. La crisis de la deuda les embistió de frente y en mayo del 2011, Sócrates se veía obligado a pedir la ayuda del Fondo Monetario Internacional y de la Unión Europea. Llegaban los ‘hombres de negro’. Intervención, dimisión y victoria del partido opositor, el PSD, en el que había militado de joven. Tres meses después, Zapatero improvisaba la reforma exprés de la Constitución española, para escabullirse del lazo corredizo del Banco Central Europeo y poder convocar elecciones anticipadas sin una mayor debacle social.

Zapatero, un hombre honrado pese a las críticas que puedan hacerse de su gestión, ha gestionado su retirada con prudencia. Habla lo justo y mariposea poco por Madrid. Sigue conspirando, siempre entre bambalinas.

Sócrates marchó a París –su caro apartamento en la capital de Francia parece ser uno de los detonantes de la detención–, regresando con un puesto directivo en una empresa privada y un púlpito muy codiciado en Portugal: comentarista político los domingos por la noche en TP1. Voz pública en directa competencia con el gran líder de audiencia, Marcelo Rebelo de Sousa, ex ministro conservador y comentarista estrella del canal privado TPI.

En Portugal se estilan poco las tertulias a la hispánica manera. Tienen su propio fenómeno: el solitario comentarista, periodista, o político de antigua resonancia. El ex primer ministro socialista consiguió subir al púlpito. Señal inequívoca de que volvía a ocupar un lugar relevante en la ciudadela del poder.

La detención del comentarista Sócrates ha causado gran sensación en un país muy golpeado por la crisis, cuyo sistema político está demostrando, sin embargo, una eficaz suspensión hidráulica. Ocurren cosas muy significativas en Portugal. El movimiento de los jóvenes europeos indignados, por ejemplo, nació en Lisboa con una gran manifestación de la ‘geração a rasca’ (generación precaria), convocada por internet en marzo del 2011, dos meses antes del famoso 15-M español.

El primer gran gesto de protesta de la juventud golpeada por la crisis fue lisboeta, pero no ha surgido un Podemos portugués. Posiblemente la emigración masiva haya contribuido a ello. La emigración y los amortiguadores de la República, renacida en Abril de 1974. Llamo por teléfono a mi amigo Gabriel Magalhães, vecino de Covilhã, y me resume la situación de la siguiente manera: «Quizá no tenemos un Podemos porque el nervio institucional portugués, pese a todo, sigue vivo».

Enric Juliana

El Análisis

La caída de Sócrates: Corrupción y temblores en la política portuguesa

JF Lamata
El arresto de José Sócrates Carvalho Pinto de Sousa, ex primer ministro de Portugal (2005-2011), el 21 de noviembre de 2014, acusado de corrupción, blanqueo de capitales y fraude fiscal, ha sacudido los cimientos de la democracia portuguesa. Detenido en el aeropuerto de Lisboa al regresar de París, Sócrates, figura clave del Partido Socialista (PS), enfrenta cargos derivados de la Operación Marqués, que investiga un esquema de millones de euros presuntamente canalizados a través de un amigo cercano para financiar un estilo de vida lujoso en París tras dejar el gobierno. Este escándalo, que convierte a Sócrates en el primer ex primer ministro portugués encarcelado, llega en un momento delicado: con un presidente (Aníbal Cavaco Silva) y un primer ministro (Pedro Passos Coelho) del Partido Social Demócrata (PSD), el caso amenaza con reconfigurar el mapa político, alimentando el descrédito hacia la clase política y fortaleciendo a las fuerzas antisistema en un país aún marcado por la crisis económica.
Los cargos contra Sócrates se centran en sospechas de que, durante su mandato, habría recibido sobornos vinculados a figuras del colapsado banco Espírito Santo y Portugal Telecom, además de irregularidades en proyectos como el centro comercial Freeport y la Universidad Independente. La fiscalía apunta a que un amigo suyo manejaba millones de euros en cuentas offshore para su beneficio, sin registros que justifiquen los fondos como préstamos, como él alega. Estas acusaciones, aunque aún en investigación, pintan un cuadro de abuso de poder que contrasta con la imagen de Sócrates como líder socialista carismático que llevó al PS a una mayoría absoluta en 2005. Su detención, tras un mandato marcado por la crisis financiera y un rescate de 78 mil millones de euros del FMI y la UE en 2011, reaviva el resentimiento de una población que sufrió medidas de austeridad mientras, según los fiscales, Sócrates vivía en el lujo. Su encarcelamiento en Évora, pendiente de juicio, no solo mancha su legado, sino que plantea preguntas sobre la integridad del sistema político portugués.

Las consecuencias políticas son profundas. En 2014, el PSD de Passos Coelho gobierna en coalición con el CDS, implementando recortes impopulares para cumplir con las exigencias del rescate. La detención de Sócrates, aunque un golpe para el PS, le ofrece al partido una oportunidad para distanciarse de su exlíder, quien renunciará al PS en 2018. Sin embargo, el escándalo refuerza la narrativa de corrupción sistémica, alimentando el descontento popular y el ascenso de fuerzas populistas como Chega, que surgirá años después explotando el hartazgo con la élite política. La relación tensa entre el PS y el gobierno del PSD se agudiza, con los socialistas, liderados ahora por António Costa, luchando por recuperar credibilidad antes de las elecciones de 2015. Mientras Cavaco Silva, como presidente, mantiene una postura neutral, el caso Sócrates pone a prueba la confianza en las instituciones democráticas. En este noviembre de 2014, Portugal no solo encarcela a un ex primer ministro; enfrenta el desafío de reconstruir la fe en su democracia, en un momento en que la austeridad y la indignación ciudadana amenazan con redefinir su futuro político.

J. F. Lamata